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jueves, 8 de julio de 2010

El valor de las cosas

Es el título de un artículo de Francisco José Martín del que copio un fragmento que me resulta muy gratificante:
“¿Cuánto vale la brisa que mece los árboles al calar la tarde, una hoja que cae sobre la hierba mojada, un perfume olvidado ganado en el azar que dobla una esquina? ¿Cuánto la emoción de un día de lluvia y cuánto aún la ventana que se abre para recibir al sol de la mañana? ¿Cuánto valen, en verdad, las cosas? ¿Cuál es el valor efectivo de su genuina consistencia, de su verdad, es decir, del bien que albergan y de la belleza que donan, sin fingimientos de mercado ni sobreañadidos especulativos?”

He querido compartirlo con todos los lectores como canto a la esperanza. Para disfrutar de las pequeñas cosas sólo hay que tener abiertos, y quizá educados, los sentidos. Cuantas preguntas. Llenaría toda la blancura de preguntas. ¿Quién dice que algo no existe? Sin ir más lejos, en el atardecer, junto al río, he visto a esos seres húmedos y grises, acaso conciencias.

2 comentarios:

  1. Ah si, la conciencia. Es esa cosa que no te impide pecar, pero si disfrutar plenamente del pecado.

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  2. Que hermoso. Yo pienso que no tiene precio. Esas cosas tan maravillosas son impagables.

    Saludos

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