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lunes, 12 de julio de 2010

Escribir

Escribir en un blog tiene mucho de mensaje en una botella o de sonda espacial. Escribimos y lo enviamos al océano o al espacio de la red, a un destinatario sin nombre, ni rostro, y la incógnita parece acrecentarse aún más ante el infinito potencial de “ojos” diferentes que pueden descifrarlo: los ojos de un espacio del que nada sabemos; que pueden escrutarnos o dejar pasar nuestro mensaje y abandonarlo al frío de las nebulosas.
Al hilo de estos pensamientos recuerdo lo que escribió Lichtenberg en uno de sus cuadernos: “Autobiografía: no olvidar que una vez escribí la pregunta: ¿qué es la aurora boreal?, la deposité en el granero de Graupner con esta dirección: ‘A un ángel’, y lleno de timidez volví a la mañana siguiente en busca de mi recado. ¡Oh, si hubiera habido un bromista que lo contestara!”.
Con esta esperanza nacen también nuestras palabras y aunque su destino sea invisible, ellas no dejan de volar.

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