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martes, 6 de julio de 2010

Leer y disfrutar

Hay libros que empiezo y no termino. Antes me sentía un poco culpable pero cuando el tiempo se acorta uno ha de variar las exigencias, es decir, ser más exigente con los autores, o sus obras, y menos consigo mismo, y ahora soy (quizá siempre lo he sido) un lector caprichoso, así los tomo prestados de la biblioteca de tres en tres y picoteo antes de decidirme por uno. O leo y releo críticas y opiniones sobre un libro antes de comprarlo (exhaustiva selección con la que también disfruto). Pero ése rara vez me defrauda. Todo esto me lo sugiere la lectura del artículo El sultán en su harén del crítico José Luis García Martín que apunta:
“...cuando me doy una vuelta por alguna librería, me siento como un exigente, exquisito emperador. Tanta gente trabajando día y noche, tanta gente soñando, editando, arriesgando su dinero solo para que yo pueda pasearme, como el sultán en su harén, entre las mesas de novedades”.

1 comentario:

  1. Coincido contigo Pitt. Uno de los mayores placeres es curiosear una librería. Tomar los libros, leer la sinopsis, elegir...

    Sin embargo mi sensación la describiría como sobrecogido y maravillado ante tanta abundancia, tanta riqueza. Vamos, como el Conde de Montecristo cuando encuentra el tesoro.

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