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domingo, 22 de agosto de 2010

Bienvenida Luissiana Naranjo

Como homenaje de bienvenida a Luissiana Naranjo, a la que le gustan los epitafios, sólo comentar que la anterior entrada se trataban más bien de las palabras que dijeron determinadas personas al morir más que las que pusieron sobre su tumba, pero si es tu gusto también podemos hablar de epitafios (si nos visitas verás que este blog tiene como cualidad no tener cualidad alguna concreta y que para todo valemos y para nada aprovechamos), de hecho es casi un género literario que proviene de estelas funerarias y de fragmentos literarios antiguos, como estos:

"Llora mi amargo destino, caminante"

Otro: "Amado por muchos, lo habría sido por más"

Como dice Pérez-Reverte, pone al filo de la emoción ese sencillo elogio fúnebre de un hoplita muerto en la llanura de Curo el año 281 a.C.: "Yo no retrocedí ante el ataque de los enemigos. Era un soldado de infantería".
Otra magnífica inscripción está en el museo arqueológico de Córdoba y se trata de una estela funeraria de un gladiador del siglo I muerto en su séptimo combate: "Actio, galdiador. Venció seis veces. Tenía veintiún años. Aquí está enterrado. Que la tierra te sea ligera".
Los epitafios dedicados a jóvenes y niños muertos en su edad primera son conmovedores:
"Te admiraban mortales y dioses , pero una envidiosa divinidad se apoderó de tí"
Aunque ninguna tan hermosa y triste como la de una recién nacida:
"La mayor parte de mi vida la pasé en el vientre de mi madre".

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