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sábado, 28 de agosto de 2010

Externalidades

Si decido adquirir y consumir una botella de vino, en principio, no estoy causando daño a los demás, o es pequeño en comparación con otros.  Ni el cultivo de la vid, ni la conversión de la uva en vino, ni el embotellado,  ni la necesaria distribución del producto, son actividades que podamos calificar de altamente contaminantes.  Podríamos llegar a decir que lo que pago por la botella de vino, es una retribución relativamente justa a todos los que han intervenido en el proceso (En el caso de la distribución opino que no es así, pero como ejemplo, me vale).  

Otra cuestión es si decido comprar gasolina y viajar en coche.  Aquí nos encontramos con problemas de contaminación ambiental, tanto en la extracción, en el refino y en el consumo, así como riesgos en el transporte, ya que la mercancía es peligrosa.  Al poner nuestro coche en marcha, estamos perjudicando a mucha gente de diversas maneras, tanto por la contaminación, como por la pérdida de calidad de vida que supone el incremento del tráfico y muchos de los efectos colaterales que produce (atascos, etc.), no están incluidos en el precio.  En este caso se suele decir que se está produciendo una externalidad, por parte de toda o parte de la cadena de valor del producto, incluido el conductor.

Una forma de intentar lidiar con las externalidades, suele ser mediante impuestos.  Así, en los países europeos, los carburantes están fuertemente gravados.  Existen otras maneras, como la adoptada por el Ayuntamiento de Zaragoza (saludos a Pitt Tristán y a Antonio Saz), como llenar la ciudad de carriles bici, construir un tranvía y un llamado parking disuasorio.  En los USA, para lidiar con el problema de la lluvia ácida, decidieron gravar la emisión de dióxido de azufre.  Fué una experiencia exitosa, ya que a las empresas les resultaba más barato modificar su tecnología productiva que pagar por las emisiones.  Otra forma es directamente prohibir o evitar determinadas conductas (cerrar calles al tráfico, etc.).

Muchas de las externalidades, producen corrupción, ya que como quien extrae o produce una determinada mercancía no tiene que pagar por los daños, está muy interesado en hacerlo, de modo que llegado el caso, está dispuesto a pagar a los políticos para que la legislacion del país proteja sus actividades.  Sin ir más lejos, la contaminación por el vertido de crudo de Nueva Orleans, es risible comparados con los vertidos que hay en Nigeria.  Sin embargo, los vertidos de Nigeria no son noticia.  Por cierto, saludos a Frank Rufino, ya que la entrada de su blog, relativa a la explotación de una mina de oro en Costa Rica, me ha hecho decidirme a escribir estas líneas.

Sin embargo, las cosas muchas veces no son lo que parecen, o ni siquiera hay información suficiente para valorarlas.  Tomo un ejemplo del libro "El economista camuflado" de Tim Harford: ¿Qué es más contaminante la producción y desecho de pañales o el uso de gasas y el lavado de las mismas con detergentes?.  Ojo, que nos podemos encontrar con sorpresas (no sé si en este caso, pero podría ser).

Para terminar de liar todo, además tenemos la demagogia y el márketing.  Por ejemplo: Imagínate una empresa que presume de no emitir dióxido de carbono, pero que emite sustancias mucho más contaminantes. 

También, a veces el remedio es peor que la enfermedad:  Si se ponen tasas para que quien contamina pague por ello y las mismas no son disuasorias, entonces estamos legalizando contaminar a precios asequibles, desincentivando modificar la producción, en muchos casos liberando de responsabilidad civil al que contamina y proporcionando también de este modo un mecanismo legal de corrupción política.

En fin, es un tema jodido.  Además en este caso, el malo también es usted.






1 comentario:

  1. Interesante artículo, haces que uno se sienta culpable :(
    Pero claro, las cosas son así... recuerdo haber tenido largas discusiones sobre el coche eléctrico y las ideas "conspiranoides"... Bueno, un saludin.

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