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martes, 10 de agosto de 2010

Un cuento de Pitt Tristan

Dice Yolanda Quiralte que no la leo, y yo me mosqueo enseguida. Y el mosqueo me motiva. Me impulsa a hacer gansadas. Yolanda, te voy a demostrar que leo a Mauro, y a sus cosas. ¡Que bueno!
Voy a intentar escribir un microcuento inspirado en tu personaje, como un modesto homenaje, no un plagio. Dejaré sentado, aunque tras su lectura será evidente, que la escritora eres tú, y muy buena, y no yo; el intento es sólo una “gracia” para seguir divirtiéndonos (para las cosas serias e intelectuales ya está Pepe Deapié en este blog). Decir también que he querido imitar un poco a Mauro, pero mi personaje, como suele ocurrir, en un momento de la historia ha tomado las riendas y ...(recomiendo leerlo hasta el final). Allá va:

Esta mañana me he levantado contenta. Otros días me levanto cachonda y otros de una mala leche como si ya hubiera pasado todo el día rodeada de gente. Nada más echar el pie al suelo me he fumado un cigarrillo. Sin complejos. Sin traumas. Que les den a los carteles de la OMS y al cambio climático, que me mate el tabaco por elección en vez de la naturaleza, esa borde, que va a su rollo, por obligación. O el destino. Me levanto pletórica, con las tetas en su sitio, me miro al espejo ¡qué guapa eres! Los pelos como en esas recreaciones que sales tú y el mamut, pero ¡cuánto vales, nena! y es que la autoestima eso es lo que tiene. Llevo una semana de las buenas. El martes visité la feria, una atracción de autómatas, como aquellos que encandilaban a Flaubert, “El carromato de No Sé Qué” y ligué con el feriante, le pregunté-animé: ¿vamos a emborracharnos juntos? Eso lo entienden todos los tíos, piensan: bueno nos tomamos unas copas, y luego si hay suerte lo que caiga pero las copas ya nos las hemos tomado. Total que resultó un tío muy majo, eso sí un poco raro, porque estuvimos hablando de rollos culturales, algo de ciencia, sobre la física de las atracciones de feria y sobre los autómatas a lo largo de la historia que, por cierto, se quedó allá por principios del XIX en donde, merced a la ingesta alcohólica, cayó rendido a mis pies. Lo malo es que fue literal. El que mi padre tuviera viñas e hiciera vino en casa, y que este vino fuera malísimo, hacía que nos lo bebiéramos casi todo nosotros y, desde bien pequeños, recién destetados, ya nos daban pan mojado en vino y rociado con azúcar, así que a resultas de esta inmunización alcohólica he conocido pocos tíos que aguanten más que yo; hubo uno pero murió de cerrosis, le cayó un rayo estando en un cerro, quiero decir. Nos fuimos a casa pero el tío seguía medio grogui y si algo da una idea de la torpeza extrema es un tío borracho. Pase por que se le olvide tu nombre, pase por que te llame con el nombre de otra, pero ¡so gilipollas! ¡que el clítoris lo tengo donde todas! Esa noche nada, bueno peor que nada, porque ya te has hecho ilusiones, pero al día siguiente vinieron las disculpas, unas flores (ya he dicho que era un poco raro), como un cordero, como un cordero al matadero. Y yo una loba. Estuvo majo, cariñoso, dulce y sin prisas. Me hizo, entre otras virguerías, unas botas de saliva a mi medida, desde el pie a la ingle y un poco más. Todo aquello tuvo para mí el sabor de un guiño. No creo que dure, porque llevaba una marca en el dedo como si fuera un pajarraco de esos en peligro de extinción al que acaban de desanillar. Es lo que tiene agosto. Casi mejor. Mejor. Que luego pasa lo que pasa y una no está para esos trotes romanticones. He pasado una semana cojonuda pero estoy mejor con la mileurista como yo con la que comparto piso, aunque es un poco guarra, a veces me dan ganas de mandarla a tomar por culo pero se me pasan cuando me acuerdo que el piso y los muebles son suyos. Maldita memoria. No me gusta la memoria. Si pudiera me la arrancaba de cuajo porque, muchas veces, demasiadas veces recuerdo que mi vida no siempre fue así. Hace muchos años conocí a un chico, tuvimos un amor acendrado e insome y fuimos muy jóvenes y muy felices. Tuvimos un hijo. Siempre íbamos los tres de la mano. A todos los sitios. Tenía cinco añitos cuando murió ahogado. En un pantano. Un fin de semana. Ya no he tenido más fines de semana, y odio los pantanos. Recuerdo que me dejaron poner una estela junto a la orilla: “Entre lamentos, mi madre colocó esta lápida en mi recuerdo”. Aquello en vez de unirnos y hacernos más fuertes nos fue apagando y todo acabó. Pero hoy aún palpita en mí el rescoldo de un amor abrasado por la sed de la muerte. Me enciendo otro cigarrillo. Sin complejos. Sin traumas. Que les den... Pero ahora, ahora ya no estoy contenta.

8 comentarios:

  1. Jaja. A ver si vas a acabar de inventar el chick-lit made in Spain. Muy bueno.

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  2. Gracias Amaya, me ha pasado con el chick lit como aquel antiguo cuento del burgués geltilhombre de Moliere, que enterado de la diferencia entre prosa y verso, respondió aquello de: toda la vida hablando en prosa y yo sin saberlo.
    Si recibo otro apoyo me dedico a la literatura romántica en mi tiempo libre:

    Sarah le dijo a su mejor amiga.
    -Siempre le escribo correos cortos y desenfadados, no quiero que se sienta culpable diciéndole lo desesperada que estoy por no tener noticias suyas.
    -Sarah no te preocupes más, ponte ese vestido camisero Doris Day de popelín amarillo y los leotardos negros con corazones azules en punta y vámonos a la calle...(continuará)

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  3. Joder Pitt, está muy bien el cuento. Eres un crack. Ya sabía que hice bien en asociarme contigo en esto del blog.

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  4. Jajajajajaja que me caigo de culo de la risaaaaa. Ahhh Pitt!!! Me encantas. Jajaj. Lo de que no me leías era por el psot que dejaste en mi blog, eso de que habías aprendido y tal de algún amiguete de mi blogg. Es un placer leerte y tenerte por aquí. Gracias.

    Por cierto Amaya, el chick lit español, sin denigrar a Pitt, of course, ya existe: Megan Maxwell es la reina. Besos

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  5. Muy bueno. Podrías dedicarte al chick-lit.

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  6. No, si me refería a lo de made in Spain por el tono bestia. Saludos.

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  7. Ahora mismo estoy alucinando pepinos... jajajajajaja ¡Yolanda, has creado un monstruo!

    Creo que ya tenemos un Mauro y una... ¿Maura?
    Estos dos deben conocerse, juassssssssssss

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  8. Jajajajaja Chus, pensémoslo con calma... quién sabe??? Pitt, cuando quieras propiciamos el encuentroooo.

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