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viernes, 22 de octubre de 2010

El trabajo. Renard, 1904

Esta entrada no está tanto dedicada a Jules Renard como al trabajo, tal y como se entiende, por los empresarios, por los políticos, por los que manejan el poder, que con su permeabilidad mediática, dirigida y alienante, convencen a una sociedad de todas sus falacias sin encontrar oposición, ni en la intelectualidad ni, por supuesto en la masa trabajadora ni estudiantil; pero tampoco esta lacra es de ahora mismo, ni de este gobierno, ni de este Estado, ni siquiera culpa de la globalización ni del cambio climático. Pero, sigamos a Renard.

Tocar una frase era para Jules Renard (1864-1910) como tocar un arma de fuego. En su dietario (Mondadori, 1998, edición agotada), la claridad de estilo deja al descubierto un balance sin fin, cruel, casi despótico consigo mismo, de un cinismo con aroma a hierba recién cortada. Entre las primeras anotaciones, de 1897, y las últimas, de 1910, el diario de Jules Renard constituye uno de los logros más sugerentes de la literatura del último cambio de siglo:

“11 de marzo de 1904. Los moralistas que elogian el trabajo me recuerdan a esos papanatas que, engañados por el anuncio de una barraca de feria, intentan convencer a otros de que también entren”.

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, eso de que el trabajo dignifica al hombre es una patraña, a todos nos gustaría vivir del cuento, si es de hadas, mejor que mejor.

    Quizá estoy equivocada, pero claro, yo soy de las que viven del cuento, he de defender mi postura.

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  2. En la mitologia cristiana el trabajo es un castigo divino: "Ganarás el pan con el sudor de tu frente".

    Lo que estaría bien sería que tu trabajo fuese tu hobby. En ese caso cobras por disfrutar. Desgraciadamente la vida no es tan idílica.

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