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domingo, 21 de noviembre de 2010

Ética y virtud

Una de las mayores aspiraciones de la ética ha sido enseñar al individuo a llevar una vida virtuosa; donde virtud se entiende –claro está- no en un sentido moral restrictivo o regulativo. Como recuerda Martha C. Nussbaum, la virtud en un individuo éticamente constituido es la capacidad de sobrellevar los sufrimientos o de evitar incurrir en faltas que los agraven o que hagan sufrir a los demás. El grado máximo de compromiso al que puede aspirar un filósofo cuando emprende la –llamémosla así- “tarea” de una vida virtuosa, es la acción. Pero comprometerse activamente con los demás, luchar contra los sufrimientos propios y ajenos, por desgracia, ha sido interpretado muchas veces como compromiso político o como apostolado religioso. Y en el peor de los casos como militancia.
En la historia de la filosofía hubo un largo periodo en que la ética estuvo dedicada a investigar el impreciso contorno de la virtud y a paliar o evitar el sufrimiento humano sin incurrir en militancia o fanatismo. Fue durante el llamado helenismo, la época de predominio de las escuelas de epicúreos, estoicos, escépticos, cínicos y cirenaicos. Más que una doctrina del ser, piensa Nussbaum, las escuelas helenísticas entendían la filosofía como una educación individual para la vida virtuosa. En última instancia, como un sistema de reglas racionales para administrar las pasiones y las emociones y, por este medio, como una auténtica medicina del alma.

4 comentarios:

  1. Bienaventurados los virtuosos, esos que se apiadaran de nosotros, amorales, y nos harán el bien, puede que incluso nos acerquen a la virtud.

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  2. El problema no reside en esa ética que estudia ese comportamiento adecuado y al cual el ser humano se debe de "someter" para su propio bien y el de los demás. El problema es que vivimos en una jungla donde impera la ley del más fuerte, no del más virtuoso.

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  3. Muy bien Marikosan, porque hablar mucho de una virtud suele ser indicio de que se practica poco. Pero Marikosan ha sido en su juicio a los virtuosos más benévola que otra mujer, Gertrudis Gómez de Avellaneda que afirmaba: "La mayor virtud no compensa el defecto del talento".
    Anne, tienes razón, la vida de justa no tiene nada. De azarosa sí, y hasta de hermosa.

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  4. Se puede intentar, (aunque se muera en el intento) no triunfar en la vida, pero quedar en paz con uno mismo.

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