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sábado, 9 de abril de 2011

La epopeya de Gilgamesh y el Arca de Noé

Inspirado, en cierto modo, por una entrada en Las naves de Orión, he buscado en la epopeya de Gilgamesh, anterior a los textos del Génesis, el texto que la sitúa como predecesora de la historia del Arca de Noé.  Con la curiosidad de que el arca de la epopeya es ¡ un cubo !.  Os pongo unos fragmentos:

Orden de construir el barco:

Hombre de Suruppak, hijo de Ubar-Tutu, ¡Demuele (esta) casa, construye una nave! Renuncia a las posesiones, busea la vida. ¡Desiste de bienes (mundanales) y mantén el alma viva! A bordo de la nave lleva la simiente de todas las cosas vivas.El barco que construirás, Sus dimensiones habrá que medir. (30) Igual será su amplitud y su longitud. Como el Apsu lo techarás". Entendí y dije a Ea, mi señor: "[He aquí], mi señor, lo que así ordenaste Tendré a honra ejecutar.

Medidas del Arca:

Un acre (entero) era el espacio de su suelo, Diez docenas de codos la altura de cada pared, Diez docenas de codos cada borde del cuadrado puentel. Preparé los contornos (y) lo ensamblé. (60) Lo proveí de seis puentes, Dividiéndolo (así) en siete partes. El plano de su piso dividí en nueve partes. Clavé desaguaderos en él. Me procuré pértigas y acopié suministros

Comienza la lluvia:

Aquel que ordena la intranquilidad nocturna, envía una lluvia de tizón". Contemplé la apariencia del tiempo. El tiempo era espantoso de contemplar. Subí al barco y clavé la entrada

Fin del diluvio (aquí la paloma no vuelve con una rama de olivo, el monte Nisir es el monte Ararat - en lengua armenia -)

Seis días y [seis] noches Sopla el viento del diluvio, mientras la tormenta del sur barre la tierra. Al llegar al séptimo día, La tormenta del sur (transportadora) del diluvio amainó en la batalla,  Que había reñido como un ejército El mar se aquietó, la tempestad se apaciguó, el diluvio cesó.  Contemplé el tiempo: la calma se había establecido, Y toda la humanidad había vuelto a la arcilla. El paisaje era llano como un tejado chato. Abrí una escotilla y la luz hirió mi rostro.  Inclinándome muy bajo, sentéme y lloré, Deslizándose las lágrimas por mi cara. Miré en busca de la línea litoral en la extensión del mar: En cada catorce (regiones) Emergía una comarca (montañosa).  En el Monte Nisir el barco se detuvo.  El Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento, Un primer día, un segundo día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Un tercer día, un cuarto día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Un quinto y un sexto (día), el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, Impidiéndole el movimiento. Al llegar el séptimo día, Envié y solté una paloma. La paloma se fue, pero regresó; Puesto que no había descansadero visible, volvió. Entonces envié y solté una golondrina. La golondrina se fue, pero regresó; Puesto que no había descansadero visible, volvió. Después envié y solté un cuervo. El cuervo se fue y, viendo que las aguas habían disminuido, Come, se cierne, grazna y no regresa. Entonces dejé salir (todo) a los cuatro vientos

Curioso,¿no?

4 comentarios:

  1. Un día Dios dijo a Noé: “He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos. Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda en que haya espíritu de vida debajo del cielo” (Gén. VI: 13-17).

    Cierro los ojos,y parece que oigo un telediario antes de sentir la humedad en mis pies.
    Interesantísima entrada Pepe!

    Salu2

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  2. Es muy interesante Pepe, ademas es la primera narración escrita que conservamos,la primera en la historia del hombre.

    un saludo

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  3. Total, que nos creemos que un ser superior nos castiga porque nos portamos mal, desde el principio de los tiempos. A mi me hace pensar en cuántos años llevamos castigando nosotros a la madre naturalera para que la hagamos rugir de semejante manera.

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  4. Algo que sucedió y que la tradición transformó en una muestra de poder de unos seres superiores a los que temer y adorar.
    Alguien desde hace mucho saca beneficio de nuestro miedo y nuestra estupidez.

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