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martes, 17 de enero de 2012

Bitácoras abandonadas

Ayer estuve un rato navegando de forma más o menos aleatoria (con el gadget superior - Favicon, lo bautizaron -) y comprobé que hay un gran número de blogs abandonados.  La mayoría por los que pasé, quizá.  Por una parte me sorprendió y por otra me dio un poco de pena, pero inmediatamente deseché este sentimiento.  Todo tiene un final.  Además supongo que llegará un momento en que ya no tengas nada más que contar, o que ya no te apetezca, o cambien tus prioridades, asi que su creador los mantuvo mientras le hizo más feliz hacerlo que no.   

Cada cual tendrá sus motivaciones para mantener una bitácora, a mi me sirve como forma de ocio, como medio para compartir ideas, ocurrencias, aficiones, chorradas, etc.  Tal vez llegue el día en que ya no me haga feliz y lo deje, pero hoy no es ese día.  Hoy, en gran medida gracias a nuestros seguidores (muchas gracias chicos y chicas) y a la compañía de mi buen amigo Pitt, sigo ilusionado con El misántropo digital, como me figuro que os pasará a muchos de vosotros con vuestro blog.

5 comentarios:

  1. yo soy de esas de medio medio... la verdad es que ultimamente no hago muchas cosas... me tendré que poner las pilas

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  2. Y se esfuman, sin decir nada. Yo creo que avisar es un mínimo detalle de cortesía que merecen quienes tuvieron la amabilidad de leernos. Pero, cada cabeza es un mundo.

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  3. A menudo he tenido esa sensación cuando he visto esas bitácoras ya polvorientas por el abandono pero la conclusión final también es positiva. Mientras la tienes la vives y la disfrutas. Si llega el momento en que ya no es así, pues disfrutarás otra cosa. Nada es realmente trascendente, ni siquiera la vida y sin embargo vivimos. Carpe Diem. Vive el momento y de momento tu bitácora.

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  4. El secreto de casi todos los blog es el placer de compartir lo que te emociona, o divierte, o preocupa, en definitiva, la vida misma. Si sientes ese placer, sientes el blog.
    Triste puedo estar solo; para estar alegre necesito compañía.

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  5. Si, es un frontón ineludible y esperanzador. No discute, te escucha y hasta puede que acabe enamorándome de él.
    No dejes de escribir nunca, amigo.

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