Seguidores

viernes, 31 de agosto de 2012

Sobre el cambio


A veces los cambios van sucediendo y no los percibimos.  En determinado momento te da por pensar  ¿cómo es que estoy aquí?, porque te das cuenta de que has llegado lejos y apenas lo has percibido.
Eso me pasó hace poco con un chistecillo que hice sobre mi nuevo teléfono móvil, del que dije cuando estábamos de cachondeo: Hace fotos, graba vídeo, es calculadora, navego por Internet, chateo, es radio, reproductor de música y muchas cosas más.  ¡ Ah, si ! y encima sirve para llamar por teléfono.
Curioso que la presunta función principal, haya pasado a ser una entre tantas y como ha pasado de ser un teléfono a un miniordenador que además permite hablar por teléfono.  Y hasta ahora no había sido plenamente consciente de ello.  Es como lo de la rana (que por cierto no se si será verdad), que si la echas en agua hirviendo salta para salir, pero si la pones en el agua y la vas calentando poco a poco no lo percibe hasta que es demasiado tarde.

13 comentarios:

  1. Esa sensación nos pasa también con el trancurso de los años, un día te fijas en el espejo y te extrañas de ti mismo, :)
    Los cambios lentos no los percibimos.
    Besos, Pepe.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahí le has dado. Pufff, mejor no pienso en ello.
      Un saludo, ohma

      Eliminar
  2. Algunos no los percibimos, como las ranas que se cuecen en el agua porque no notan que va subiendo la temperatura.
    ohma lo ha definido muy bien.

    Cualquier día los móviles les ponen un escáner para escuchar ovnis.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy convencido de que existe alguna App para móvil que escucha ovnis. Con todas las que existen, seguro que a alguien ya se le había ocurrido. Por cierto, que voy a mirar a ver si la encuentro porque la veo ab-so-lu-ta-men-te imprescindible.

      Eliminar
  3. Es mucho peor darse cuenta e intentar advertir a los demás, es cuando te das cuenta de que eso de la libertad de expresión solo es real, mientras no tenemos forma de hacernos escuchar.

    De cualquier modo, la cámara, el fax, y los politonos, solo sirven para adiestrarnos más y para atontarnos más. Lo único que podría resultar útil en determinadas circunstancias es el teléfono en sí, pero como dices, se ha convertido en lo de menos.

    ResponderEliminar
  4. Y con esas situaciones en las que hace años hubieses dicho que no caerías o que no te veías y que ahora aceptas de un modo natural. O como envejecer poco a poco porque de golpe sería un trauma y no hay más que ver los palos que da ver a alguien después de años y contrastarlo con la imagen que teníamos de esa persona al dejarla. Los mejores cambios son esos, los paulatinos. Los giros bruscos nos suelen doler bastante, creo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo de las situaciones me ha pasado y no una, sino bastantes veces. Es que ayer es sin h y hoy es con hache, ergo, hay que ver como cambian las cosas de ayer a hoy.

      Eliminar
  5. Te entiendo... no con tu superhipermegamóvil, el mío es el abuelo de la calculadora... a mi me pasa con los niños... los muy condenados tienen la manía de crecer y cuando te das cuenta no te caben en brazos.
    (En cuanto a las ranas... todavía no he conocido a ninguna que se quede en la olla el tiempo suficiente para hacer el experimento)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si. También pasa con los niños. Yo tengo dos y si: crecer, crecen.

      Eliminar
  6. No había pensado nunca lo de la rana, pero me ha hecho pensar. Quizás a las personas nos pase lo mismo. Si viéramos de recién nacidos lo que nos esperaba a lo largo de la vida, tambíen nos lanzaríamos de cabeza fuera de la cuna.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mira, no lo había pensado así. Pero si. Mejor no verlo.

      Eliminar
  7. Me encantan esos momentos extraños en los que te quedas pensando sobre algo realmente rutinario como si de repente le hubieras encontrado un aspecto diferente que no habías sido capaz de apreciar hasta ese momento.

    A mi me pasa incluso pensando a veces en una palabra escuchada y pronunciada mil veces, que un día la escuchas o nombras y parece distinta, como recién nacida... que paranoias las mías.

    ResponderEliminar