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domingo, 12 de febrero de 2017

Un relato chick-lit, o casi.



En un comentario de la entrada anterior, Lectora me dice que le gusta cuando escribo algo más mío. La voy a complacer y le dedico este relato y perdonad por el atrevimiento, no de dedicárselo sino de publicarlo, jajajajaja.

Evocación


Esta mañana me he levantado contenta. Otros días me levanto cachonda y otros de una mala leche como si ya hubiera pasado todo el día rodeada de gente. Nada más echar el pie al suelo me he fumado un cigarrillo. Sin complejos. Sin traumas. Que les den a los carteles de la OMS y al cambio climático, que me mate el tabaco por elección en vez de la naturaleza -esa borde, que va a su rollo- por obligación. O el destino. Me levanto pletórica, con las tetas en su sitio, me miro al espejo ¡qué guapa eres! Los pelos como en esas recreaciones que sales tú y el mamut, pero ¡cuánto vales, nena! y es que la autoestima eso es lo que tiene. Llevo una semana de las buenas. El martes visité la feria, una atracción de autómatas, como aquellos que encandilaban a Flaubert, “El carromato de No Sé Qué” y ligué con el feriante, le pregunté-animé: ¿vamos a emborracharnos juntos? Eso lo entienden todos los tíos, piensan: bueno nos tomamos unas copas y luego, si hay suerte, lo que caiga pero las copas ya nos las hemos tomado. Total que resultó un tío muy majo, eso sí un poco raro, porque estuvimos hablando de rollos culturales, algo de ciencia, sobre la física de las atracciones de feria y sobre los autómatas a lo largo de la historia que, por cierto, se quedó allá por principios del XIX en donde, merced a la ingesta alcohólica, cayó rendido a mis pies. Lo malo es que fue literal. El que mi padre tuviera viñas e hiciera vino en casa, y que este vino fuera malísimo, hacía que nos lo bebiéramos casi todo nosotros y, desde bien pequeños, recién destetados, ya nos daban pan mojado en vino y rociado con azúcar, así que a resultas de esta inmunización alcohólica he conocido pocos tíos que aguanten más que yo; hubo uno pero murió de cerrosis, sí de cerrosis, le cayó un rayo estando en un cerro, quiero decir. Nos fuimos a casa pero el tío seguía medio grogui y si algo da una idea de la torpeza extrema es un tío borracho. Pase por que se le olvide tu nombre, pase por que te llame con el nombre de otra, pero ¡so gilipollas! ¡que el clítoris lo tengo donde todas! Esa noche nada, bueno peor que nada, porque ya te has hecho ilusiones, pero al día siguiente vinieron las disculpas, unas flores (ya he dicho que era un poco raro), como un cordero, como un cordero al matadero. Y yo una loba. Estuvo majo, cariñoso, dulce y sin prisas. Me hizo, entre otras virguerías, unas botas de saliva a mi medida, desde el pie a la ingle y un poco más. Todo aquello tuvo para mí el sabor de un guiño. No creo que dure, porque llevaba una marca en el dedo como si fuera un pajarraco de esos en peligro de extinción al que acaban de desanillar. Es lo que tiene agosto. Casi mejor. Mejor. Que luego pasa lo que pasa y una no está para esos trotes romanticones. He pasado una semana cojonuda pero estoy mejor con la mileurista como yo con la que comparto piso, aunque es un poco guarra, a veces me dan ganas de mandarla a tomar por culo pero se me pasan cuando me acuerdo que el piso y los muebles son suyos. Maldita memoria. No me gusta la memoria. Si pudiera me la arrancaba de cuajo porque, muchas veces, demasiadas veces recuerdo que mi vida no siempre fue así. Hace algunos años conocí a un chico, tuvimos un amor acendrado e insome y fuimos muy jóvenes y muy felices. Tuvimos un hijo. Siempre íbamos los tres de la mano. A todos los sitios. Tenía cinco añitos cuando murió ahogado. En un pantano. Un fin de semana. Ya no he tenido más fines de semana, y odio los pantanos. Recuerdo que me dejaron poner una estela junto a la orilla: “Entre lamentos, mi madre colocó esta lápida en mi recuerdo”. Aquella tragedia en vez de unirnos y hacernos más fuertes nos fue apagando y todo acabó. Pero hoy aún palpita en mí el rescoldo de un amor abrasado por la sed de la muerte. Me enciendo otro cigarrillo. Sin complejos. Sin traumas. Que les den... Pero ahora, ahora, ya no estoy contenta.

24 comentarios:

  1. Caramba...pues le has hecho un escrito magnífico aunque como no la conozco no sé si se sentirá identificada...
    Besos.

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    1. No se trata de eso, jajajaja no está referido a ella, que no conozco sino de leer su blog y ser una seguidora. Es pura ficción.
      Gracias.
      Besos.

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    2. No se trata de eso, jajajaja no está referido a ella, que no conozco sino de leer su blog y ser una seguidora. Es pura ficción.
      Gracias.
      Besos.

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  2. Hay que dar las gracias a Lectora :)
    Y además opino como ella, aunque siempre es un placer leerte, aún más cuando es un escrito tuyo.

    Me ha gustado el relato y sobre todo ese giro final, sorpresivo pero cierra perfectamente el relato.

    Para escribir no hay que saber (si te vas a dedicar profesionalmente, quizá sí) hay que tener ganas, corazón y poca vergüenza, jajajaj

    Un beso

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    1. Es que soy un gran escritor aunque siempre me tomáis a chufla, jajajajaja.
      De ganas, soy de pereza,
      de corazón, de corazón te lo digo
      y de poca vergüenza
      has de ser tú en decirlo.

      Gracias por tus amables palabras y un beso acalorado.

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  3. cerrosis atópica...que el día estaba sin nubes

    estas mujeres de armas tomar son las que valen la pena conocer. Y sucumbir a ellas

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    1. Lo malo de esas mujeres es que piensan: no es darle donde le duela, es darle donde más le gusta...para que cuando no se lo des...¡le duela!

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  4. Te contesté en jepacal@yahoo.es. Lo usas?

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    1. ¡Esto si que es una sorpresa! Por si alguien no lo sabe Borja F. Caamaño es un galardonado dramaturgo, editor, y escritor, escritor de verdad quiero decir, y leer estas palabras suyas ha sido un gran honor para mí.
      Muchísimas gracias señor Caamaño, yo no soy ni de lejos escritor pero admiro a quien lo hace; si como dijera María Negroni, "escribir es como abrazar un cuerpo que no se ve", también es una sensación que alcanza al lector.
      Saludos.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Bastante feliz, independientemente de San Valentín, jajajajaja.

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  7. Pues francamente…hazlo más a menudo!! Publicar textos así, digo… Me encantan esas pinceladas cínicas, tanto, que son puras y duras…como la vida misma… Y el de la “cerrosis” qué puedo decirte…jajaja…que me ha encantado, todo tododito… ;-)

    Un verdadero placer, mi querido Pitt

    Muacksss!!!

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    1. Jajajajaja, gracias Ginebra, pero es que siempre eres muy condescendiente y amable conmigo, pero, ya sabes, si te ha divertido y entretenido, eso es lo importante, lo peor es aburrir.
      Mil besos.

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  8. Genial! y te digo, la primera parte es una lección de cómo se debe empezar el día, incluso el cigarro. que le den,jejejeje
    Muy bueno.

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    1. Gracias, Tracy, sé que eres sincera porque eres una persona íntegra. Es un comentario que me anima y agradezco profundamente.

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  9. ¡Sorprendida y encantada! Gran idea la de tu lectora y ni qué decir de tu "obediente" ejecución.
    La verdad es que al texto no le falta de nada, es divertido, dinámico, enérgico y dramático, y aunque no te conozco, me atrevo a decir que muy tuyo.
    Te has lucido compañero. Un placer leerte.
    Besos!!

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    1. Pues parece que sí me conozcas porque tienes razón que es muy mío, jajajaja.
      Estoy tan agradecido por tus palabras que en la próxima entrada te dedico mi modesto homenaje.
      Besos.

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    2. Me quedo a la espera, siempre con una sonrisa agradecida...

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  10. Tu protagonista es toda una super woman, nada le coarta su forma de actuar.
    El texto está lleno de ritmo,se lee de un tirón y al final acabas cansado al mezclarte con la apasionada vida de la protagonista.
    Un saludo
    Puri

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    1. Muchas gracias, Puri. Un comentario de lo más alentador.
      Un saludo.

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