Me animan tanto todos los comentarios amigos, nuestros seguidores, nuestros dimes y diretes, que éste es el momento en que siento que el blog ha tomado vida propia. No es nuestro ingenio, si lo hay, el que se adueña de las páginas, es vuestro ingenio, vuestro ingenio de lectores, dicen que la belleza nace siempre de un encuentro, que no existe si no hay una mirada capaz de captarla. Si estas hojas virtuales significan algo, vosotros sois el significado. Nunca hubiera creído en este resultado, más bien pensaba en amontonar unos cuantos apuntes que sólo a Pepe y a mí nos hicieran gracia. Pero ahí estáis vosotros y vosotras, el número no importa, como esas serpentinas que se lanzan en los pueblos cuando están en fiestas.
Por favor, seguid con nosotros de manera activa. Se puede decir todo porque no hay necesidad de decir nada en especial. Cuanto dice el ingenioso es ampliamente arbitrario. Su gran aspiración es no repetirse, y este criterio permite un interminable volver a empezar, como empieza septiembre.
Tenéis vuestros blogs para los asuntos serios, para vuestros textos, para vuestra poesía, para admirar la creación de vuestras plumas y donde dirigirnos para alimentar nuestras almas, y tenéis este blog (también vuestro blog) para jugar con la inteligencia, libremente, con fruición, prescindiendo de normas y finalidades, con una inteligencia insumisa e incansable. En una palabra, comportándose ingeniosamente. Que sea pues este juego una actividad placentera, autosuficiente, y por lo tanto inagotable.
Absolutamente dedicado a todos vosotros de un misántropo arrepentido (hoy, mañana no aseguro nada).
Seguidores
martes, 31 de agosto de 2010
domingo, 29 de agosto de 2010
La muerte: conversaciones
Emily Dickinson
(versión de Irene Gruss)
Morí por la Belleza, pero apenas
acomodada en la Tumba,
Uno que murió por la Verdad yacía
En un cuarto contiguo-
Me preguntó en voz baja por qué morí.
-Por la Belleza -repliqué-
-Y yo -por la Verdad- Las dos son una-
Somos Hermanos -dijo-
Y así, como Parientes, reunidos una Noche-
Hablamos de un cuarto a otro-
hasta que el Musgo alcanzó nuestros labios-
y cubrió -nuestros nombres-
(versión de Irene Gruss)
Morí por la Belleza, pero apenas
acomodada en la Tumba,
Uno que murió por la Verdad yacía
En un cuarto contiguo-
Me preguntó en voz baja por qué morí.
-Por la Belleza -repliqué-
-Y yo -por la Verdad- Las dos son una-
Somos Hermanos -dijo-
Y así, como Parientes, reunidos una Noche-
Hablamos de un cuarto a otro-
hasta que el Musgo alcanzó nuestros labios-
y cubrió -nuestros nombres-
miércoles, 25 de agosto de 2010
Entrada recomendada del blog de Antonio Saz (artista, creativo, intelectual)
En Zaragoza se construye en estos momentos (comenzará su funcionamiento a mediados del 2011 en su primera parte) una línea de tranvía que cruzará la ciudad de norte a sur. Como todas las obras de envergadura, que a nadie dejan indiferentes, tiene detractores y defensores, además se politiza, como no. Si a esto le unimos la idiosincrasia del pueblo aragonés en general y zaragozano en particular (quiero recordar a los foráneos que, por ejemplo, aquí para decir NO, se dice SI, POR LOS COJONES):
- Empleado: Jefe, me podría dar permiso este viernes para ir a la playa.
- Jefe: Si, por los cojones.
El debate del tranvía está servido. En cuanto al parquin alternativo, bueno pues un parquin en las afueras para coger el tranvía y no entrar a la ciudad con el coche y bla, bla bla...
Todo esto para ubicaros, entrad en el blog de Antonio http://antoniosaz.blogspot.com/ y disfrutad con el video en la entrada del 23 de agosto "Dissuasive Parking in Saragossa", por favor, ya me contareis.
- Empleado: Jefe, me podría dar permiso este viernes para ir a la playa.
- Jefe: Si, por los cojones.
El debate del tranvía está servido. En cuanto al parquin alternativo, bueno pues un parquin en las afueras para coger el tranvía y no entrar a la ciudad con el coche y bla, bla bla...
Todo esto para ubicaros, entrad en el blog de Antonio http://antoniosaz.blogspot.com/ y disfrutad con el video en la entrada del 23 de agosto "Dissuasive Parking in Saragossa", por favor, ya me contareis.
martes, 24 de agosto de 2010
La muerte: El niño que quería matarse
Una historia africana cuenta lo siguiente.
Un día un niño se levantó diciendo que quería matarse. Se fue de casa, caminó, caminó, caminó y llegó ante un baobab, al que le dijo:
- ¡Cae encima de mí, joven baobab! ¡Cae encima de mí!
Pero un pájaro cercano se puso a cantar:
-¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño ahuyentó al pájaro lo más lejos que pudo y volvió a dirigirse al baobab, pidiéndole que se le cayera encima. Pero el pájaro regresó a todo vuelo y volvió a cantar:
-¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño, abrumado, mató al pájaro y volvió a rogar al árbol su muerte. Pero el cadáver del pájaro, tirado allí, al pie del árbol, volvió a gritar:
¡Mentira, mentira!
Entonces el niño quemó el cuerpo del pájaro y le volvió a pedir al baobab que le cayese encima y lo matase.
Pero las cenizas del pájaro seguían gritando “mentira”.
Entonces el niño recogió las cenizas del pájaro que había matado y fue a tirarlas al río, sin darse cuenta que un pellizquito de cenizas había caído bajo un matorral. Volvió y se sentó bajo el baobab y le suplicó que le cayese encima y lo aplastase.
Pero el pellizco de cenizas, traídas por el viento, hicieron oír una voz que decía:
- ¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño recogió con cuidado las cenizas y se fue al río a tirarlas. Entonces regresó a los pies del árbol y le pidió que se le cayese encima.
Aquella vez no se oyó ninguna voz.
Entonces el baobab se inclinó, cayó y aplastó la cabeza del niño.
Si aquel día el niño no hubiese matado al pájaro, hoy, cada vez que un ser humano decidiese acabar con su vida, allí estaría un pájaro para impedírselo.
Un día un niño se levantó diciendo que quería matarse. Se fue de casa, caminó, caminó, caminó y llegó ante un baobab, al que le dijo:
- ¡Cae encima de mí, joven baobab! ¡Cae encima de mí!
Pero un pájaro cercano se puso a cantar:
-¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño ahuyentó al pájaro lo más lejos que pudo y volvió a dirigirse al baobab, pidiéndole que se le cayera encima. Pero el pájaro regresó a todo vuelo y volvió a cantar:
-¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño, abrumado, mató al pájaro y volvió a rogar al árbol su muerte. Pero el cadáver del pájaro, tirado allí, al pie del árbol, volvió a gritar:
¡Mentira, mentira!
Entonces el niño quemó el cuerpo del pájaro y le volvió a pedir al baobab que le cayese encima y lo matase.
Pero las cenizas del pájaro seguían gritando “mentira”.
Entonces el niño recogió las cenizas del pájaro que había matado y fue a tirarlas al río, sin darse cuenta que un pellizquito de cenizas había caído bajo un matorral. Volvió y se sentó bajo el baobab y le suplicó que le cayese encima y lo aplastase.
Pero el pellizco de cenizas, traídas por el viento, hicieron oír una voz que decía:
- ¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño recogió con cuidado las cenizas y se fue al río a tirarlas. Entonces regresó a los pies del árbol y le pidió que se le cayese encima.
Aquella vez no se oyó ninguna voz.
Entonces el baobab se inclinó, cayó y aplastó la cabeza del niño.
Si aquel día el niño no hubiese matado al pájaro, hoy, cada vez que un ser humano decidiese acabar con su vida, allí estaría un pájaro para impedírselo.
domingo, 22 de agosto de 2010
La muerte: últimas palabras
"A uno le gustaría tener una antología de las últimas palabras de hombres célebres», decía Chateaubriand. Y es que a las últimas palabras de las personalidades más famosas se les da frecuentemente una significación especial, visionaria. Ya Montaigne suponía que la gente, ante la muerte, dice la verdad para garantizar la salvación de su alma. El poeta americano Walt Whitman veía en las últimas palabras la culminación de la vida, y pasó la suya buscando las idóneas, pero en el momento decisivo tan sólo pudo exclamar: “¡Mierda!”.
No siempre resulta posible saber cuáles de las últimas palabras transmitidas son auténticas y cuáles forman parte de la leyenda. La muerte, además, como señala Werner Fuld, tiene sus propias leyes. Si la vida no es algo que se pueda calcular, cuánto más el final, los últimos e imprevisibles minutos de vida, a veces grandiosos, a veces tristes, absurdos o cómicos. He aquí algunos ejemplos:
No siempre resulta posible saber cuáles de las últimas palabras transmitidas son auténticas y cuáles forman parte de la leyenda. La muerte, además, como señala Werner Fuld, tiene sus propias leyes. Si la vida no es algo que se pueda calcular, cuánto más el final, los últimos e imprevisibles minutos de vida, a veces grandiosos, a veces tristes, absurdos o cómicos. He aquí algunos ejemplos:
Honoré de Balzac: “Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo de escribir un libro!
Frederic Chopin: “Ahora, estoy en la fuente de la felicidad”
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