
Hay que aprender a entrar en una pastelería. No se puede entrar alocadamente, sobre todo si se trata de una de esas pastelerías con solera. Uno se sentirá perdido, desconcertado y humillado si entra a lo loco. Antes de entrar en una pastelería es importante pensar bien lo que uno desea, ensayar un par de frases de saludo y despedida, prever las posibles preguntas que nos harán: cheesecake, holadre, tarta ganache, ensaimada, tiramisú, ópera, pateís de Belém, pávlova, milhojas, buñuelos de viento, bocaditos de nata, marinos, pastel ruso... y barajar las posibles respuestas, con nata, sin nata, trufa, chocolate, merengue, con cabello de ángel, sin cabello de ángel... Sólo entonces podemos entrar en la pastelería sin miedo a hacer el ridículo.

