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martes, 20 de agosto de 2013

Roda de Isábena y Monasterio de Obarra







Tras un día de excursioneo no he podido resistir la tentación de dar la tabarra, a mis queridos y sufridos lectores, con las típicas fotitos de rigor. Ahí quedan como testimonio, eso sí, del maravilloso patrimonio aragonés, en este caso oscense, de una vista desde un balcón de Roda de Isábena, el puente romano sobre el río Isábena y una imagen con aire vintage del Monasterio de Obarra.

(Fotos: Pitt Tristán)

sábado, 17 de agosto de 2013

Te Faruru



Hace tiempo que ninguna entrada hace honor al título del blog. Me está madurando una cínica indiferencia nacida tiempo atrás, una arraigada indiferencia que va agudizándose con los años. No armonizo con la rutinaria y mezquina vida del hombre. Así, confieso no tener fe ni interés por el destino. Un profundo escepticismo lo llamaría yo. Si acaso fantaseo con huir a Faruru, una isla de la Polinesia. El nombre de la isla proviene de una serie de grabados en madera de Gauguin, "Te Faruru", que en lengua maorí significa "aquí se hace el amor".

viernes, 16 de agosto de 2013

Válgame Dios. Niña Patori y Falete.



No es la dulce canción de los martes; no es la alegre canción de los domingos; no es la música clásica de los jueves, probablemente porque hoy es viernes, pero son todas juntas en un joya de belleza, contenido y, por qué no, de significado.

jueves, 15 de agosto de 2013

Lo inaudito

No hace falta bucear bajo el hielo de la Antártida o adentrarse en una cueva no visitada por nadie en treinta mil años para encontrar lo inaudito, ni para descubrir en uno mismo y en quienes lo rodean abismos de extrañeza. Hay una poesía de lo desmesurado y lo remoto y otra de lo más próximo. Las latitudes de Baudelaire y Walt Whitman no contienen más misterio que el breve jardín de Emily Dickinson.

viernes, 9 de agosto de 2013

Sobriedad

A veces alguien te pide opinión sobre un relato, sobre algo que ha escrito y, como cuando lees cualquier otra cosa, piensas en la sobriedad. Se dice fácil esto de la sobriedad, el estilo llano y la transparencia, pero uno tiene la impresión de que es infrecuente el cultivo de dichas cualidades en los textos, quizá porque son inadecuados para llamar la atención. También porque presuponen un grado elevado de madurez humana, el cual, para decirlo a la manera de Fray Luis de León, sólo se da en los pocos sabios que en el mundo han sido.