"Tú perseveraste en el empeño. Eso fue lo que te trajo la buena suerte, le dijo el profesor de piano a la niña al darle el lazo verde de la buena suerte. Desde entonces, siempre que tocaba el piano, la pequeña llevaba puesto el lazo, porque le recordaba que era su propio esfuerzo lo que le traía la buena suerta".
Elizabeth Koda-Catalán.
Seguidores
Mostrando entradas con la etiqueta Microcuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Microcuentos. Mostrar todas las entradas
sábado, 7 de junio de 2014
lunes, 26 de marzo de 2012
El cachorro de león
En el Agamenón de Esquilo el coro relata la anécdota del cachorro de león: "Una vez un hombre crió en su casa un cachorro de león que, todavía en tiempo de mamar, y habiendo sido privado de la leche materna, fue un buen amigo para los niños y una deliciosa compañía para los mayores; y muy a menudo era tomado en brazos como un niño de pecho, y entonces miraba con ojos brillantes la mano que le alimentaba, haciendo fiestas para obtener aquello que le pedía su vientre. Pero cuando, con el paso del tiempo, llego a la madurez, mostró el carácter que había heredado de sus padres; pues, como pago a quienes lo habían criado, y sin que nadie le invitase a ello, se dio un gran festín, organizando terrible matanza entre el ganado de su dueño, con lo que la casa quedó ensangrentada".
lunes, 14 de noviembre de 2011
Cataclismo
Si nos hubiéramos conocido de otra forma. Tal vez los dos ya muy ancianos o los dos tan críos que nos recordáramos hasta la muerte. Pero la pelota de mi hijo rodó hasta el banco donde tu acunabas al tuyo. Mi esposa me lanzó un beso desde la colina. Tu marido regresaba con el pan. Al agacharme, bajo tu falda, mi mano rozó tu tobillo y abracé la pelota como si fuera un ancla. Tu estrechaste a tu bebé de plomo. Dos vidas tan conclusas que haría falta un cataclismo.
sábado, 29 de octubre de 2011
Ferrari GTO

Un estudiante bilbaíno envía un e-mail a su padre diciendo:
Aupa aita:
Londres es maravilloso, la gente es muy agradable y me encanta estar aquí, pero me da un poco de vergüenza llegar a clase con mi Ferrari GTO rojo cuando todos mis profesores y la mayoría de mis compañeros estudiantes viajan en tren.
Tu hijo, Antxon.
Al día siguiente, Antxon recibe respuesta a su e-mail de su querido padre.
Querido hijo:
Acabo de ordenar una transferencia a tu cuenta de 20 millones de euros.
Por favor, deja de avergonzarnos a todos.
Ve y cómprate también tu un tren.
Con cariño, aita.
martes, 27 de septiembre de 2011
El porcentaje idiota
Abundio Nomentero iba paseando por la calle. Llevaba 10 euros en el bolsillo. De pronto, su vista reparó en un billete de 5 euros que estaba en el suelo. Se agachó y se lo echó al bolsillo. ¡ Qué bien !, pensó, hoy llevo una ganancia del 50 %. Abundio Nomentero, estaba resfriado. Sacó su pañuelo del bolsillo y se sonó, sin reparar que al sacar el pañuelo, su billete de 5 euros, había salido del bolsillo y tomado el camino de mínima energía según las leyes de la termodinámica. O sea, se había ido nuevamente al suelo.
Un rato más tarde, nuestro protagonista, fué a tomarse un café. Al ir a sacar el billete de 5 euros, reparó en que lo había perdido. Fácil vino, fácil se fué. Entonces, siempre positivo penso: He perdido un 33 %, de modo que aún gano un 17 % a pesar de todo.
lunes, 8 de agosto de 2011
Sed de oro
Un hombre con sed de oro se dirigió una mañana al puesto de un comerciante de oro. Iba bien vestido y, tras contemplar el brillo del metal, robó una pieza y salió huyendo. No llegó muy lejos, pues era día de mercado y la plaza estaba atestada de gente. Cuando un oficial le preguntó por qué había robado el oro en presencia de tanto gentío, el ladrón respondió: “Porque cuando cogí el oro, no vi a nadie. No vi más que oro”.
miércoles, 3 de agosto de 2011
El perro
Un carnicero estaba a punto de cerrar su negocio cuando vio entrar un perro. Trato de espantarlo, pero el perro volvió.
Nuevamente intento espantarlo, pero entonces se dio cuenta que el animal traía un sobre en el hocico.
Curioso el carnicero abrió el sobre y en su interior encontró un billete de 50 euros y una nota que decía; ¿Podría mandarme con el perro 1kg de carne picada y ½ kg de pierna de cerdo?
Asombrado, el carnicero tomó el dinero, colocó la carne picada y la pierna de cerdo en una bolsa y puso la bolsa junto al perro, pero olvidó darle el cambio al perro.
El perro empezó a gruñir y a mostrarle los colmillos.
Al darse cuenta de su error, el carnicero puso el cambio del billete en la bolsa; el perro se calmó, cogió la bolsa en el hocico y salió del establecimiento.
El carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerro a toda prisa su negocio.
El animal bajo por la calle hasta el primer semáforo, donde se sentó en la acera y aguardo para poder cruzar.
Luego atravesó la calle y camino hasta una parada de autobús, con el carnicero siguiéndole de cerca. En la parada cuando vio que era el autobús correcto, subió seguido por el carnicero.
El carnicero, boquiabierto, observó que el can erguido sobre las patas traseras, toco el timbre para descender, siempre con la bolsa en el hocico.
Perro y carnicero caminaron por la calle hasta que el animal se detuvo en una casa, donde puso las compras junto a la puerta y, retirándose un poco, se lanzó contra esta, golpeándola fuerte. Repitió la acción varias veces, pero nadie respondió en la casa.
En el colmo del asombro, el carnicero vio al perro tomar la bolsa con el hocico, rodear la casa, saltar una cerca y dirigirse a una ventana. Una vez allí, tocó con las patas en el cristal varias veces sin soltar la bolsa; luego regreso a la puerta.
¡En ese momento, un hombre abrió la puerta.... y comenzó a golpear al perro! El carnicero corrió hasta el hombre para impedirlo, diciéndole: ¿Por Dios, amigo qué es lo que está haciendo? ¡Su perro es un genio!.... ¡Es único!
El hombre, evidentemente molesto, respondió:
¡¡Qué genio ni qué coño!! Ésta es la segunda vez en esta semana que al muy estúpido se le olvidan las llaves... y yo en el baño.
MORALEJA:
Por más que te esfuerces y cumplas más allá de tu deber en el trabajo, a los ojos de un jefe siempre estarás por debajo de lo que él quiere. Aunque trabajes como un perro.
Nuevamente intento espantarlo, pero entonces se dio cuenta que el animal traía un sobre en el hocico.
Curioso el carnicero abrió el sobre y en su interior encontró un billete de 50 euros y una nota que decía; ¿Podría mandarme con el perro 1kg de carne picada y ½ kg de pierna de cerdo?
Asombrado, el carnicero tomó el dinero, colocó la carne picada y la pierna de cerdo en una bolsa y puso la bolsa junto al perro, pero olvidó darle el cambio al perro.
El perro empezó a gruñir y a mostrarle los colmillos.
Al darse cuenta de su error, el carnicero puso el cambio del billete en la bolsa; el perro se calmó, cogió la bolsa en el hocico y salió del establecimiento.
El carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerro a toda prisa su negocio.
El animal bajo por la calle hasta el primer semáforo, donde se sentó en la acera y aguardo para poder cruzar.
Luego atravesó la calle y camino hasta una parada de autobús, con el carnicero siguiéndole de cerca. En la parada cuando vio que era el autobús correcto, subió seguido por el carnicero.
El carnicero, boquiabierto, observó que el can erguido sobre las patas traseras, toco el timbre para descender, siempre con la bolsa en el hocico.
Perro y carnicero caminaron por la calle hasta que el animal se detuvo en una casa, donde puso las compras junto a la puerta y, retirándose un poco, se lanzó contra esta, golpeándola fuerte. Repitió la acción varias veces, pero nadie respondió en la casa.
En el colmo del asombro, el carnicero vio al perro tomar la bolsa con el hocico, rodear la casa, saltar una cerca y dirigirse a una ventana. Una vez allí, tocó con las patas en el cristal varias veces sin soltar la bolsa; luego regreso a la puerta.
¡En ese momento, un hombre abrió la puerta.... y comenzó a golpear al perro! El carnicero corrió hasta el hombre para impedirlo, diciéndole: ¿Por Dios, amigo qué es lo que está haciendo? ¡Su perro es un genio!.... ¡Es único!
El hombre, evidentemente molesto, respondió:
¡¡Qué genio ni qué coño!! Ésta es la segunda vez en esta semana que al muy estúpido se le olvidan las llaves... y yo en el baño.
MORALEJA:
Por más que te esfuerces y cumplas más allá de tu deber en el trabajo, a los ojos de un jefe siempre estarás por debajo de lo que él quiere. Aunque trabajes como un perro.
lunes, 1 de agosto de 2011
Un bárbaro en Asia

Un cazador para asustar la caza prendió fuego a un bosque. De pronto vio a un hombre que salía de una roca. El hombre atravesó el fuego sosegadamente. El cazador corrió tras él.
—Diga, pues. ¿Cómo hace para pasar a través de la roca?
—¿La roca? ¿Qué quiere decir con eso?
—También lo vi pasar a través del fuego.
—¿Fuego? ¿Qué significa fuego?
Ese perfecto taoísta, completamente borrado, no veía las diferencias de nada.
Henri Michaux.
jueves, 5 de mayo de 2011
Las nuevas velocidades en la comunicación humana han cambiado nuestro mundo tanto que algunos llegan a sentirse como aquella viuda de pastor protestante que, al día siguiente de morir su marido, recibió -por el error de una letra en la dirección electrónica-, el e-mail de un hombre de negocios que se había citado con su mujer en un hotel de Miami y a quien había escrito con el subjet de "Querida esposa": "Ha sido un largo viaje, aunque vale la pena. Aquí ya tienen lista tu llegada mañana. Pero prepárate, cariño, ¡hace un calor infernal!".
jueves, 14 de abril de 2011
Donuts
He dibujado a un niño que me habla desde el papel. El niño no tiene nada, me ha pedido que le dibuje una casa, unos padres, una corona de príncipe y un donut de chocolate. Mi madre siempre me decía que un niño podría vivir sin donuts, pero yo no lo creo. ¡El niño es igual que yo!
sábado, 9 de abril de 2011
Los habitantes del Tetris
Que tranquilos viven los tetriminos dentro del videojuego del Tetris. Su vida es fácil y sin sorpresas. Se dejan caer por la pantalla una y otra vez. Se encajan una y otra vez. Y cuando el montón llega hasta el techo, vuelta a empezar. ¡No se puede decir que se compliquen mucho la vida!
martes, 8 de marzo de 2011
Chicas especiales
Los otorrinos se inclinan por mujeres de laringe angosta. Los endocrinos prefieren muchachas de joviales glándulas secretoras y los podólogos adoran las damas de pronunciada bóveda plantar. Si los hepatólogos se pirran por un enfático conducto biliar y los hematólogos se rinden ante chicas de singular hemoglobina, yo que sueño con hembritas corrientes, díganme: ¿en que especialidad debo matricularme?"
(De Isabel González González)
(De Isabel González González)
domingo, 26 de septiembre de 2010
El amanecer del día
Una historia judía presenta a un rabino que pregunta a sus estudiantes:
- ¿Cómo sabemos que la noche ha llegado a su fin y que el día amanece?
- Porque podemos distinguir a una oveja de un perro –dijo un estudiante.
- No, no es la respuesta –dijo el rabino.
- Porque –dijo otro estudiante-, podemos distinguir una higuera de un olivo.
- No –dijo el rabino-. No es la respuesta.
- Entonces ¿cómo lo sabemos?
- Cuando miramos un rostro desconocido, un extraño, y vemos que es nuestro hermano, en ese momento ha amanecido.
- ¿Cómo sabemos que la noche ha llegado a su fin y que el día amanece?
- Porque podemos distinguir a una oveja de un perro –dijo un estudiante.
- No, no es la respuesta –dijo el rabino.
- Porque –dijo otro estudiante-, podemos distinguir una higuera de un olivo.
- No –dijo el rabino-. No es la respuesta.
- Entonces ¿cómo lo sabemos?
- Cuando miramos un rostro desconocido, un extraño, y vemos que es nuestro hermano, en ese momento ha amanecido.
sábado, 4 de septiembre de 2010
En el monasterio ortodoxo
Cuenta la tradición que bajo las cúpulas tornasoladas del monasterio ortodoxo de Molewo, una noche, un monje que hacía la ronda se había encontrado a Dios sentado en un oscuro rincón; de inmediato, el monje se había echado de bruces al suelo preguntando qué hacía su Dios allí. Y Dios le respondió, pero no con voz de trueno, sino con voz apagada: "Estoy cansado, pope, muy cansado".
jueves, 2 de septiembre de 2010
Elegir entre seres queridos. 2
Una nueva historia de N. dedicada a Toni y Ana R. Vivo, por razones obvias (si lees sus comentarios, de hecho la incluyo como entrada porque soy incapaz de que salga como comentario):
Se encontraba N. paseando por el río con su barca. Le acompañaban sus dos mujeres, su perro y su escopeta de caza. N. transportaba en aquella barca todo lo que más apreciaba. Sus mujeres, con las que compartían el día a día y su perro de caza que, junto con la cuidada escopeta eran sus amigos de incasables correrías por el bosque, subiendo y bajando colinas y acechando las piezas más variadas. En mitad del lago la barca comenzó a hacer agua por un pequeño agujero del fondo. Pronto todos sus ocupantes se dieron cuenta. Pensaron, cada uno para sí, que sólo aligerando peso serían capaces de llegar a la orilla, pero ninguno sabía nadar. N. se debatía entre las diferentes opciones ¿a quién salvar? ¿a quién sacrificar en aras del bien común? ¿abandonaría él mismo la barca? N. pensó lo importante que eran sus mujeres, pero al fin y al cabo tenía dos, y había muchas más en la aldea, sin embargo su perro seguro que habría dado la vida por él en cualquier circunstancia y esto pesaba en su decisión de salvarlo ¡que importante había sido en su vida ese perro de caza! Pasados unos momentos de incertidumbre y ante los ojos atónitos de los presentes, el perro tomó la escopeta y apuntó a los tres concubinos indicándoles con un gesto (todo el mundo sabe que los perros no hablan) que se tiraran por la borda. Una vez sólo en la barca, harto de las caminatas e idas y venidas a por piezas muertas sintió una tremenda liberación y comenzó a alejarse hacia la seguridad de la orilla mientras su amo y sus esposas se hundían lentamente en las aguas. N. en estos trascendentales instantes, pensó cuan decisorio había sido su perro, no sólo en su vida sino también en su muerte, aunque realmente su último pensamiento fue: ¿Por qué lo llamaría Joputa?
Se encontraba N. paseando por el río con su barca. Le acompañaban sus dos mujeres, su perro y su escopeta de caza. N. transportaba en aquella barca todo lo que más apreciaba. Sus mujeres, con las que compartían el día a día y su perro de caza que, junto con la cuidada escopeta eran sus amigos de incasables correrías por el bosque, subiendo y bajando colinas y acechando las piezas más variadas. En mitad del lago la barca comenzó a hacer agua por un pequeño agujero del fondo. Pronto todos sus ocupantes se dieron cuenta. Pensaron, cada uno para sí, que sólo aligerando peso serían capaces de llegar a la orilla, pero ninguno sabía nadar. N. se debatía entre las diferentes opciones ¿a quién salvar? ¿a quién sacrificar en aras del bien común? ¿abandonaría él mismo la barca? N. pensó lo importante que eran sus mujeres, pero al fin y al cabo tenía dos, y había muchas más en la aldea, sin embargo su perro seguro que habría dado la vida por él en cualquier circunstancia y esto pesaba en su decisión de salvarlo ¡que importante había sido en su vida ese perro de caza! Pasados unos momentos de incertidumbre y ante los ojos atónitos de los presentes, el perro tomó la escopeta y apuntó a los tres concubinos indicándoles con un gesto (todo el mundo sabe que los perros no hablan) que se tiraran por la borda. Una vez sólo en la barca, harto de las caminatas e idas y venidas a por piezas muertas sintió una tremenda liberación y comenzó a alejarse hacia la seguridad de la orilla mientras su amo y sus esposas se hundían lentamente en las aguas. N. en estos trascendentales instantes, pensó cuan decisorio había sido su perro, no sólo en su vida sino también en su muerte, aunque realmente su último pensamiento fue: ¿Por qué lo llamaría Joputa?
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Elegir entre seres queridos
Las dos mujeres de N. -se cuenta en Turquía- le preguntaron un día a cuál de las dos quería más.
Evitando pronunciarse, contestó, con prudencia, que las quería a las dos por igual.
Ellas insistieron, él persistió. Entonces la más joven de las dos le preguntó:
- Si las dos estuviéramos en una barca y ésta volcase, ¿a cuál de las dos salvarías primero?
N. miró a la de más edad y le preguntó:
-Tú sabes nadar un poco ¿no?
Evitando pronunciarse, contestó, con prudencia, que las quería a las dos por igual.
Ellas insistieron, él persistió. Entonces la más joven de las dos le preguntó:
- Si las dos estuviéramos en una barca y ésta volcase, ¿a cuál de las dos salvarías primero?
N. miró a la de más edad y le preguntó:
-Tú sabes nadar un poco ¿no?
martes, 24 de agosto de 2010
La muerte: El niño que quería matarse
Una historia africana cuenta lo siguiente.
Un día un niño se levantó diciendo que quería matarse. Se fue de casa, caminó, caminó, caminó y llegó ante un baobab, al que le dijo:
- ¡Cae encima de mí, joven baobab! ¡Cae encima de mí!
Pero un pájaro cercano se puso a cantar:
-¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño ahuyentó al pájaro lo más lejos que pudo y volvió a dirigirse al baobab, pidiéndole que se le cayera encima. Pero el pájaro regresó a todo vuelo y volvió a cantar:
-¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño, abrumado, mató al pájaro y volvió a rogar al árbol su muerte. Pero el cadáver del pájaro, tirado allí, al pie del árbol, volvió a gritar:
¡Mentira, mentira!
Entonces el niño quemó el cuerpo del pájaro y le volvió a pedir al baobab que le cayese encima y lo matase.
Pero las cenizas del pájaro seguían gritando “mentira”.
Entonces el niño recogió las cenizas del pájaro que había matado y fue a tirarlas al río, sin darse cuenta que un pellizquito de cenizas había caído bajo un matorral. Volvió y se sentó bajo el baobab y le suplicó que le cayese encima y lo aplastase.
Pero el pellizco de cenizas, traídas por el viento, hicieron oír una voz que decía:
- ¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño recogió con cuidado las cenizas y se fue al río a tirarlas. Entonces regresó a los pies del árbol y le pidió que se le cayese encima.
Aquella vez no se oyó ninguna voz.
Entonces el baobab se inclinó, cayó y aplastó la cabeza del niño.
Si aquel día el niño no hubiese matado al pájaro, hoy, cada vez que un ser humano decidiese acabar con su vida, allí estaría un pájaro para impedírselo.
Un día un niño se levantó diciendo que quería matarse. Se fue de casa, caminó, caminó, caminó y llegó ante un baobab, al que le dijo:
- ¡Cae encima de mí, joven baobab! ¡Cae encima de mí!
Pero un pájaro cercano se puso a cantar:
-¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño ahuyentó al pájaro lo más lejos que pudo y volvió a dirigirse al baobab, pidiéndole que se le cayera encima. Pero el pájaro regresó a todo vuelo y volvió a cantar:
-¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño, abrumado, mató al pájaro y volvió a rogar al árbol su muerte. Pero el cadáver del pájaro, tirado allí, al pie del árbol, volvió a gritar:
¡Mentira, mentira!
Entonces el niño quemó el cuerpo del pájaro y le volvió a pedir al baobab que le cayese encima y lo matase.
Pero las cenizas del pájaro seguían gritando “mentira”.
Entonces el niño recogió las cenizas del pájaro que había matado y fue a tirarlas al río, sin darse cuenta que un pellizquito de cenizas había caído bajo un matorral. Volvió y se sentó bajo el baobab y le suplicó que le cayese encima y lo aplastase.
Pero el pellizco de cenizas, traídas por el viento, hicieron oír una voz que decía:
- ¡No, no lo escuches, baobab! ¡No lo escuches, es mentira!
El niño recogió con cuidado las cenizas y se fue al río a tirarlas. Entonces regresó a los pies del árbol y le pidió que se le cayese encima.
Aquella vez no se oyó ninguna voz.
Entonces el baobab se inclinó, cayó y aplastó la cabeza del niño.
Si aquel día el niño no hubiese matado al pájaro, hoy, cada vez que un ser humano decidiese acabar con su vida, allí estaría un pájaro para impedírselo.
domingo, 25 de julio de 2010
Seguidores
No entiendo mucho del mundo del blog. No entiendo mucho del mundo. No entiendo mucho. Pero todo el que escribe, por muy modesto que sea, pretende tener seguidores: su abuela, su madre, su tía... son los habituales. Nosotros estamos orgullosos de los nuestros y es muy posible que sean tan poco numerosos como merecemos por lo que todavía les estamos más agradecidos y debemos mejorar.
No obstante esto me recuerda el cuento de un orador que pronunciaba un discurso en una plaza vacía, hasta que alguien se le acercó y le preguntó para qué se molestaba si nadie le estaba escuchando: "Para no olvidarme de mis principios", contestó el orador.
No obstante esto me recuerda el cuento de un orador que pronunciaba un discurso en una plaza vacía, hasta que alguien se le acercó y le preguntó para qué se molestaba si nadie le estaba escuchando: "Para no olvidarme de mis principios", contestó el orador.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)