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domingo, 19 de abril de 2026
sábado, 18 de abril de 2026
viernes, 17 de abril de 2026
Sevilla. 17.04.2026. Talavante, Roca Rey y Pablo Aguado. Toros de Domingo Hernández
Crónica del sexto festejo de la Feria de Abril 2026
Ficha del Festejo:
Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Sexto festejo de la Feria de Abril 2026. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Domingo Hernández, justos de presentación, por su falta de expresión, y de deslucido juego. El mejor fue el quinto, de importante pitón izquierdo. El resto se vino abajo en una encierro sin clase y muy afligido.
• ALEJANDRO TALAVANTE, de lila y oro: silencio y silencio
• ROCA REY, de grana y oro: silencio y oreja
• PABLO AGUADO, de maquillaje y oro: silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos
Incidencias: El paseíllo comenzó con varios minutos de retraso, habiendo colas en las bocas del tendido del sol. La terna saltó al ruedo a las 18:35 horas. Iván García se desmonteró tras parear al tercero.
jueves, 16 de abril de 2026
Sevilla. 16.04.2026. Morante, Juan Ortega y Víctor Hernández. Toros de Álvaro Núñez.
Morante manda al andamio a ‘Las Meninas’ y a Velázquez
Crónica del quinto festejo de la Feria de Abril 2026.
Eran las 20:17 horas del 16 de abril del 2025. Morante había demostrado de nuevo a Sevilla por qué es el mejor de la historia del toreo hasta convertir a La Maestranza en un manicomio donde el más cuerdo era él. Una lidia completa como enciclopedia taurómaca. ¡Señores, esto es el toreo! Desde el recibo a una mano con la espalda pegada en las tablas, hasta la verónicas de más amplio empaque y mano baja que rememoraron fotografías antiguas, nadie pudo seguir sentado toda la faena. Morante escribió una de las páginas doradas del toreo, que lo resumió en veinte minutos. Si tras las tijerillas en el quite algo faltaba a la faena de instantes de Goya, Morante cogió las banderillas y después de un par de dentro afuera, pidió una silla y esperó a que todo se consumara.
En la misma silla, por ayudados por alto, comenzó la faena a un toro de Álvaro Núñez que marcó la evolución del toro bravo. Sin una flexibilidad así, sin una embestida y cuerpo propicio para el toreo reducido, no se puede torear de esa manera ni al alcanzar la catalogación de arte. Donde el toreo se endiosa -porque solo está al alcance de los elegidos-, Morante ligó en un palmo de terreno unos muletazos que nacían desde las yemas de los dedos, se enroscaban a su figura y terminaban donde ya su visión no alcanzaba. Todos los siglos del toreo sobre el ruedo de La Maestranza. La gente lloraba de emoción. ‘¡Atiende, que no vamos a volver esto en nuestra p*** vida!’, se comentaba en los tendidos. Hasta que Morante cogió la muleta al natural, enganchó la embestida y en circular dejó uno de los muletazos más bellos que nuestros ojos hayan visto. Morante caminaba a por la espada vacío, pletórico, abandonado.
La faena no era de rabo, era de recuperar estampas añejas con las extremidades del toro. Pero pinchó. No importa. Torear así sólo está al alcance de los elegidos. Poder verlo, de los afortunados que hemos podido vivir en la época de Morante. Ni tampoco importó que la presidenta negara cualquier ápice de pasión con la plaza blanca pidiendo la oreja. Las dos vueltas al ruedo tuvieron el valor de la Puerta del Príncipe a la faena de la vida de Morante. Y sólo ese era el precio. Parte del público lo supo entender después del festejo y con espontaneidad quisieron sacar al diestro por la Puerta del Príncipe. Sin embargo, ocho manos y cuatro policías quisieron sujetar el peso de la historia del toreo, como aquella Sevilla tan reacia muchos años con él. Todo un sinsentido después de su declaración del toreo como arte superior.
La corrida tuvo que terminar a la muerte del cuarto toro. El público intentó buscar explicación aquello que no tenía. Aquello que no volverán a ver. Intentó Juan Ortega salir al rescate de la tarde a la verónica frente al quinto, un toro de buen embroque pero más costoso final con el que reinó la indiferencia. No lo consiguió. A portagayola se fue a recibir al segundo, de continuo movimiento que venía siempre por dentro por el pitón izquierdo y se abría en exceso de más por el derecho. Un desorden que, sin embargo, permitió mayor orden y un toreo de mayor poso por el pitón derecho. Sobre esa mano llegaron los mejores momentos de Ortega, con más alma y arrebato en sus formas, antes de ser empalado mientras toreaba al natural. La espada fue baja.
Carlos Herrera en su programa de la mañana definió que en Sevilla toreaban Morante, Ortega y ‘otro’. Y no sólo era la opinión del comunicador, sino el termómetro de buena parte del público. El ‘otro’ se llama Víctor Hernández y demostró en Sevilla que torean como lo hacen las figuras del toreo. Se ganó el respeto de Sevilla por el valor -en el quite por gaoneras al segundo y en el recibo por caleserinas y una larga de rodillas al tercero- y la conquistó con veinte naturales al tercero, de tanta calidad como justeza de todo. A pesar de la oreja, dio la sensación que Sevilla no se entero de la dimensión de la verdad de su toreo. Frente al sexto, volvió a demostrar su mano izquierdo y su categoría como torero. No es ningún ‘otro’. Pero para entonces, Morante ya había dado sentido a todo.
El que escribe da testimonio. Y este testimonio es verdadero. Morante escribió la Biblia del toreo y el que lo vio constata que nunca antes había visto tanta pasión en la plaza. La fortuna de ser coetáneos a Morante. La vida entendida desde el toreo. Disfrutad, bebed y cantad esta noche. Pasadle incluso las facturas dentro de nueve meses, porque lo realizado por Morante en Sevilla es un regalo del cielo en la tierra. El toreo, como arte superior. ¡Gracias, Morante!
Video:
https://youtu.be/b5-vedkqIjA?t=135
Ficha del Festejo:
Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Corrida de toros. Quinto festejo de la Feria de Abril 2026. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Álvaro Núñez, corrida de fino tipo y hechuras, aunque desiguales de expresión y remate. El mejor fue el cuarto, que embistió con el pitón de dentro. Con calidad el tercero, aunque justo de todo. De buen embroque, aunque sangró mucho en el caballo y se vino a menos, el sexto. Enrazado y con movilidad el segundo, de destacado pitón derecho. Sin opciones el deslucido primero y quinto.
• MORANTE DE LA PUEBLA, de rioja y oro: silencio y dos vueltas al ruedo
• JUAN ORTEGA, de oro viejo y oro: ovación y silencio
• VÍCTOR HERNÁNDEZ, de sangre de toro y oro: oreja tras aviso y ovación

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