Borja Jiménez, pañuelo torero para las lágrimas por Morante
Crónica de la novena de la Feria de Abril 2026.
El reloj rondaba las ocho en tarde de calor cuando Sevilla se quedó enmudecida. A Morante de la Puebla le había cogido un toro. ¡Qué manera más injusta de cerrar una feria para la Historia! De la euforia de la salida en hombros a la dureza soledad de pagar con sangre su entrega más absoluta. El de Hnos. García Jiménez, que había salido sin mucho celo, le arrolló con el pitón en el pecho y al girar por su propia inercia, el pitón contrario se perdió a la altura del glúteo del diestro. Era el final a su feria. Su nombre era uno de los grandes alicientes de una tarde que Sevilla pensaba pagar su deuda.
Fue así y bajo esa lectura como se entendió la petición de la segunda oreja al primero, un toro de mucha calidad de Matilla. El sevillano que, definió la gaonera desde el trazo y poso propio de un muletazo en un quite de enorme verdad y aplomo, supo aprovechar la clase del astado sobre la diestra, ligando los muletazos en un palmo de terreno. Los embroques fueron siempre con los vuelos y no hubo ni una brusquedad, sino un pulso idóneo que dio ritmo al astado. A pesar de los viajes por dentro del toro al natural, Morante por convicción dejó una serie a pies juntos de enorme belleza antes de dejar una estocada contraria, de la que salió con la banda de la taleguilla ‘dibujada’ por el pitón del toro. La oreja era más que justo premio. Y mantenía intacta la ilusión de Sevilla que ‘Clandestino’ se encargó de echar a perder.
Fue bajo ese ambiente de desilusión cuando Borja Jiménez adquirió compromiso de figura en una nueva tarde de Puerta del Príncipe. La segunda consecutiva de una feria con un guion marcado para cambiar su vida si no fuera por su pecado mortal del acero. El toro que había mandado a la enfermería a Morante mantuvo las complicaciones -especialmente por el izquierdo, que era por donde había cogido al sevillano- durante los primeros tercios. Dura era la papeleta. Tras dejar la montera en la puerta de la enfermería, Borja Jiménez comenzó de rodillas sobre la diestra. El toro de Hnos. García Jiménez, nada fácil, comenzó a embestir con transmisión. El efecto sorpresa emocionó a un público que se entregó a la actitud de Borja Jiménez.
El toro sucumbió al poder del de Espartinas, muy rotundo en las primeras series sobre la diestra. Tanto con el compás abierto, como con la figura más vertical el toreo llegó mucho al público con mucha intensidad. En un gesto gallardo, se echó la muleta a la mano izquierdo y los muletazos tuvieron un plus -de valor y de trazo- de más. La imposición de una faena por compromiso de figura de toreo. Sin embargo, Borja Jiménez volvió a caer en su peor arma: el acero. Y una faena de dos orejas se cambió -como 48 horas antes- en una vuelta al ruedo.
Mantuvo el de Borja Jiménez el compromiso durante toda la tarde, muy completa la suya. A la puerta de chiqueros se fue para recibir al agresivo sexto -muy descarado por delante- a portagayola y seguir de hinojos para torear a la verónica. El de Matilla tuvo transmisión en su embestida, aunque con una codicia que le llevaba a descomponerse en la cercanía. El primer pase cambiado por la espalda en el centro del ruedo estuvo a punto de dejar a Borja Jiménez coronando la punta del Giraldillo de la Giralda, antes de imponer de nuevo un toreo de mano baja con la cumbre de una serie a pies juntos al natural, con otra después de compás abierto. Pero, de nuevo, el peor de los fantasmas apareció de nuevo: la espada. Una estocada tendida y atravesada volvió a cerrar la Puerta del Príncipe. El público pidió para él las dos orejas, pero el presidente, con buen criterio por la suerte suprema, dejó el premio en una.
La oreja de este toro, sumada a la que cortó del segundo -el toro de más clase de su lote en una faena de trazo curvo y figura más vertical- permitió a Borja Jiménez salir por la Puerta de Cuadrillas en hombros. Pero su tarde era de Puerta del Príncipe. Una más.
Fue el tercero otro de los destacados de un encierro tan desigual de tipo como buenas opciones en la faena de muleta. Especialmente, por el pitón izquierdo y la faena de Tomás Rufo consistió en la búsqueda constante del ritmo que el toro requería. Hubo muletazos sueltos de buena factura, pero al conjunto le faltó esa serie para marcar diferencias y separar al trasteo de su tono recto. El quinto salió con el pitón derecho partido y el sobrero que lo sustituyó se vino abajo en la muleta. Una tarde que lo que parecía el final, la cogida de Morante de la Puebla, dio paso al nombre de la tarde: Borja Jiménez.



No hay comentarios:
Publicar un comentario