El irlandés es inmune al psicoanálisis como el español lo es a la colonización. Hay algo dentro de nosotros que sobrevive a cualquier tipo de invasión. Sobre todo a esa tendencia poligonera del rapado masculino en capas del cero al diez, el tatuaje tribal poligonero, el tanga de línea tan escasa como nada sutil en traseros que no se lo merecen y el teléfono. El teléfono retratando a todas horas la vulgaridad a compás del reguetón: los nuevos horteras.
El irlandés es inmune al psicoanálisis como el español lo es a la colonización. Hay algo dentro de nosotros que sobrevive a cualquier tipo de invasión. Sobre todo a esa tendencia poligonera del rapado masculino en capas del cero al diez, el tatuaje tribal poligonero, el tanga de línea tan escasa como nada sutil en traseros que no se lo merecen y el teléfono. El teléfono retratando a todas horas la vulgaridad a compás del reguetón: los nuevos horteras.
En agosto ocupan las playas de tal forma que España parece sede de un país que arde, al que invaden decenas de miles de marroquíes mientras el jefe se va por la cara de vacaciones con un séquito de mamporreros y los jueces toman aire vacacional de los miles de folios que la UCO les pone encima de la mesa retratando a un país de chorizos. El toreo es inmune a esa constelación anímica y estética. No compra la moda del nuevo hortera. No traga con la visión chatarrera de su país. Las hebras del toreo ordenan su tradición al margen de todo este ecosistema que trata de variar a España y convertirla en un zoco de inmundicia. A los toros se va ligero y vivo y alegre y serio y, sobre todo, conservando el gusto por la decencia estética. Que no es moco de pavo.
Al final va a resultar que será el toreo donde se guarden bajo llave gustos y modos y talantes y formas de ser y tradiciones que este país va a necesitar cuando pase la moda del chorizo y la estética del polígono rapero. España no va a tener otra referencia para acudir y regresar a ser un país distinto. No colonizable y de tolerancia histórica ordenada. El toreo puede que no sea la reserva espiritual de Occidente pero sí parece ser, de Huelva a Bilbao, de Pontevedra a Palma, desde cualquier lugar de cualquier parte a otra, eso que no dejará que la horterada estética y moral colonice lo que no se deja colonizar. Buen agosto y suerte.

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