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martes, 8 de septiembre de 2026

El desastre del informe PISA: el español toma el olivo y no vuelve al ruedo. Editorial del martes 8 de septiembre de 2026. Mundotoro

 El desastre del informe PISA: el español toma el olivo y no vuelve al ruedo

Editorial del martes 8 de septiembre de 2026


Resulta que Malraux (1901-1976) acertó al corregir, casi un siglo después, la famosa frase de su compatriota Joseph de Maistre: ‘Cada pueblo tiene el gobierno que se merece’. Malraux, alfa y omega de la cultura francesa, sospechaba que lo que sucede es que ‘la gente tiene los gobernantes que se le parecen’. Una diferencia sutil que hace valer una teoría nada conspiranoica: la paupérrima formación de los que nos gobiernan, necesita de un pueblo simiesco (de simio) que admita sus relatos incluso si fortalecen el poder que achica, empobrece y adultera la propia democracia. Un pueblo con educación, pregunta, se anima hacia su libertad y progreso. Un pueblo de simios es el ideal, por ejemplo, para el síntoma del gorila tabernario por excelencia, Óscar Puente, o para la patología oceánica del presidente.

El Informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes), dentro de la OCDE, sobre el nivel de la educación de los jóvenes en España, nos sitúa en una involución camino del nivel de Burundi. De golpe, hemos bajado en 23 puntos en el nivel de lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias. No deja de ser significativo que de este estudio se excluyó (expulsó) a Cataluña (el país de los países de la máxima educación y progreso), por falsear datos. Sabemos que la sociedad española no va a reaccionar. No lo hará a pesar de que estamos creando la generación peor formada del último cuarto de siglo. Y no lo hará porque eso que intuía Malraux es ya certeza: nuestra sociedad es ya inmune a la obscenidad.

Para ser torero, hay que formarse de mil maneras y estar dispuesto a jugarse la vida. Para ser médico hay que pasar el fielato de una formación exigente. Lo mismo reza para cualquier tipo de profesión. Hasta no hace mucho tiempo, en política habría gente de calidad en formación y trayectoria. Un día llegó Adriana Lastra para desmitificar al libro leído y comenzar a penalizarlo. De tal forma que el presidente de Gobierno actual logró un imposible histórico editorial: escribir una autobiografía sin escribirla (la escribió un negro femenino, negra, pues) y firmarla como autor sin serlo. El desprecio al saber, al libro, llegaba a límites involucionados: todos los esfuerzos de las generaciones anteriores partiéndose la espalda para que sus hijos tuvieran mejor educación que ellos ya penalizan. Saber penaliza. Tener educación penaliza y la sociedad ha de ser un rebaño de épsilones que admitan la cultura del poder. Delincuencial.

Un ecosistema en donde la trampa no vale y la mentira la penalizan público y toro. Ahí estaba el lugar de la posible insurrección

El relato de la corte de catetos y simios cala en la sociedad porque su capacidad de preguntar y rebelarse contra ese relato es insustancial. Tanto es así que los genuinos creadores de bulos y fakes relatan que la fachosfera es la creadora de los mismos. Y cala. Como caló el bulo de que el toreo sobrevivía de las subvenciones. Como ha calado que los aficionados son una barbarie a extinguir (al respecto, decir que somos, con datos del propio Gobierno de España, el público que más cultura consume y el de mejor nivel educacional). Como caló en su día que un alcalde cuyo nivel de formación es del nivel de posguerra (la del 36 no, la de Marruecos) podía ilegalizar y prohibir las corridas de toros. Bulos, mentiras, fakes que el pueblo español compra como verdad porque su nivel educacional es paupérrimo. Y más pobre aún el de los nuevos hijos.

Se creó en la última década una urgencia inusitada para prohibir la entrada de menores a los toros. Resulta que el público de toros es el más culto, el más tolerante, el que mejor admite la discrepancia. Un ecosistema que resulta peligroso para el gorila rey y para los niveles de formación de  las ‘Adrianas Lastras’, los ‘Cerdanes’ y los ‘Ábalos’ y los ‘Sánchez’ y las ‘Begoñas’. Un lugar de encuentro libre, de conversación, familiar a veces, ritual, tradicional en sus relaciones año a año y con aspiraciones de siglos de futuro. Un ecosistema en donde la trampa no vale y la mentira la penalizan público y toro. Ahí estaba el lugar de la posible insurrección.

Ahora el poder y sus medios comprados dicen que es la dichosa pantallita. La que usa y anima al uso disuasorio y ‘enmariguanado’ el presidente para decir qué canción le mola el día de la invasión de Ceuta. Este poder es totalitario porque no le queda más remedio. No se conoce cacique histórico bien formado y educacionalmente brillante. No tienen otro camino ni otro oficio que el que perpetran. Y necesitan una sociedad de monos chicos que no leen ni saben, que trepan de nuevo al árbol cagados de miedo ante el inexistente temor de la inexistente fachosfera. En el toreo se toma el olivo. Y dependiendo de cómo y por qué se brinque se admite o se señala. La sociedad española ya casi no baja de los árboles en su evolución, tiene miedo a lo reaccionario inexistente porque ha comprado el relato. Y el miedo nos hará, un día, quedarnos arriba, comiendo hojas y sembrando de estiércol ecológico el suelo abandonado.

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