Morante de la Puebla abre por tercera vez la Puerta del Príncipe de Sevilla
Toro a toro... Se lidian ejemplares de Hnos. García Jiménez, Olga Jiménez (3º) y Garcigrande (5º y 1º bis).
Hay ligeras protestas de salida al sobrero de Garcigrande, fino de hechuras. Se emplaza en el tercio y le cuesta repetir. Fernando del Toro lo para de salida y sale al relance al capote de Morante, que lo cuaja a la verónica. Las primeras sin humillar, después entregado. Morante torea cada vez más despacio. En la segunda raya, una verónica dura una eternidad. En la media, con el toro ya sin querer, lo obliga, muy templado. El público entra en la tarde.
Fernando del Toro lo lleva al caballo, que en el primer encuentro casi derriba al caballo. En el segundo, se va al pecho del caballo. Dos puyazos largos. En banderillas, Juan José Domínguez pone dos buenos pares de banderillas, llegando al toro, al que le cuesta arrancar. Por el derecho, pega dos buenas embestidas en el capote de una buena lidia de Del Toro.
El inicio de muleta de Morante es perfecto para el toro: a dos manos, sin romperlo por abajo, a esa media altura que da confianza y ayuda a que vaya hacia adelante. No sale de entre las dos rayas del tercio. En la primer tanda lo deja a su altura, sin obligarlo. La segunda comienza con el toro con la cara por las nubes, pero después lo obliga y el toro responde: tiene movilidad y le liga una tanda que cala en el tendido. Con la izquierda, le pega dos caricias, pero le cuesta más al toro. Lo cierra en el tercio para no obligarlo, entre las tablas y la primera raya. Hay un natural que casi es un circular. Rompe el olé profundo. No puede exigirlo, todo es a favor del toro. Nadie apostaba por él. Vuelve a la mano derecha, por alto, que liga con un muletazo que duró una barbaridad y remata con cambio de mano. La maestría absoluta del dominio de las alturas. Se tiró a matarlo arriba, en la suerte contraria y de ejecución perfecta, para tirarlo patas arriba. Oreja.
Lavado de cara, muy terciado, de escaso perfil, fue protestado de salida. Juan José Domínguez lo para. El primer puyazo es la querencia, después de salir suelto en cuanto ve asomar a los picadores por la puerta. También sale suelto del segundo puyazo. Marca su querencia. Domínguez está dominando perfecto la lidia. Morante queda inédito con el capote. Eficaz tercio de banderillas con pocos capotazos. Ovacionado Juan José Domínguez después de lidiar al cuarto.
Muleta: Parece imposible, pero Morante lo hace. Después de un profundo trincherazo, se cambia de mano la muleta y rompe el olé. Primera tanda por el izquierdo, con el toro cosido a la muleta, qué ajuste, qué suavidad. Cada muletazo dura una vida entera. Sevilla en pie otra vez y Morante desatado. En los de pecho, barre el lomo del toro con un temple que abruma. Ahora un molinete para volver a empezar al natural con el compás más abierto. El final del muletazo es simplemente sensacional, más allá de la cadera y el siguiente empieza donde termina el anterior. Todo ligado en un palmo de terreno. Se inventa la faena, se inventa al toro. En la última tanda, le cuesta más al toro, pero deja un cambio de mano de cartel. Remata la faena por alto, con gracia y torería. Y otra vez lo mata como el mismísimo Rafael Ortega. La Maestranza grita “José Antonio – Morante de la Puebla” y suenan palmas por tangos. El toro se amorcilla y tarda en caer. El público lo sigue en pie. Dobla y asoman los pañuelos. Dos orejas y Puerta del Príncipe.




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