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domingo, 4 de marzo de 2018

París



El tiempo pasa dorado durante la tarde en París. Pasa ante todas las sillas de "Le Dome", en el boulevard Montparnasse. Pasa el mismo tiempo de siempre, ese que no se deja conocer, embozado el tiempo en neblina, a veces apresurado, a veces muy lento, un tiempo fugaz, un tiempo eterno. París recibe al tiempo en sus calles y el tiempo se lleva consigo calles y rincones que tanto cantaron los poetas.

sábado, 3 de marzo de 2018

Monólogo



Rara vez se leen relatos en un blog. Les llamamos así pero la mayoría son monólogos -género dignísimo pero harto banalizado en nuestros días-, y casi todos caen en el mayor peligro de un monólogo que es, valga la paradoja, en lo monológico. Es decir, toda palabra que aboca al sermón o a la prédica y que, en consecuencia, incumple las reglas de lo dramático, que ha de ser ante todo lucha, tensión... Por ello, el monólogo debe ser esencialmente dialógico -confrontación con el otro, asunción de voces y mundos dispares para llegar a ser, más que exposición de certezas, planteo de incertidumbres, aunque el autor no oculte sus ideas.
Es posible que yo caiga en mi blog en el mismo vicio que aquí critico, esto es, en esa literatura maleducada tan propicia al desahogo de todas las miserias, pero presento un ideal literario, nunca dije que yo lo encarnase.

jueves, 1 de marzo de 2018

Relato juevero: La maternidad



Esta es la convocatoria del relato juevero en el blog de Noa


La maternidad

Nació el bebé, primoroso a los ojos de su madre. Delicado, inocente, desvalido, pero ahí está su madre. La madre. Leía esto en un blog encantador: " Ser madre significa cambiar tu vida, tu tiempo y tu forma de pensar por tus hijos. Significa dar todo tu corazón y entregar tus fuerzas cada día para sacar a tus hijos adelante y enseñarles a vivir". Bellísimo. La dedicación de casi veinticuatro horas, la atención plena a sus necesidades durante tantos meses en que la criatura está indefensa. La madre. En tiempos de paz pendiente de que nada falte, pero también en tiempos de guerra, bajo la dictadura, en el vasallaje, en la bonanza, en la enfermedad. La madre. Cuando el pan escasea el primero es para su hijo, cuando el amor no es patrimonio de esa sociedad, ella le colma de abrazos y besos. La madre.¡ A qué no renuncia una madre por su hijo! El niño crece, anda, corre, va al cole, pero siempre tiene detrás a la madre. Con el paso de los años, a su dedicación se suma la preocupación por el hijo o la hija que se va convirtiendo en adulto, que no le falte: la salud, el trabajo, la compañía, la suerte. La madre. Si las cosas se tuercen, siempre tiene la puerta abierta, salga de una relación, de un despido, de una cárcel, de una adicción. La madre. Napoleón decía que el porvenir de un hijo siempre es obra de su madre. Tolstoi mantenía: "Madre, en vuestras manos tenéis la salvación del mundo".
Tareas ingentes y llenas de responsabilidad. Un ser adorable y heroico, nunca demasiado ponderado por su sacrificio, su ofrenda, su entrega, por el sufrimiento ante las vicisitudes de los hijos, además de las propias, por la desazón de su presente y su futuro, por toda esa renunciación creo que debemos rendir pleitesía a la maternidad.
Si alguien está de acuerdo con lo leído, si alguien incluso se ha emocionado, no tanto por la no-calidad del texto en sí sino por la imagen de la maternidad en su íntimo pensar, si el lector, mientras leía, asentía calladamente al final de alguna frase, habremos llegado a la conclusión de que la maternidad puede ser muchas cosas -bastantes son las que aquí se relatan-, que la maternidad puede corresponderse con una bondad infinita y otras muchas cualidades que no soy capaz de expresar, pero envidiable, encantadora o deliciosa, es decir atractiva, lo que se dice atractiva, les aseguro que no lo vendes ni a precio de saldo. Definitivamente no encuentro nada envidiable la maternidad.

Manifestación ciudadana




"Ni siquiera el sabio puede afrontar la vejez de manera llevadera en medio de la más profunda indigencia"

"De la vejez"
Marco Tulio Cicerón

Nieve en Zaragoza



Esta es una imagen inusual en nuestra ciudad, de hecho no nevaba desde 2005. En los arrabales no había prado, sólo un mar inmóvil de blancura.



También en mi refugio de las afueras, en mi estudio.

Hace poco me decía una amable persona que yo era más de fantasías, incluso es posible que alguna vez lo haya dicho yo mismo, o algo parecido porque no va desencaminada, pero lo quiero matizar, en este día tan aparente para la reflexión: me gusta todo aquello que apartado de la realidad no está apartado de la verdad.