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Un viaje con... André Breton.
Mis viajes preferidos incluyen las ciudades y ahora viajo en el tiempo al París de 1934 y me encuentro una tarde, en un café, en compañía de André Breton. Allí vemos a una joven escandalosamente bella. Comenzamos a seguirla por Montmatre, Breton se decide a hablarle y se citan para medianoche. Sigo a Breton, en la sombra, y los encuentro charlando largo rato en el Café de los Pájaros. Luego se entretienen en las callejuelas del barrio de Les Halles. Pasan la Tour de Saint Jacques y el Hotel Le Ville, se dirigen al Barrio Latino, y alcanzan finalmente el Muelle de las Flores. Breton, me cuenta más tarde, se da cuenta de que ese paseo nocturno ha hecho realidad casi punto por punto un poema anticipativo que él mismo escribió en 1923, en torno a una viajera imaginaria, que "caminaba de puntillas" para atravesar la capital francesa. Pocos meses más tarde contraerá matrimonio con la joven, que se llamaba Jacqueline Lamba.
Un maravilloso viaje con André Breton, el mismo que afirma "la promesa de cualquier instante venidero contiene todo el secreto de la vida, con la posibilidad de revelarse un día azarosamente en otro ser".