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El mar y la poeta loca.
El mar la llamaba por teléfono. Y le hablaba de su inmensa tensión, de su enorme esfuerzo por recobrar la lisura, de la tiranía del viento que lo sojuzgaba, de su profundidad insondable y tenebrosa. En su voz tenían acento sus explosiones de ira, sus mareas y resacas, sus efectos devastadores, sus suaves caricias, la efervescencia de la espuma. El mar la llamaba todos los días a través de una caracola violada y vacía donde anidaba el mundo como un ermitaño.
Y ella lo contaba. Y algunos, los más caritativos, decían que tenía un punto de locura. Y otros, los más numerosos, la eludían mientras habitaban como ermitaños en una caracola vacía.



