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jueves, 25 de enero de 2018

Viejas leyendas y cuentos modernos



Cuenta una vieja leyenda que un grupo de demonios, deseosos de dañar al ser humano, escondieron la felicidad en un lugar remoto y hostil, un lugar al cual les daba miedo mirar a los hombres, un lugar donde nunca se les ocurriría buscarla, allá dónde jamás la encontrarían, su propio interior.


El dinero y la felicidad: Historia de un pescador

Un banquero americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño, cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había tomado pescarlos. El pescador respondió que sólo un rato. El americano le preguntó que por qué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado. El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. El americano le preguntó qué hacía con el resto de su tiempo. El pescador dijo:
“Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, caigo todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida agradable y ocupada.”
El americano replicó: “Soy graduado de Harvard y podría ayudarte.”
“Deberías gastar más tiempo en la pesca y, con los ingresos, comprar un bote más grande y, con los ingresos del bote más grande, podrías comprar varios botes; eventualmente tendría una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador y, eventualmente, abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este pueblo e irte a la Capital, donde manejarías tu empresa en expansión”.
El pescador le preguntó: “¿Pero cuánto tiempo tardaría todo eso….?”.
A lo cual respondió el americano: “Entre 15 y 20 años”.
“¿Y luego qué?”, preguntó el pescador.
El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte. “Cuando llegue la hora deberías vender las acciones de tu empresa al público. ¡¡¡Te volverás rico….tendrás millones!!!”
“¿Millones….y luego qué?”.
“Luego te puedes retirar. Te mudas a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocar guitarra con tus amigos”.
Y el pescador respondió:
“¿Y acaso eso no es lo que ya tengo?”.

17 comentarios:

  1. yo me apunto lo de la siesta con mujer

    creo que es más importante que lo de Harvard

    Saludos

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  2. Que bonita historia y que de verdad , la felicidad no esta en ningún lado está en nuestro interior y yo alabo a ese pescador pq él fue quien de dio la lección al graduado de harvard..
    Un saludo .

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  3. Qué estressss provoca el americano.
    Buena historia... me encanta el título de la entrada.
    Feliz noche.
    Abrazo

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  4. Buena historia de donde sacar conclusiones que nos harían la vida más feliz.
    Un abrazo

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  5. Lástima que siempre tengamos tanta prisa por vivir, no nos damos cuenta que tenemos más tiempo que vida.

    Abrazote utópico, Irma.-

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    1. Y cuando estamos a punto de conocer algo del saber, entonces es demasiado tarde...

      Abrazo.

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  6. Buena lección la del pescador, él ya tenía el pueblecito y la siesta, lo demás no le importaba. No por tanto correr se consigue la felicidad antes.
    Besos amigo Pitt.
    Puri

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    1. No nos damos cuenta del esfuerzo que nos cuestan las cosas.

      Gracias, amiga. Besos.

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  7. QUé razón tiene el pescador... y qué pronto se nos olvida al resto estas lecciones...
    Somos una especie muy volátil, quién consigue no serlo, como el pescador, será siempre feliz. Todo un logro.
    Bss

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    1. Es difícil sustraerse de la marea social y laboral.

      Besos.

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  8. Siempre tiene que venir un listo a (des)arreglarte la vida.
    Pobre pescador, encima autónomo!!! Ná, él si que sabe vivir. Sus necesidades cubiertas y a la parranda.
    Mi héroe.

    Besos, Pitt.

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    1. Puede ser un poco simplista pero la verdad es que damos muchas vueltas para volver al mismo sitio la mayoría de las veces.

      Besos, Vero.

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  9. En cambio, a veces aparece por donde menos te lo espera.

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