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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Pobres



No sólo es más fácil que entre un pobre en el cielo, sino que también tiene muchas más posibilidades de hacerlo antes.

Jaume Perich

martes, 8 de noviembre de 2011

Favores sexuales

Un hombre mayor, italiano, que vivía en las afueras de Nápoles, fue a la iglesia local a confesarse. Cuando el sacerdote abrió el tablero del confesionario, el hombre dijo: - Padre... durante la Segunda Guerra Mundial, una bonita mujer golpeó a mi puerta y me pidió que la escondiera del enemigo. Así que yo la escondí en mi altillo. - ¡Esa fue una cosa maravillosa que has hecho, hijo -contestó el sacerdote- No tienes la necesidad de confesar eso. - No padre, es que ella empezó a agradecerme con favores sexuales. - Estando en gran peligro y bajo esas circunstancias, dos personas pueden ser muy tentadas a actuar así. Pero si lo sientes verdaderamente, estás perdonado de hecho. - Gracias, padre. Esa es una gran carga que le saca a mi alma. Pero tengo una duda más. - ¿Y cuál es, hijo? - ¿Cree Ud. que debería decirle que la guerra ha terminado?

Augurios

Dicen que, en los momentos previos a un terremoto, las nubes se detienen en el cielo, el viento se calma hasta reducirse a un cálido aliento y los pájaros se posan tranquilos en los árboles de las plazas. Pero, bien mirado, estos augurios son los mismos que preceden a la hora de la siesta. Si nos asustásemos cada vez que el viento amaina, nos pasaríamos toda la vida escondidos debajo de la cama, en lugar de durmiendo sobre ella.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El duque de Rivas


"Lo he oído referir cien veces. Sucedió al duque de Rivas, cuando todavía no lo era. Dicen que cierto inglés, curioso de Andalucía trabó amistad con otro pasajero yendo ambos, río abajo, en la cubierta de un barquichuelo de los que hacían servicio en el Guadalquivir. Hablaron de campo, de caballos, y de toros, hablaron luego de arte, de viajes, de literatura. El interlocutor de nuestro inglés de todo hablaba y de todo sabía. Era hombre alto, enjuto,de nariz aguileña y belfo rasurado. Vestía traje corto, zahones, bota y cordobés. Pese al pergeño,aquel hombre tenía las más corteses maneras, y se expresabe fácilmente en varios idiomas. Había vivido en Malta, en Italia, en Londres; pintaba, hacía versos y había guerreado al eco de Bailén. Cuando el barco tocó junto a los álamos , él se alargó su diestra hacia el inglés , alzó el sombrero y murmuró: Ángel Saavedra. Pisó tierra, montó una jaca marismeña y, empuñando una garrocha servida por el mozo que allí le aguardaba, salió al galope, martilleando el aire, en tanto que el inglés, estupefacto, anotaba en su cuaderno de viaje : En España, los hombres de mayor cultura y distinción son , sin duda, los picadores de toros".
Antonio de Marichalar (1893-1973)