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lunes, 2 de marzo de 2026

Roca Rey gana un Goya en territorio hostil. Editorial de Mundotoro

 Roca Rey gana un Goya en territorio hostil

Editorial del domingo 1 de marzo de 2026

Dicen que Andrés Roca Rey no fue invitado a la gala de los Goya. Es cierto en cuanto a presencia, pero no es cierto en absoluto. Porque a un protagonista no se le invita, ya está presente en el film. Los Goya se han convertido en eso que el toreo pretendió hace tiempo: en algo que exponga con boato y pompa su realidad demacrada, su pesebrismo y su nula autocrítica. Si ellos fueran sinceros, harían autocrítica de su paupérrima realidad. El cine español, salvo excepciones, se ha convertido en un pesebrismo de quien les subvenciona casi al ciento por ciento. Si el cine español tuviera la calidad que pretenden mostrar en esa gala de los Goya (pintor que pintó como nadie el realismo del toreo) haría de la gala lo contrario de lo que ya es: un acto de propaganda cuasielectoral con manifiestos sectarios. La única alfombra roja de todas por donde Pedro Sánchez puede pasear sin ser increpado e insultado.


Es decir, que los Goya son la puesta en escena de ellos mismos, aislados de la realidad del país, mostrando un mundo paralelo y aparte, endogámico hasta las cachas y sectario en el sentido más etimológico del término. El cine español es dogmático, doctrinario, secuaz y partidista. Quizá por esta razón sus películas no interesan a los españoles. El 40% de las películas españolas no tuvo siquiera 100 espectadores. De las 609 películas proyectadas en sala en 2025, mucho más de la mitad, 339, no recaudaron ni lo que cobra un banderillero en plaza de primera, 1.883 euros. En cuanto a espectadores, solo 87 películas de las 609 lograron poco más de 11.000 espectadores, un día de toros en SevillaRoca Rey no fue invitado porque no pertenece a esa tribu.

El cine español jamás hace una mínima autocrítica. Viven al margen de su propia realidad y el ombliguismo que procesan los expulsa de la realidad. El cine solo lagrimea y pide y se blinda en mensajes de cultura y necesidad de la misma. El cine español se muestra al público como un apéndice ideológico de quien les costea todo, gala incluida. Un territorio hostil a la libertad cultural sin ideología que es el toreo, que se desarrolla en libre concurrencia empresarial, con una exigencia económica pública que si la aplicaran al cine, este echaba el cierre de forma inmediata. Y en ese territorio hostil ganó ‘Tardes de Soledad’, porque si no hubiera ganado, el escándalo habría sido mayúsculo dada su calidad cinematográfica. Pero hablemos de cine.

La narrativa de ‘Tardes de Soledad’ marca un antes y un después similar a la película de ‘Salvar al soldado Ryan’

La narrativa de ‘Tardes de Soledad’ marca un antes y un después similar a la película de ‘Salvar al soldado Ryan’ (Spielberg, 1998). Antes de este film, las grandes películas bélicas carecían del realismo y hasta del hiperrealismo que trasladara en sonido e imagen la esencia natural de todo conflicto. Con la obra colosal de Spielberg, el cine bélico perdió su inocencia al poner al espectador dentro de la batalla. La escena del desembarco en la playa de Omaha (Normandía, 6 de junio de 1944) es la de mayor realismo (a veces mágico) cinematográfico de la historia, salpicando de realidad al espectador. Un realismo que incluye magistralmente la humanidad, el temor, el miedo y el estado de histeria de los soldados. La secuencia del capitán John H. Miller (Tom Hanks) perdiendo el sentido del oído y con la mano derecha temblorosa, es genial. Por real y humana. Eso es lo que sucede, en cine del toreo, con ‘Tardes de Soledad’.

Que marca un antes y un después porque expone al espectador al toreo sin filtros. Es la pérdida de esa inocencia que siempre contaminó a las películas de toros y las situó en esa intención de demostrar que el toreo tiene arte, tiene razonamientos casi empíricos para existir. ‘Tardes de Soledad’ es la trashumancia real del grupo de soldados del capitán Miller en busca de un soldado cuyos tres hermanos ya habían muerto en combate. La película es tan real como el suceso en el que se basa (un hecho real). De la misma forma que ‘Tardes de Soledad’ es un suceso real de un grupo de hombres en trashumancia, de plaza en plaza, capitaneado por Roca Rey, buscando el toreo por el toreo.

Siendo sinceros con la verdad, Roca Rey es el centro y la razón de ser de esta aventura equinoccial con una lectura similar a la de la novela ‘La aventura equinoccial de Lope de Aguirre’ (Ramón J. Sénder, 1964) llevada al cine, entre otros por Werner Herzog (‘Aguirre o la cólera de Dios’), película cuyo tramo intermedio deja al espectador frente a frente con la realidad, desnuda y sin contaminación de ningún tipo. Lope de Aguirre tiene mucho de Roca Rey, como el capitán Miller tiene de Lope y de Roca Rey: el viaje real de una dureza que exige al máximo la presencia de todas las capacidades, debilidades y sentimientos del ser humano. Los Goya esconden esos contenidos humanos para usar una alfombra en donde cantar sus vanidades de micromundo ausente de toda autocrítica de su cine paupérrimo y pagado.

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