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viernes, 16 de octubre de 2026

Zaragoza. 16.10.2026. Morante, Castella y Aarón Palacio. Toros de Hnos. García Jiménez y Olga Jiménez Fernández

 

Aarón Palacio en Zaragoza: aquí hay una figura

Crónica de la sexta de la Feria del Pilar 2026

Alas 20:13 horas alzaba Aarón Palacio las dos orejas al cielo mientras un suspiro de alivio soltaba en el aire toneladas de responsabilidad. El Coso de la Misericordia era un volcán de emociones que pasó de “Zaragoza tiene un torero” a “¡Aquí hay una figura!” mientras las palmas sonaban con la euforia propia de viajar a miles de revoluciones. Una foto esperada en un triunfo que no fue de paisanaje tras una faena llena de intensidad y para corazones fuertes con el bravo ‘Filósofo’. Oreja para Sebastián Castella, que sufre el capricho del palco, y una faena de valor de Morante de la Puebla como homenaje al Dr. Carlos Val-Carreres en la tarde que nadie se quiso perder y que agotó las entradas tan sólo unas horas después.



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A las 19:52 horas afrontaba Aarón Palacio su destino de rodillas a portagayola. Era su enésima muestra de entrega en una tarde que comenzó también de rodillas -con un farol de rodillas en el tercio- y un buen ramillete de verónicas frente al tercero, uno de los toros de mayor armonía de una corrida de final de temporada con hechuras y tipo diversos. El de Hnos. García Jiménez perdió la funda del pitón y descabalgó a Manuel Quinta en el tercio de varas, pero mantuvo su buena intención en la faena de muleta. Todo corazón fue Aarón Palacio, que buscó la ligazón por encima del poso dentro de su primoroso concepto. No era una tarde cualquiera. Un examen para un joven torero del que se espera mucho. Esa búsqueda para puntuar pronto, modificó en ocasiones la suavidad que requería un astado que cambió de ritmos y le faltó más empuje de mitad de faena hacia adelante. La entrega del maño fue bien recibida y reconocida por unos tendidos que respondieron con la misma disposición mostrada por el diestro, que se empeñó en matar al astado en la suerte contraria y se esfumó el triunfo tras varios pinchazos.

Por eso el comprometido recibo al sexto, al que siguieron varias largas cambiadas de rodillas en el tercio, tuvo una lectura mayor y de más profundidad: la de tener una ambición de figura. Hizo Aarón Palacio lo que la gente estaba esperando, que, cuidado, no era lo más sencillo por mucho que jugara en casa. Y con ese compromiso, comenzó Aarón Palacio de rodillas su faena de muleta. Primer examen para los hipocondríacos, pues el de la familia Matilla -herrado con el hierro de Olga Jiménez- tuvo tanto disparo como corto recorrido por alto. Del comprometido momento, salió Aarón Palacio con la rabia acumulada en su rostro, después de dos naturales y uno de pecho que consiguió atemperar bravura y frecuencia cardiaca. Bravo fue el toro y brava la faena de Aarón Palacio. Un volcán de intensidad que acabó con todos los cuerpos en tensión. En la bravura, buscó Aarón Palacio reducir la velocidad y su dimensión fue importante de principio a fin. Series vibrantes, de muletazos de mano baja con unos largos pases de pecho que permitían un receso en la exaltación. Zaragoza vibraba con uno de los suyos. O mejor dicho uno de los suyos rendía Zaragoza a sus pies. Quiso rizar el rizo Aarón Palacio con un final por manoletinas -después de que un desarme hiciera medir bien la faena- y en el desplante a cuerpo limpio con una rodilla en tierra, el maño sufrió una voltereta tras una arrancada defendiendo su terreno del astado. La gloria siempre a milímetros del percance. Ni Aarón Palacio se lo merecía, ni el día del homenaje al Dr. Carlos Val-Carreres admitía un argumento así. Recto se tiró Palacio detrás de la espada y el acero entró casi en tu totalidad. Fue entonces cuando todas las emociones acumuladas se desataron en los tendidos y el presidente sacó los dos pañuelos.

Una decisión presidencial que llegaba después de un maltrato a Sebastián Castella que estuvo a punto de costar un desorden público. El quinto, alto y largo, no gustó al público por su falta de expresión, estrechez en los cuartos traseros y un cuerpo suelto en tarde de toros grandes. El contraste -en varias astados- en fue notorio, a lo que se unió un mal apoyo de los cuartos traseros de salida. Sin definir llegó el astado a la faena de muleta y el inicio poderoso de Castella sirvió para poner las cartas sobre la mesa: una firmeza del galo frente a unas embestidas rectas con más disparo que entrega. Fue el trasteo un toma y daca con una estructura y un argumento poco entendible sin el análisis de la serie anterior. Mantuvo el toro siempre sus hechuras altivas mientras Castella fue consiguiendo imponer su orden y pisar terrenos cada vez más cercanos. No pudo llegar el toreo estética con una condición poco agradecida, pero el final en las cercanías con el toro todavía sin entregarse salió con un claro vencedor: Sebastián Castella. El acero efectivo, aunque desprendido, desató en los tendidos una petición claramente mayoritaria. Para todos, menos para uno. Sin argumento alguno para el que escribe, entendió el presidente que la categoría de la plaza pasaba por desobedecer al resto después en duda a la misma a las doce de la mañana con varios toros. El error fue doble y el cabreo, grande. Un agravio que terminó con Castella dando la vuelta al ruedo.

El galo cumplía su segundo paseíllo en la feria y cortó una oreja al segundo, un toro de calidad ya definida de inicio que no logró mantener hasta el final, acusando su volumen y unas hechuras amplias hasta alcanzar los 650 kilos. Su clase con ese cuerpo era un desafío a la física y un esfuerzo doble. Castella meció con temple el capote a la verónica y con ese pulso prosiguió el toreo con la muleta en la mano diestra antes de que el toro marcara su querencia a las tablas. La estocada, con las tablas de espaldas, fue efectiva.

Llegaba Morante a su último puerto en la temporada y al primer paseíllo de los dos consecutivos en Zaragoza. No gustó la presentación del primero, que regresó a los corrales por su falta total de fuerzas. Desconcertante fue el sobrero de Domingo Hernández, algo basto de hechuras y escaso de cuello, siempre con la cara entre las manos, partiendo la humillación precisamente de esa condición. Tiró Morante al natural de la embestida al natural. Cogiéndolo y llevándolo, pero con la negación del segundo muletazo y, por tanto de la ligazón. La música quiso unirse y acabó desordenando todo hasta que Morante imploró el reinado del silencio. Pero el toro tenía poco. Como tampoco lo tuvo el voluminoso cuarto, de más movilidad que verdad, embistiendo con el pitón de fuera en el tercer muletazo. Puso Morante la autenticidad en una faena de sublime exposición que dejó los mejores momentos sobre la diestra entre la aspereza del astado. Al genio, lo trató con sutileza, incluso cuando el toro estaba metido en los terrenos de toriles. La espada se fue desprendida y por eso la petición fue menor. A las 20:20 se alzaba Aarón Palacio en hombros bajo el grito de euforia que tomó el triunfo como suyo. Era la constatación de que Zaragoza tiene a un torero con madera de figura como prolegómeno a una posible nueva época dorada del toreo en la ciudad maña con varios nombres. Será lo que Dios quiera, como el papel, esperemos, acertado que la Administración tenga en los próximos años. Mientras, vivamos del presente.

Ficha del Festejo:

Hierro de García Jiménez - EspañaHierro de Olga Jiménez - EspañaHierro de Domingo Hernández - España

Plaza de toros de La Misericordia, Zaragoza – Quinto festejo de la Feria del Pilar 2026. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Hnos. García Jiménez, Olga Jiménez (6º) y Domingo Hernández (1º bis), desiguales de presentación por su diversidad de tipo, cuerpo y hechuras. De variado juego. destacó el bravo sexto, que coronó hacia el triunfo una corrida en la que también permitieron el lucimiento el segundo, de gran clase, pero que acusó sus 650 kilos, y el tercero

• MORANTE DE LA PUEBLA, silencio tras aviso y ovación

• SEBASTIÁN CASTELLA, oreja tras aviso y vuelta al ruedo tras petición de oreja

• AARÓN PALACIO, silencio tras aviso y dos orejas

Incidencias: Al finalizar el paseíllo, sonaron los acordes del Himno Nacional de España. José Chacón y Alberto Zayas se desmonteraron en el segundo. Hicieron lo propio Juan Sierra y Javier Gómez Pascual en el tercero.

Una tarde más, el palco presidencial de La Misericordia se lleva todas las miradas del mundo del toro. Esta vez, la ‘víctima’ fue Sebastián Castella. La polémica se desató a la salida del quinto, un ejemplar de Hnos. García Jiménez que no gustó por su escasa expresión y remate. La condición del toro -poco franco, sin entrega y de embestida recta- le dio mayor importancia a lo realizado por el francés, que se impuso en una faena de toma y daca con un oponente que no regaló nada, exponiendo mucho. La espada entró al primer intento como rúbrica de la faena, siendo poco argumentable la decisión del presidente, que, pese a lo visto en el ruedo, decidió no darle a Castella una oreja pedida por la mayoría. Una decisión que llevó a los tendidos a mostrar su disconformidad con el palco con una sonora bronca, siendo esta una historia más del palco presidencial de La Misericordia.

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