Lenin consideraba a los progresistas compasivos de Occidente idiotas útiles, porque a primera vista parecía que sus intereses eran los mismos.
Intelectuales, periodistas y activistas occidentales (muchas veces de buena fe o con ideas progresistas) viajaban a la URSS y regresaban a sus países defendiendo el experimento soviético, minimizando o desconociendo las hambrunas, la represión o las purgas políticas.
El concepto describe con bastante fidelidad cómo el pragmatismo político de la época utilizó el apoyo de sectores occidentales para consolidar su posición internacional.
Y ahora todos lo hacen y llevan mucho tiempo haciéndolo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario