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miércoles, 5 de enero de 2011
La vida (II): Bulwer-Lytton
La vida se diferencia de un drama solamente en esto: en que no tiene argumento -todo es vago, incierto, inconexo- hasta que vuelve a caer el telón, dejando el misterio sin esclarecer.
La vida (I): Vita tam quam somnis
En la vida los hombres soñamos o bien representamos un papel como en un sueño; pero no es la vida verdadera, ya que somos como muñecos de trapo que alguien mueve a su antojo y al final tenemos que dejar de representar para morir. Algunos se creen el papel y se envanecen si les ha tocado ser reyes, príncipes o personas principales.
Dijo Thomas Carlyle: "La vida es un espectro que se mueve en un mundo de espectros".
Dijo Thomas Carlyle: "La vida es un espectro que se mueve en un mundo de espectros".
martes, 4 de enero de 2011
Las pirámides: comienzos
Mucho se ha hablado sobre estas grandiosas construcciones. Para los arqueólogos del siglo XIX parecían haber surgido de la nada, como si el pueblo egipcio de repente, sin previo aviso, comenzara a producir monumentos que iban a maravillar a las sucesivas épocas, sin excluir la nuestra. Al misterio de su levantamiento se unía el misterio de su función pues parecían irracionales tantos recursos para una tumba, eso unido a una conjunción de datos matemáticos y astrológicos que llevan implícitos en sus medidas convierten a las pirámides en una incógnita para todos nosotros. Sin embargo, recientes estudios nos demuestran que, como tantos otros avances de la humanidad, estas surgieron de una forma casi casual.
Los faraones, gentes refinadas que ya tenían a sus espaldas un desenvolvimiento de la cultura y el ocio, en los momentos de paz, caían en una especie de letargo que les aburría. Un día, paseando el faraón por sus jardines, pensando en como pasar el rato (sabido es que el pensamiento es la semilla de la acción), decidió que mandaría construir su propia tumba, con lo cual podría estar entretenido hasta que lo visitara la Parca. Convocó a sus ministros, sus arquitectos e ingenieros, y les expuso la idea. Como entonces las ideas de los faraones no eran discutibles, recordemos que Manetón dividía a los gobernantes egipcios en dinastías, de una palabra griega que significa “tener poder”, todos se pusieron manos a la obra. Pero al faraón no le agradaban los proyectos que le fueron presentando. Mientras, los arquitectos, temerosos de que los vieran inactivos, hicieron traer materiales de todo el imperio y ante la ausencia de un proyecto determinado, los iban amontonando en un lugar del desierto, lo que hoy se llama una urbanización a las afueras. El faraón, dubitativo, no terminaba de decidirse, porque hasta en las almas más grandes hay rincones de debilidad en los cuales duermen las supersticiones, y temía no acertar con lo que sería morada de su tumba. Y los meses iban pasando. Cuando sus consejeros le instaban a decidirse, el faraón les decía: “Es mejor agitarse en la duda que descansar en el error”. Y continuaba con sus cavilaciones, viendo proyecto tras proyecto. Llegaba una crecida tras otra del Nilo y los materiales se amontonaban en el lugar elegido a la espera de comenzar con la construcción. El faraón, antes brioso cazador de leones, ahora ya empezaba a llegar a esa edad en que todas las mujeres agradan y no es posible agradar a ninguna. Un día, el faraón murió. ¡Sin haber comenzado su túmulo! Las piedras formaban una inmensa montaña producida por años de abastecimiento y, los arquitectos, ante la premura del enterramiento del faraón, solo tuvieron una opción: sacarle punta, hacer un agujero e introducir la cámara mortuoria en su interior. Así se construyó la primera pirámide. Según Pittagorus de Efeso “El loco”.
Los faraones, gentes refinadas que ya tenían a sus espaldas un desenvolvimiento de la cultura y el ocio, en los momentos de paz, caían en una especie de letargo que les aburría. Un día, paseando el faraón por sus jardines, pensando en como pasar el rato (sabido es que el pensamiento es la semilla de la acción), decidió que mandaría construir su propia tumba, con lo cual podría estar entretenido hasta que lo visitara la Parca. Convocó a sus ministros, sus arquitectos e ingenieros, y les expuso la idea. Como entonces las ideas de los faraones no eran discutibles, recordemos que Manetón dividía a los gobernantes egipcios en dinastías, de una palabra griega que significa “tener poder”, todos se pusieron manos a la obra. Pero al faraón no le agradaban los proyectos que le fueron presentando. Mientras, los arquitectos, temerosos de que los vieran inactivos, hicieron traer materiales de todo el imperio y ante la ausencia de un proyecto determinado, los iban amontonando en un lugar del desierto, lo que hoy se llama una urbanización a las afueras. El faraón, dubitativo, no terminaba de decidirse, porque hasta en las almas más grandes hay rincones de debilidad en los cuales duermen las supersticiones, y temía no acertar con lo que sería morada de su tumba. Y los meses iban pasando. Cuando sus consejeros le instaban a decidirse, el faraón les decía: “Es mejor agitarse en la duda que descansar en el error”. Y continuaba con sus cavilaciones, viendo proyecto tras proyecto. Llegaba una crecida tras otra del Nilo y los materiales se amontonaban en el lugar elegido a la espera de comenzar con la construcción. El faraón, antes brioso cazador de leones, ahora ya empezaba a llegar a esa edad en que todas las mujeres agradan y no es posible agradar a ninguna. Un día, el faraón murió. ¡Sin haber comenzado su túmulo! Las piedras formaban una inmensa montaña producida por años de abastecimiento y, los arquitectos, ante la premura del enterramiento del faraón, solo tuvieron una opción: sacarle punta, hacer un agujero e introducir la cámara mortuoria en su interior. Así se construyó la primera pirámide. Según Pittagorus de Efeso “El loco”.
lunes, 3 de enero de 2011
Las pirámides
domingo, 2 de enero de 2011
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