
Mira que me metéis caña con los toros. A los antitaurinos -me refiero a los de la "crítica feroz", no a los de educado diálogo, a los que comprendo aunque no comparta su opinión-, les ocurre como esa gran contradicción de la izquierda radical europea, que debe aceptar el euro y la política monetaria común porque lo desean los ciudadanos, pero que sueña con una moderna autarquía disfrazada de soberanía.
En su discurso en defensa del toro tiran de un memorial de agravios que, según ellos, se cometen con los animales. Los memoriales de agravios son un género literario muy antiguo. Fueron célebres en el siglo XVII y todo el mundo sabía que para ser eficaces y conmover a los jueces debían estar escritos en tono llorón y lastimero. Otro ejemplo son las "Lamentaciones de Jeremías" del Antiguo Testamento.



