
Auguste Comte mantenía que la experiencia, como aprendizaje acumulativo, nunca puede ir hacia atrás a largo plazo. Todo lo que hacemos y experimentamos nos enseña algo. Los errores pueden hacernos retroceder, pero sólo para avanzar después. Los hombres somos esclavos del aprendizaje, incluso si nos negamos a él. Cada paso que damos, cada decisión que tomamos, es una apuesta. Si nos lleva al éxito, nuestra vida avanzará; si nos lleva al fracaso, nos indicará cuál es el camino que no debemos seguir. Una ruptura sentimental, una enfermedad o un problema pueden ponernos en la vía de los cambios necesarios que hemos de hacer para no sufrir el mismo problema en el futuro. Así, el ser humano, avanza. Siempre. Dos pasos adelante y uno hacia atrás. Quizá tuviera razón Liebniz cuando dijo aquello de "vivimos en el mejor de los mundos posibles". Quizá no sea todo más que un proceso. Errar para acertar, con la perfección (individual y colectiva) como única parada.



