Juan Ortega, desatado en Granada
Puerta Grande para el sevillano en una tarde de dominio y ambición de Roca Rey, que rozó la Puerta Grande en el sexto.
Necesitaba Juan Ortega una tarde así. Una tarde en la que regresaran la inspiración, las musas y esa despaciosidad que lo hace único. Una tarde en la que todo fluya y se produzca la comunión entre toro y torero. En Granada, Ortega se desató desde el farol de rodillas con el que recibió al primero de su lote hasta la plenitud que alcanzó frente al quinto. Su Puerta Grande se enmarca en una corrida de Cuvillo en la que destacó la calidad del tercero, la bravura del quinto y el fondo que sacó el cuarto. Roca Rey, que paseó un trofeo, exprimió hasta la última embestida de un lote con el que tuvo que emplearse. Abrió plaza Manzanares, que se marchó de vacío.
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