Buenos días, República
Editorial del 26 de agosto de 2026. Mundotoro
Los relatos son la posesión más sagrada de las civilizaciones. Desde los bosquimanos y su cultura de selva y aldea hasta la exquisita y compleja civilización griega, los colectivos dirigidos por un poder supieron que, sin un relato, no puedes hacer una nación, ni una cultura, ni una civilización. Hay dos tipos de relato: el verdadero, por real; y el falso, del que dijo Goebbels (ministro de propaganda nazi) que repetido muchas veces, se toma como verdad. Y está el relato verdadero por cierto o real. Vive el relato falso tiempos de esplendor desde un poder decadente y autocrático cuyo daño al país tardará décadas en amortizarse. Tiempos donde mentir sobre mentira es considerado como audacia política. Avisamos, sin embargo, que ha comenzado el relato de la República. El zarandeo al rey por parte del Gobierno antes y durante el episodio de Ceuta es el aviso cierto.
El toreo vivió muy bien en la República, que conste. En este sentido, su realidad no enferma así el modelo del Estado. Basta con mirar la historia para certificar esta afirmación. Sin embargo, hay decoro casi moral, patrio, en el sentido menos político y más sano del termino patrio. Casi afectivo, familiar. Su majestad el rey Don Felipe VI no es tan campechano, parlanchín y dicharachero como lo era Don Juan Carlos, no se deja ver entre nosotros apenas. Pero es el rey. A los constitucionalistas, la figura del rey nos obliga y, más allá, a muchos le empatiza. Bien haría el rey yendo más a los toros. Ahí está su pueblo.
Porque ambos lo tienen de parte de los millones de personas que forman el toreo, un lugar donde estar a salvo y protegido del relato vil de un ministro que se asemeja a King Kong en lo externo y en lo interno, y, sobre todo, que ha adoptado el lenguaje del simio, (lo han adivinado, Óscar Puente). Este personaje, paladín junto a su tribu del relato falso reiterado hacia la verdad, ha lanzado el primer sondeo sobre lo prescindible de la figura del rey. No es la primera vez. Si repasamos los sucesos de los últimos años, desde las apariciones cuando la pandemia, la DANA, ahora en el caso de Ceuta, el ninguneo al rey es el inicio reiterado de un relato que quiere terminar en el “buenos días, República”. Si ese buenos días da votos, regresan a Robespierre y Danton y guillotina. Al tiempo.
Los paladines del relato falso tienen la habilidad de ganar perdiendo. Y si eso se hace imposible, como el último suceso de Ceuta, relata el perder por goleada como un empate. Este Gobierno y su tribu subsahariana de ministros, gobernó a la defensiva y está muriendo a la defensiva. Su deseo por el poder es tal que no escatima recursos para alcanzar la cúspide de sus inalcanzables metas. Ésta es una de las razones por las cuales indefectiblemente cae en una sobrecarga de relatos falsos, incluso contradictorios, incluso esotéricos. Son ‘addicted to lying’ o ‘pathological liar‘ (adictos enfermizos a la mentira) con la finalidad de seguir en el poder. Y en el poder da igual reinado que república.
Todo relato falsario que busca el engaño colectivo para seguir en el poder (en eso Goebbels fue un genio) no solo relativiza los medios para lograr el fin, sino que los medios usados no tienen análisis moral, ético, democrático e incluso legal. El fin del poder manda como único objetivo y no importa si los medios para lograrlos descomponen muy gravemente la sociedad, convivencia, estado de derecho, democracia y bienestar. Para ganar el voto del falso ecologista se relató falsamente y se hicieron leyes que terminaron con el manejo del campo y lo rural por parte de sus gentes. Consecuencia: España arde una y otra vez. Si no ganan con voto nacional, nacionalizan a externos que vivan en la miseria prometiéndoles un paraíso (España) que no existe y no los puede acoger sin orden ni concierto.
Si necesito el voto de los falsos animalistas y de las financieras de las mascotas, lidero la cruzada contra el toreo con el falso relato del maltrato animal. Si necesito del voto del oscurantismo de sotana y alzacuello del PNV, el relato dice que hay que dar más al País Vasco. Mismo reza para los apéndices de los asesinos de ETA… Y, en rocambole, meto en el relato de la progresía un partido a la derecha de la derecha de las derechas, JUNTS, al tiempo que grito el cuidado que viene la ultraderecha.
La ultraderecha no viene. Viene el instinto de conservación, el instinto de los que queremos conservar. Conservadores. Sí. Conservadores de progreso, de una buena economía, conservadores del estado de derecho, del sentido de la tolerancia, de la lealtad, el trabajo… Conservadores de todo eso que el relato llama ultraderecha. La verdadera razón por la cual las personas son conservadoras no es la ideología política. La razón es que sienten apego por las cosas que aman y respetan, y pretenden alzar la voz para preservarlas del abuso y de la descomposición. Conservar el afecto a la familia, a los amigos, al trabajo, a ascender, crecer, a sus religiones, a su ecosistema más inmediato. Que es la democracia, el estado de derecho y la monarquía constitucional.







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