Anulación del concurso de Zaragoza: petardo histórico… y sin toros en San Jorge
Editorial del miércoles 18 de marzo de 2026.
En un extenso acuerdo hecho público por el Tribunal de Contratos Públicos de Aragón, (TACPA), se acuerda e informa a las partes (Diputación de Zaragoza y empresas) que este tribunal declara nulo de pleno derecho, desde su origen, a todo el procedimiento de licitación del concurso por la gestión de la Plaza de Toros de Zaragoza. Antes de entrar en detalle de las causas de esta nulidad, hay que detenerse en que esta decisión del tribunal tiene efectos «ex tunc», por lo que es nulo desde su origen. ¿Qué significa y qué implica esto?
Aplicado a la nulidad de un contrato público, significa que la declaración de nulidad tiene efectos retroactivos desde el momento de su firma. La nulidad “ex tunc” obliga a deshacer todo lo actuado, volviendo a la situación personal y patrimonial previa a la firma del contrato. Es decir, que no hay ni empresa ni pliego ni concurso, por tanto, difícil lo tienen los zaragozanos para ver toros por San Jorge (finales del mes próximo). Una situación lógica, pues el propio Tribunal, atendido al llamado «interés general» (que se dieran toros en esa fecha) aparcó los recursos ahora parcialmente estimados que le llevan a decidir por unanimidad la nulidad de todo el proceso.
Recordamos que el primer recurso de reposición de Nautalia nunca aplicaba la mala fe, sino que se trataba de una leal invitación a la Diputación para que rectificara distintas exigencias con la finalidad de que al concurso de Zaragoza se presentaran el mayor y mejor número de empresas posibles.
Sánchez Quero ha pegado un petardo, como ha pegado un petardo quien no se alió con el toreo y su histórica cohesión
Resulta que ahora, la Diputación y su Presidente Sánchez Quero, tienen un «marrón» por haberlo hecho mal. ¿Qué han hecho mal? Dice el Tribunal que está por ver si ciertas reclamaciones realizadas por las empresas tienen razón legal o no. Cuestiones relativas a libre concurrencia, a la intensidad de las exigencias de la propietaria, a las obligaciones exageradas e intervencionistas… Y queda por ver por qué todo el proceso está viciado al presentar la Diputación de forma errónea, tal y como también hacían ver los recursos de Tauroemoción y Pueblos del Toreo, un concurso calificado como «contrato patrimonial» y no como lo que es, un concurso e «concesión de servicios».
Un matiz muy importante pues son dos tipos de contrato para los que se aplican normas distintas en todos los contenidos y condiciones. Sánchez Quero ha pegado un petardo, como ha pegado un petardo quien no se alió con el toreo y su histórica cohesión y navegó por libre dando la victoria, una vez más, a una administración a la que el toreo y el público de Zaragoza le da igual. Resultado: nuevo concurso, una nueva redacción de los pliegos de condiciones del mismo, más tiempo detenido y Zaragoza sin toros.
Ya era tarde cuando Sánchez Quero publicó el concurso. Era tan tarde que apenas les dio medio mes a las empresas para preparar su oferta y, más aún, los carteles obligados de todo el año. Era tan tarde que salvar el «interés general» era, como anunció Mundotoro, una pretensión casi insalvable. Porque el interés general es que a Zaragoza concurran muchos, los mejores y gane la mejor oferta. Y eso reza para todo el año y para San Jorge. Lo urgente no es siempre lo importante. Lo urgente, toros en San Jorge, iba en contra de lo importante: la mejor empresa para lo mejor en Zaragoza.
No deja de ser curiosa coincidencia, que sin duda lo será, que, a pocas horas de dar por buena la concesión a la empresa ganadora y saberse que Tauroemoción ni siquiera había presentado carteles o programación, se dé a conocer este acuerdo unánime. Porque, siendo sinceros, sin ésta declaración de nulidad, se habría abierto un proceso jurídico de proporciones grandes, muy lesivo en lo económico para la propia Diputación. De esos de los hay que pagar daños y perjuicios millonarios. Ósea, un inmenso problema para Sánchez Quero. En este sentido, el Tribunal les hace un favor a las arcas de la Diputación. Aunque le haga ver que ha pegado un petardo histórico.







