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martes, 20 de enero de 2026
lunes, 19 de enero de 2026
Rafael Ortega, otro torero que se olvidó de su cuerpo. (Parte 2/2). Los Sabios del Toreo
Rafael Ortega,
otro torero que se olvidó de su cuerpo. (Parte 2/2)
Rafael
Ortega no olía –ni quería oler– a torero. Sino que su figura, su memoria, su
entendimiento y su voluntad (como las tres potencias del alma que se decía)
evocaba más bien la de un sabio en Tauromaquia. Tan sobrio y tan luminoso a la
vez como una pirámide de sal.
Rafael Ortega echó el cuerpo en San
Fernando a la par que su espíritu torero. Nació, vivió y se fue en la Isla
entre la luz del campo y la mar. Por compostura y carácter fue un clásico; no
separó nunca sus ojos del pasado. Siendo como era un torero al abrigo de la
Bahía de Cádiz, su toreo tenía en cambio el sabor de la Serranía de Ronda.
Concibió su obra desde la gravedad sin floreos, ni alharacas. La manera rondeña
de torear era la que mejor le cuadraba a su perfil anatómico. Un artista
científico que tenía el toreo en la cabeza, pero alumbrado por el corazón. Su
entrega lo llevó más de una vez al descansillo de la muerte. Sabedor era el
isleño que hay toreros que tienen el corazón en la boca y otros la boca en el
corazón. Que no es lo mismo torear– en la prédica de Gregorio Corrochano –que
saber torear. Y que mientras, hasta que el mundo sea mundo, habrá quienes saben
lo que hacen o hacen lo que saben. El arte de torear al fin y al cabo, se
sublima –entre otras cosas – venciendo al miedo con razonamiento y sueño.
Rafael Ortega, en apariencia, en boca de
algunos, no tenía hechuras de torero ¿Para qué? En su obra queda elocuentemente
desmentida tan triviales observaciones. A la persona –o al artista en este
caso– se le mira por los ojos. Rafael Alberti vio y miró los ojos de Picasso.
Rafael Ortega tenía una mirada torera. Una mirada clara. Una mirada azul
purísima tal el color del terno de torear que le gustaba lucir.
La travesía íntima y sentimental de
Rafael Ortega Domínguez, la hizo siempre en la Isla de su “arma”. A la vera de
su esposa Pepita, con la sonrisa siempre abierta… a pesar del sufrimiento de
ser la diosa amada de un torero que se la jugaba cada tarde. Y los hijos que
siguen la rastra luminosa que dejó un hombre cabal, que se fue de este mundo
–como en el sentir machadiano– “desnudo como los hijos de la mar”. Triunfó.
Alcanzó la gloria a la vez que le castigaron los toros como en los precioso
versos de María del Carmen Feria escritos como si fueran para él: Va por un mar
de cornadas/en su barquito velero.
No era un torero Rafael, no, de duende,
ni de musas parnasianas sino de divinidades cañaíllas como brotadas de los
esteros, de la entraña y espíritu de la tierra y del aire. Toreó como era
–sincero y limpio– y como fruto de un paisaje sureño que iba de la dehesa a las
salinas. Con santa razón escribe otro Ortega –Ortega y Gasset– que: “El
ambiente es uno de los ingredientes de nuestra personalidad, cada uno es por mitad
lo que él es y lo que es el ambiente donde vive”. El torero de la Isla era un
trasunto de su tierra; aunque por su toreo soplaran los vientos de Ronda. Era
un torero enterizo, pero navegante también por los mares de Heráclito.
Armonizaba a la perfección los contrarios. Era antibarroco y romántico. No se
adornaba como torero pero lucía capa española. También era un clásico; pero
dominado por la expresión. Parco y serio en vista de la galería, pero
ocurrente, sentencioso y divertido en la intimidad. Tenía los pies en el suelo
de la misma manera que clavaba las zapatillas en la arena. A través de su
rotundidad física iba y venía un ser entrañable. En su testa cana se cobijaba
la biblioteca de Alejandría de “saberes” taurinos. Un auténtico maestro. Un
antidivo. La impronta del arte modelaba su cuerpo cada tarde.
La suerte de matar de Rafael Ortega era
un monumento viviente de arte efímero y que ha tomado cuerpo y vuelo inmóvil en
una escultura de bronce dedicada a él y que vestirá para siempre su memoria de
luces.
El inolvidable poeta Rafael Belmonte
(hermano del Pasmo) escribió éste rotundo poema inspirado en el torero isleño
llamado La estocada:
Quieta la planta,
derecho
perfila el bruñido
estoque
gira el cuerpo dando
el pecho
buscando gallardo el
choque.
La bestia sigue engaña
el vuelo de la muleta
y el hombre la planta
quieta,
hunde en lo alto la
espada.
La huella del tiempo al son de la
memoria fue tallando su figura de venerado maestro. Un cuerpo más épico que
lírico. Nunca su cuerpo fue vara de mimbre sino fuste de columna clásica,
toscana tal vez. Un cuerpo con mucha vergüenza y sangre derramada (más de una
vez el hada negra de la muerte se lo quiso llevar). Una conjunción del toreo y
la persona: hondo, serio, honesto, sin ventajas. Una pureza con capote y muleta
y supremo con el estoque.
En un tentadero –un torerillo en
ciernes– le preguntó azorado al Pasmo de Triana:
– Maestro… ¿Qué hay que hacer para
torear bien?
No tardó en llegar la respuesta del
genio con su proverbial tartamudeo.
– Mu- mu – mu sencillo; olvídate de que
tienes cuerpo.
Rafael Ortega, otro torero que se olvidó
de su cuerpo. Por eso toreó como toreó. Y con la espada el toro se mataba solo.
Una vez escuché decir a una vieja aficionada en Triana –Esperanza la del Maera–
que mirando el traje de luces vacío de un gran torero es fácil imaginarlo
dentro. Genial. Todas las cosas conservan el alma de sus dueños.
Rafael Ortega, echó un día en el olvido
su cuerpo; pero su recuerdo quedará siempre como una razón incorpórea reflejado
en el espejo de los tiempos.
En San Fernando, la Isla, –con la
vigencia de las gaviotas– siempre darán razón por él. Siempre.
domingo, 18 de enero de 2026
Rafael Ortega, otro torero que se olvidó de su cuerpo. (Parte 1/2). Los Sabios del Toreo
Rafael Ortega,
otro torero que se olvidó de su cuerpo. (Parte 1/2)
La
figura del torero se ha movido siempre desde el arquetipo. A veces, como
concepción simplificada del modelo originario o al variado muestrario de
tópicos y estereotipos. Algunos de ellos fraguados en el siglo XIX al eco del
romanticismo. Tanto la literatura como las Bellas Artes dan fiel testimonio.
El torero juncal, cimbreño, “moreno de
verde luna”, fachendoso; con marcha castiza y abalorios o con todos sus avíos
deslumbraba a la parroquia y sobre todo al mujerío de rompe y rasga. La imagen
del torero bien plantado era connatural a la “gente del bronce” con su espesa
atmósfera de juergas, mancebías, tabancos, timbas y humo. Por otra parte, en el
Cossío, en La Lidia o en cualquier revista de la época se retrata una plétora
de toreros corpulentos ajenos al ideal físico y aparentón: Manuel Domínguez
Desperdicios, (conocido también con el horrendo mote de Jaca Tuerta); Antonio
Carmona El Gordito, Antonio Sánchez EL Tato, José Sánchez del Campo Cara-
Ancha, Luis Mazzantini, Rafael Guerra Guerrita… por no citarlos a todos y que
fueron claves para hilar el toreo. No obstante, –trabajado el tiempo– el torero
se fue mirando poco a poco por dentro. Aquel torero decimonónico que ha tabaco
y a sudor tenía que oler, ha tenido su contraposto en otra imagen alejada de lo
puramente físico. Con otra filosofía u otra estética y ética basada no en la
apariencia, sino en lo puramente sustancial. Aunque hayan habido toreros de
todas las épocas que hayan rendido culto al cuerpo. Pero eso es algo intrínseco
a la persona, sin necesidad de vestirse de luces. En la comedia humana hay un
rico y variado muestrario.
La historia señala a un puñado de
toreros en la otra orilla de la belleza objetiva. De Juan Belmonte decían las
mocitas trianeras “feo en la calle; bonito en la plaza”. A Manolete en sus
comienzos le llamaron “cigarrón vestido de luces”. A Mazzantini, ventrudo
currutaco. A Nicanor Villalta, ya con cierta edad, en Madrid le llamaron
zangolotino. ¡Para qué seguir…! No hay que echar al costal del olvido que la
conformación física del Pasmo de Triana fue determinante a la hora de asentar
el toreo moderno (brazos largos como hechos para torear y piernas cortas y poco
ágiles que sin embargo no fueron rémora para parar el toreo).
La fortaleza torácica de Rafael Ortega
le ayudó con la espada y además dotando a la suerte de un alto valor estético o
plástico. La imagen viril de un hombre haciendo la cruz y volcándose a carta
cabal sobre el morrillo del toro. En palabras de Pemán: “Las maravillas
plásticas del arte de torear tienen una razón estética fuertemente ligadas a
una razón anatómica”. Este aserto se puede ilustrar a la perfección
contemplando –un ejemplo– la media verónica de Belmonte y la estocada de Rafael
Ortega. Sus cuerpos se transfiguran de tal manera que producían aire dentro del
aire. En la quietud fotográfica abunda más la estética –en esa fugacidad del
instante– más que en las imágenes en movimiento. Por eso Rafael Ortega se
alistaba con el mago de Triana a la hora de torear, de ejecutar las suertes. Se
dejaban olvidado el cuerpo en casa y se transformaban en esencia y sustancia.
“Lo esencial es invisible a los ojos” (Saint-Exúpery).
Rafael Ortega, el torero de la Isla,
sabía que era en el corazón donde se anidaban todos los misterios de la vida. O
lo que viene a ser lo mismo: “El arte –según Torrente Ballester– es un juego
con la realidad. Un juego serio porque sale del corazón”. Y más serio todavía
en el arte de torear porque está en juego la vida del artista.
Un primer espada de la crítica Cesar
Jalón Clarito, apuntaba a Rafael Ortega como “un torero de cuerpo espeso,
cuello escaso y en fin, mal conformado”. ¿Qué conformación física tiene que
tener un torero? Que vengan los sabios y echen sus cuentas y lo expliquen. La
historia esta cuajada de toreros magníficos con desigual porte físico: altos,
bajos, anchos, entecos, gráciles, desangelados que han dejado una vida gloriosa
en la Tauromaquia.
¿Quién no recuerda al inolvidable Miguel
Márquez o al mismísimo Ruiz Miguel crecerse ante divisas de gran alzada? Dos
casos claros –por no mentar más– de transfiguración. Se me viene ahora a la
mente (o las mientes) la graciosa observación de una gitana vieja que oyendo
cantar a Silverio Franconetti, en estado de gracia, dijo : “Canta mu bien, mu
bien; paro le encuentro un defecto: que tiene los pies mu grande”.
Siempre con el eterno dilema del fondo y
la forma. Es fácil suponer que no hay fondo sin forma, como no hay forma sin
fondo. Una cosa no excluye a la otra. Un aforismo antiguo dice.” Los ojos para
ver; la mirada para sentir”.
Ángel Fernando Mayo apela también a la
figura de Rafael Ortega como “recia, ancha, no elegante o graciosa, de pajizo
vaquero de los esteros de San Fernando – (¿ ?)– o de rubio marinero de la
escuadra de Nelson” (uno diría más bien de almirante). La concepción de
elegancia en el toreo es un sacramento de difícil administración. De dudosa
vitola. Al valiente torero Cayetano Sanz, por su porte y presencia, lo llamaron
de por vida “ El Petronio del Toreo”. El arte y la ciencia del toreo es gracia
interior, ingénita. Duende o ángel a discreción o buenas maneras o saber hacer
las cosas con donaire; pero nunca elegante. De la elegancia en el toreo al
estilismo o la afectación hay el canto de un duro o de un euro.
Sin embargo, Rafael Ortega era elegante
en la plaza y en la calle. ¡Con qué elegancia natural lucía la capa española!
El que escribe –tuvo la suerte de hablar muchas veces con el maestro– lo
recuerda una noche fría en Alcalá de los Gazules, con motivo de unas charlas
taurinas. Se presentaba el torero impecable. De pronto, vino una racha de
viento a perturbar su cuidada compostura removiéndole violentamente la capa
negra con vuelta roja (que lucía tan airosa como Fuentes Bejarano) y con un movimiento
torerísimo de brazos, –como una especie de galleo– volvió a componer o a
recomponer su figura torera.
viernes, 16 de enero de 2026
El 2026, al completo: las fechas de las ferias esta temporada por Mundotoro
El 2026, al completo: las fechas de las ferias esta temporada
Consulta las fechas de las principales ferias de España y Francia
Mundotoro te trae el calendario taurino de la temporada 2026. Desde febrero hasta octubre con todas las fechas de las principales ferias -aquellas que han definido ya sus seriales-. Una oportunidad para saber ya la planificación de una temporada que comienza por todo lo alto. Así es la temporada 2026 en las principales ferias. ¡Apúntatelas en tu agenda!
FEBRERO
Valdemorillo (Madrid): Del 6 al 8 de febrero
Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo (Salamanca): Del 13 al 17 de febrero
Certamen Kilómetro 0: Del 27 de febrero al 1 de marzo
MARZO
Olivenza(Badajoz): Del 6 al 8 de marzo
Valencia: Del 8 al 19 de marzo
Castellón: Del 8 al 15 de marzo
Illescas (Toledo): 8 y 14 de marzo
Madrid: 22 y 29 de marzo (Corridas de toros)
Arnedo: 21 y 22 de marzo
Villaseca de la Sagra (Toledo): 21 de marzo
Copa Chenel: 28 de marzo
ABRIL
Sevilla: 5 de abril (Domingo de Resurrección); del 10 al 12 y del 15 al 26 de abril (Feria de Abril)
Madrid: 5 (Domingo de Resurrección), 12 (novillada), 19 (novillada) y 26 (Corrida de toros)
Corrida Picassiana de Málaga: 4 de abril
Arles (Francia): Del 3 al 6 de abril
Corrida de la Primavera de Brihuega (Guadalajara): 11 de abril
Feria 3 Puyazos: 25 y 26 de abril
Copa Chenel: 11, 18, 19 y 25 de abril
MAYO
Madrid (Feria de la Comunidad): 1, 2 y 3 de mayo
Madrid (Feria de San Isidro): Del 8 de mayo al 7 de junio
Valencia (Feria de la Virgen de los Desamparados): 9 de mayo
Valladolid (Feria de San Pedro Regalado): 16 y 17 de mayo
Córdoba: Del 22 al 24 de mayo
Nimes (Feria de Pentecostés): Del 22 al 25 de mayo
Vic-Fezensac: Del 23 al 25 de mayo
Jerez: Del 10 al 16 de mayo
Ávila: 30 de mayo
Cáceres: 30 y 31 de mayo (aproximadamente)
Copa Chenel: 3 de mayo
JUNIO
Corrida de la Beneficencia de Madrid: 14 de junio
Madrid: 21 (Corrida de toros) y 25 de junio (Novillada con picadores)
Toledo: 4 de junio
Granada: Del 4 al 7 de junio
Istres: Del 19 al 21 de junio
Plasencia: 13 y 14 de junio
Alicante: Del 19 al 28 de junio
Soria: Del 24 al 28 de junio
Zamora: Del 25 al 28 de junio
Burgos: Del 27 de junio al 3 de julio
Copa Chenel: 13, 20 y 27 de junio
JULIO
Madrid: 2, 9, 16, 23 (Novilladas con picadores) y 30 de julio (Corrida de toros)
Pamplona: Del 5 al 14 de julio
Céret: 11 y 12 de julio
Teruel: Del 9 al 11 de julio (aproximadamente)
Feria de Julio de Valencia: Del 16 al 19 de julio
Bayona: 17 y 18 de julio
Mont de Marsan: Del 22 al 26 de julio
Santander: Del 18 al 25 de julio
Azpeitia: Del 31 de julio al 2 de agosto
Copa Chenel: 11, 12 y 18 de julio
AGOSTO
Madrid: 6, 15, 27 (Corridas de toros) y 20 de agosto (Corrida de rejones)
Pontevedra: 8 y 9 de agosto
Huesca: Del 8 al 15 de agosto
Dax: Del 12 al 16 de agosto
San Sebastián: Del 14 al 16 de agosto
Béziers: Del 13 al 16 de agosto
Málaga: Del 11 al 21 de agosto (aproximadamente)
Bilbao: Del 24 al 29 de agosto
Ciudad Real: Del 16 al 21 de agosto
Almería: Del 24 al 29 de agosto
Cuenca: Del 22 al 27 de agosto
San Sebastián de los Reyes:
Palencia: Del 29 de agosto al 2 de septiembre
SEPTIEMBRE
Albacete: Del 8 al 17 de septiembre
Valladolid: Del 5 al 13 de septiembre
Arles (Feria del Arroz): Del 11 al 13 de septiembre
Dax (Toros y Salsa): 12 y 13 de septiembre
Bayona: Del 4 al 6 de septiembre
Guadalajara: Del 16 al 20 de septiembre
Nimes (Feria de Pentecostés): Del 18 al 20 de septiembre
Murcia: 13, 14, 15, 18, 19 y 20 de septiembre
Arganda del Rey: Del 7 al 15 de septiembre
Villaseca de la Sagra: Del 2 al 10 de septiembre (aproximadamente)
Algemesí (Valencia): Del 19 al 27 de septiembre
Calasparra: Del 3 al 8 de septiembre
Arnedo: Del 28 de septiembre al 2 de octubre
Sevilla (Feria de San Miguel): Del 25 al 27 de septiembre
OCTUBRE
Madrid (Feria de Otoño): Del 1 al 4 y del 9 al 12 de octubre
Zaragoza (Feria del Pilar): Del 9 al 18 de octubre (aproximadamente)
Valencia: 9 de octubre (Corrida de toros)
Jaén: Del 11 al 18 de octubre






