El Mene se suma al presente de Zaragoza
Crónica de la sexta de la Feria del Pilar 2026
Fue la tarde de su alternativa la oportunidad que tuvo El Mene para sumarse al presente de Zaragoza en una época esperanzadora para el toreo en la capital. Para él fue la única oreja tras dos faenas de exquisito trato y templado trato en tarde favorable para pulsaciones fuertes. La última corrida de toros a pie de la Feria del Pilar trajo diversidad de hierros y un festejo para olvidar. Una faena que no dejó indiferente a nadie en un triste final de temporada para Morante de la Puebla, mientras que el lote de Urdiales fue lo más cercano a lo imposible.
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A las 17:47, Zaragoza tenía un nuevo matador de toros: Iker Fernández ‘El Mene’. El ‘azar’ de un sorteo realizado por la mañana dejó los hierros por orden de antigüedad y en la misma colocación que en la cartelería presentada en el mes de julio. Por lo tanto, ‘Hialiano’, de José Vázquez, fue el toro de la ceremonia. Ofensivo y serio por delante, el astado madrileño levantó algunas protestas de salida mirando de reojo a una tablilla que no superaba los 500 kilos. Sin embargo, ya en el recibo a la verónica de El Mene marcó su calidad y clase, siempre con la falta de fuerzas como principal enemiga. Muy centrado comenzó el maño la faena de muleta, con una sutileza en los embroques y en los trazos para no descarrilar los viajes del astado. Ese trato con mimo fue la clave de una tarde cuyos oponentes siempre exigieron hacer el buen toreo. A favor estuvo el público, que supo valorar el buen concepto de El Mene. La estocada en la suerte natural al segundo intento -el primero fue en la contraria con un buen toro- permitió al aragonés cortar una oreja. A la postre, la única de la tarde.
Pero tan pobre balance no entraba en la mayoría de las quinielas antes de la salida del segundo. El toro de Zalduendo evidenció un problema de visión y fue devuelto, empezando el guion de la tarde a coger otro camino que no mejoró con el primer sobrero, con el hierro de José Vázquez. El castaño estaba muy flojo de manos, pero su falta de entrega en la embestida tapada su ausencia de fortaleza. A ello, se unió una mansedumbre poco halagüeña que acabó con un castigo fuerte en varas y unos cuantos capotazos con las manos bajas tantas veces como necesitó el presidente para sacar el pañuelo verde después de que el toro de José Vázquez besara el suelo media docena de veces.
El segundo sobrero llevaba el sobrero de Román Sorando y un máster en los corrales. Ofensivo por delante, astifino, pero de cuerpo más fino y suelto de carnes. El astado jiennense salió perdiendo el objeto en la larga distancia, con extrañas reacciones, que llevaron a Morante de la Puebla a ceder el testigo de la lidia a Juan José Domínguez no sin antes castigar con dureza al astado con tres puyazos que levantaron el cabreo del público, también la ausencia de Morante durante la lidia. Comenzaron los tendidos a corear los lances de Juan José Domínguez, cuyo signo de rechazo fue gasolina para el público. A las 18:35 -casi una hora después- se produjo la ceremonia de una devolución de trastos ya postergada casi al olvido. Salió Morante espoleado, cuando la brevedad de la faena era casi un dogma. En la corta distancia, la embestida del toro era otra -aunque sin desprenderse de su gusto por las tablas- y la disposición del sevillano, muy de verdad y con muletazos de mucha entrega, cambió las tornas, aunque siempre se mantuvo la tensión y división en el público. Una estocada defectuosa impidió que la petición fuera mayoritaria. Saludó una ovación.
La verónicas de Diego Urdiales por el pitón izquierdo al tercero, de Victoriano del Río, marcaron la diferencias en la tarde. El astado madrileño manseó en varas y nunca quiso ir hacia adelante. Se guardó todo y sacó el poder para poner en apuros a Diego Urdiales cuando lo exigió por abajo y en la ligazón. Dispuesto estuvo el riojano a pesar del poco lucimiento del astado, que siempre vino por dentro. Una serie sobre la diestra tuvo mucho mérito. Estocada contraria al segundo intento.
Llegaba Morante de la Puebla al último toro de una temporada de frenético ritmo y desgaste ascendente en el tramo final sin renunciar a las plazas de mayor categoría. No mejoró tampoco la tarde en el cuarto. El astado de Garcigrande no dio grandes expectativas. En banderillas, el público -con guasa- fue coreando los pares de banderillas de Juan José Domínguez. Respondió el torero de plata con raza, colocando los rehiletes en la cara del toro. Entre ese comportamiento del público, cambió la espada Morante y su faena fue breve. Un macheteo para matar al astado. Una estocada casi entera al tercer intento. Caminaba Morante cabizbajo hacia las tablas en medio de una fuerte bronca. Un triste final para un año de grandeza.
Serio y ofensivo fue el toro de Alcurrucén, lastimado en los cuartos traseros, lo que llevó a moverse sobre las manos y afligirse a partir de un tercio de varas en el que el toro se desplomó de manera extraña a salida del segundo puyazo. Como un peso muerto. Sin tener mala intención, el toro de la familia Lozano no pudo embestir con entrega, ni ir hacia adelante, dejando sin lucimiento a Diego Urdiales. Estocada baja. Su regreso a Zaragoza tuvo pocas opciones.
Larga fue la alternativa de El Mene pues tuvo que esperar hasta las 19:50 para la salida del sexto, un toro alto, zancudo y largo de Carmen Lorenzo que sobrepasó los 600 kilos en báscula. Tuvo calidad el toro de la familia Capea, pero justo poder, a lo que había que sumar su propio esqueleto en el esfuerzo para embestir. Impecable fue el trato de El Mene -que había destacado de salida en varios faroles y en un recibo a la verónica- en las primeras series sobre la diestra, con mucha suavidad. El toro de Carmen Lorenzo sacó buen fondo gracias a ese planteamiento y la faena fue a más. Torero y público estaban entregados, hasta que una voltereta cuando iba a rematar la serie más rotunda añadió dramatismo al trasteo, pero fue un punto y aparte. O mejor dicho, punto y final. El de Carmen Lorenzo se afligió, el trato del torero luego no fue igual y se fue a por la espada en un giro de guion. El pinchazo hondo fue al tercer intento, dejando la ficha en un balance rácano a su buena tarde. A las 20:12, Morante acababa su temporada entre la bronca del público. La salida de la plaza y su temperatura fue un golpe de realidad: el invierno ya está aquí. Para el que escribe, con la última crónica de este 2026, ya lo es.









