Puente: el corte de coleta más falso de la historia
Editorial del 4 de noviembre de 2026.
Las grandes figuras del toreo intuyen como nadie el final. Las figuras del momento no tienen esa intuición, pero son conscientes de su final. Los que no alcanzan el grado histórico de figura del toreo ni los galones en su época, prorrogan el día del final a la espera de un milagro. Pero a los toreros, a todos, quien los finaliza es el público. Algunos toreros han manejado el corte de la coleta con una visión de inteligencia sensible superior: por ejemplo, El Juli. Un caso raro de irse antes de que el público le sacara los pañuelos en el andén del tren. Hablando de trenes. El corte de coleta de Óscar Puente es el caso del torero a quien echa el público y realiza una impostación final de lo que jamás tuvo: torería. Léase, decencia.
Los agitadores más peligrosos son aquellos que, siendo agitadores de casta, imitan a los conciliadores con perfecta impostura. Una vez que la desvergüenza tomó categoría de naturalidad, Oscar Puente, petardo tras petardo, insistió en mantener cargo y rango: del ‘no sé qué alivio tendrán los familiares de las víctimas si dimito’ al dimitir ‘por empatía con los familiares’ han pasado apenas una horas. Su patrón, el empresario que lo contrataba a pesar de su indecente cobardía inoperante ante el toro de transportes, afirma que, al cortarse la coleta: ‘lo da todo’. Sí. Los agitadores más peligrosos son los agitadores profesionales que son capaces de vender una decisión económica con el falso humo de la decencia.
Lo de Puente es un corte de coleta por amortización. Por mera economía: resta votos en la cuenta de resultados del 29 de noviembre. Puente quería, como el mal torero, seguir una temporada más. Pero le ordenan cortarse la coleta con la falsa dignidad pública del torero que lo hace en una plaza, afición presente, puñado de tierra recogido y llevado en gesto litúrgico al lugar que ocupa el corazón. Y el beso. Moliére afirmó que ‘la hipocresía es el colmo de todas las maldades’, pero habríamos de recurrir a Nietzsche para penetrar en la mente de Puente/Sánchez: ‘Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía’. Porque este corte de coleta ordenado trata de eso, de blanquear la más soez de las hipocresías con una nueva e ignominiosa hipocresía.
No podemos seguir naturalizando y blanqueando aquello que los españoles, en su trayecto histórico, hemos tenido: torería. Dignidad. Palabra. El único vicio que no puede ser perdonado es el de la hipocresía. El arrepentimiento del hipócrita es hipocresía en sí misma, porque no existe el arrepentimiento en el hipócrita. Asistimos a un corte de coleta por intereses económicos, la mengua de votos en unas elecciones, y no a una retirada por decencia. Hace mucho tiempo que el público ya había echado a Puente, como echan a los toreros que huyen de su torería. Hace mucho tiempo que los públicos y aficionados echaron a PS, que no se corta la coleta porque se cree un cruce genético superior de Gallito, Belmonte, Manolete y Ordóñez. Y sólo es una impostación cobarde de la valentía que indigna a un traje de luces. Y ese traje de luces es la propia España.


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