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jueves, 30 de marzo de 2023

Barcelona nunca existió. Artículo de opinión de C.R.V.

 


POR C.R.V.

Nunca sucedió Barcelona. Porque aquello de lo que jamás se habla, nunca pasó. Y, de los diez años de ausencia de toros en La Monumental, lo que me humilla en collera con lo que me avergüenza, es el silencio que nos hemos impuesto. De las dos prohibiciones sobre toros en Cataluña, una no es cierta, pues la Constitución ya prohibió la prohibición. La segunda es la que duele, cansa, derrota y achica: nuestra propia prohibición, la del silencio impuesto para no mencionar aquello que nos da vergüenza al haber abandonado nuestra biografía de toros, toreros y cultura.

Lo que más me frustra, es esa tendencia en pendiente veloz que el toreo jamás tuvo y de la que ahora tiene patente. Nos imponemos una amnesia sobre nuestro pasado, negamos lo que nos trajo hasta aquí y pasamos la goma de borrar sobre la grandeza, la inmensidad de las emociones de la Monumental, goma de borrar sobre la sangre vertida de los toreros, sobre los años de una convivencia cultural civilizada. Y de tal forma lo hacemos que, como quien desea ocultar su propia biografía, la falsea, la transforma, la niega en una amnesia tan cobarde como inhumana.

‘Una gran parte de toreros del escalafón jamás hicieron el paseíllo en Cataluña. Roca Rey entre ellos. (..) Un olvido insistente, una amnesia, un silencio: nunca pasó. Nunca luchamos por ese derecho en Barcelona porque Barcelona nunca fue. En la biografía humana individual y colectiva del toreo, Barcelona ya no existe’

Somos nosotros, toreros, ganaderos, empresarios, aficionados, público, prensa, los que nos prohibimos nuestros propios toros. Los prohibimos porque, ahí está Barcelona, ni siquiera tenemos la decencia de hablar de ella. Una generación entera ya no sabe de un derecho a la civilización de toros en Cataluña. Esa es la más vergonzosa prohibición.

En estos tiempos, al lado de cada día pasan toreros nuevos, apoderados nuevos, taurinos nuevos… junto a los que quedan de siempre y en ellos hay una quiebra de ADN de la biografía del toreo, que es su memoria, su cultura, su civilización de hace muy poco tiempo. Es como si hubiera aparecido de repente un lenguaje nuevo que desconozco para el toro, para el toreo y para las relaciones humanas del toreo. Posiblemente estemos en tránsito hacia unos tiempos en donde el toreo haya de vivir sin su propia cultura. Sin su educación mamada o aprendida. Sin su biografía. A partir de esta nueva pésima educación taurina, se pierde nuestra cultura y renegamos de Cataluña y Barcelona en apenas 10 años.

Una gran parte de toreros del escalafón jamás hicieron el paseíllo en Cataluña. Roca Rey entre ellos. Una gran parte de ganaderos jamás lidiaron y una grandísima parte de los públicos y aficiones de toros nunca vieron toros en Cataluña. Un olvido insistente, una amnesia, un silencio: nunca pasó. Nunca perdimos nada porque jamás pasó. Nunca luchamos por ese derecho en Barcelona porque Barcelona nunca fue. En la biografía humana individual y colectiva del toreo, Barcelona ya no existe.

‘Aplicando el paso de la goma de borrar sobre lo que no nos han prohibido, porque no se puede prohibir la ley ni la Constitución, nos iremos de Cangas en silencio sin dar la novillada, nos callaremos en Gijón, y, en nada tendremos una nueva biografía de nuestra civilización de toros. Asturias nunca fue, las Islas jamás fueron, Cataluña no fue nunca y más de los 750 pueblos y ciudades de España que ya perdimos porque nosotros los prohibimos, nunca existieron’

En este derroche de capacidades incapaces sobre las urgencias andamos mirando el pliego de Madrid, el balance de Sevilla, las cuentas de otro lugar, si hoy lidio o no, si se llevarán la corrida apartada, si llegaremos a fin de mes o sólo al final de la semana, si le quito esta plaza a fulano o si mengano va a ir con el otro a licitar. Es la mejor definición de un derroche ingente de capacidades inútiles. Porque, en esa urgencia de visión defectuosa, se nos va todo el Norte de España de nuestra civilización, y el noroeste y el noreste. Y aplicaremos la misma amnesia curativa para no sentirnos culpables de nuestra no grandeza. Un mundo donde se muere con tanto honor y de una vez se gestiona desde una muerte lenta, cansina y lánguida, vergonzosa y sin honor. Qué paradoja.

Y, aplicando el paso de la goma de borrar sobre lo que no nos han prohibido, porque no se puede prohibir la ley ni la Constitución, nos iremos de Cangas en silencio sin dar la novillada, nos callaremos en Gijón, y, en nada tendremos una nueva biografía de nuestra civilización de toros. Asturias nunca fue, las Islas jamás fueron, Cataluña no fue nunca y más de los 750 pueblos y ciudades de España que ya perdimos porque nosotros los prohibimos, nunca existieron.

Este artículo es inútil, hasta estúpido. Le interesa a una minoría tan reducida que casi da lástima. Lo escribo, quizá, para auto exculparme de esa noche de la última corrida en Barcelona, cuando no era capaz de escribir nada y salió esa crónica titulada “Cosas que no caben en un entierro”. No la quiero leer no sea que, en su día, la palabra entierro sea la madre de todas las claves de un toreo y sus gentes, apegadas a la amnesia, prohibiendo mencionar su propia grandeza biográfica. Incapaz de mirar a otra cosa que no sea esa urgencia que se asemeja a la que tiene una familia con sus gente en paro, con sus oficios desaparecidos y con el casero reclamando la deuda.

2 comentarios:

  1. Francesc Cornadó Estradé30 de marzo de 2023, 10:51

    Había muchos barceloneses aficionados a los toros, ahora hay muchos barceloneses que no saben qué cosa es esa de los toros. Las autoridades ya se han ido encargando de borrar la memoria.
    La Monumental de Barcelona se cae de vieja y descuidada, es como esta cultura de Barcelona que también se cae de vieja y manipulada.
    Salud

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    1. Barcelona fue uno de los bastiones de la tauromaquia en la España republicana, ahora los que piden república parece que la quieren a la carta, dictatorial por un lado y permisiva con la delincuencia por otro, siempre bajo el signo de la autocracia. Pero el artículo y el video son más explícitos y cultos que mis letras.
      Salud.

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