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miércoles, 12 de octubre de 2011

El presente y la historia

Sólo cuando se concede el reconocimiento de la intemporalidad se advierte el valor del pasado. Nuestro más grave error es el de suponer lo nuevo como válido, sin restricciones de ninguna especie, y, por consiguiente, estimar lo pasado como carente de mérito o de significado. Manejar la historia como un mero repertorio de errores a corregir en el presente, es desconocerla. Lo que cambia no es la historia sino el hombre, y no únicamente por estar inmerso en la historia, sino porque, además, es historia. La vida humana, en consecuencia, tiene una dimensión esencialmente histórica, su sustancia es la historia, la historia es la vida misma. Esa realidad presente de cosas y personas constituye un complejo de relaciones vitales. Cada cosa u objeto no es más que un ingrediente de ella, de tal forma que es a través de los objetos como adquiere sentido. Es la vida quien se sirve del individuo para crearle su propio mundo.

6 comentarios:

  1. En la primera parte de tu entrada coincido contigo. No puedes juzgar la historia pasada con las circunstancias del presente. Así por ejemplo, el llamémosle "respeto" por el cabeza de familia, era porque si se ponía malo y no podía trabajar, como no había seguridad social, bajas laborales, etc., las familias rápidamente se empobrecían y caían en manos de los usureros y podían terminar de la forma más lamentable. Por eso lo cuidaban tanto.

    En cuanto a la segunda parte, no lo veo tan claro. A pesar de diversos avances científicos, sociales, etc., no veo que la naturaleza humana haya cambiado. Me refiero a que las pasiones que nos mueven y las miserias morales, no me parece que hayan cambiado. Vamos, que avaros y sinvergüenzas de todo pelaje hay en todas las épocas.

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  2. En parte le doy la razón a Pepe, el hombre siempre se guía por las pasiones y la naturaleza humana (dixit Miss Marple) es la misma en todas partes; pero sí que se cambia y se evoluciona, afortunadamente, y si bien se pierden algunos valores hay otros que toman mucha más relevancia y más merecida.
    No sé si vas por ahí, Pitt, porque hoy vengo tan agotada que he tenido que leer tres veces tu entrada para enterarme de algo.
    Espero que hayáis pasado unas estupendas fiestas, ya vi algo en la tele y me acordé de "El Misántropo Digital" mucho.
    Besitos.

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  3. Estoy con Pepe, el hombre es él y sus circunstancias. En sociedades dónde la gente tiene las necesidades básicas cubiertas y una buena seguridad social y prestaciones y en general un sólido estado del bienestar (no sé dónde pero algo así debe haber en algún lugar) los valores morales son más fuertes, horroriza más la violencia, la tortura y el dolor. En lugares dónde eso es moneda de cambio puede horrorizar pero no del mismo modo, la gente es más dura y tosca. La gente es la misma pero actúa de un modo u otro sobre lo que tiene o lo que le falta.
    La educación desde la infancia es importante en cualquier sociedad. Y siempre se la minimiza porque los resultados son a largo plazo y sólo somos capaces de aceptar las gratificaciones inmediatas.

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  4. Excepto por la prohibición de fumar en los sitios de ocio y diversión no veo muco cambio en el sentido ético de la palabra, pero reconozco que Pepe Deapié (diferente persona que Pitt Tristán, en favor de su persona) será quien tiene razón, aunque no era intención de razones el post sino de reflexionar en voz alta, quizá, eso sí, de manera un poco confusa porque de un tiempo a esta parte tengo más preguntas que respuestas. Y más que preguntas, extrañeza.
    En cuanto a lo que comenta Hou sobre los "resultados a largo plazo" y las "gratificaciones inmediatas" me parece que cualquier acción, por definición, deja un residuo de insatisfacción, por lo que se impone preguntarse por la "calidad" de dicha insatisfacción ¿es solo la tristeza (post cohitum, vamos a decir) por haber alcanzado lo largamente esperado? ¿O bien es la constatación de la distancia entre lo obtenido y lo realmente anhelado?

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  5. Ay la historia, de la que nunca aprenderemos y debíamos aprender. Me encanta esa perspectiva que propones de analizar la historia a través de los objetos que la conforman. Un saludo.

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