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jueves, 14 de mayo de 2026

Madrid. 14.05.2026. Castella, Daniel Luque y David de Miranda. Toros de El Parralejo

 

Luque evita un bostezo crónico

Crónica de la sexta de la Feria de San Isidro 2026

La corrida de Vellosino que vino a sustituir la anunciada de El Parralejo fue un conjunto de grandes huesos en largos cuerpos que negaban cualquier probabilidad de embestida curva capaz de seguir la muleta con raza. Rescatada en el campo a última hora, con remate dispar y preparación escasa, sumió la tarde en un bostezo crónico. Sólo Daniel Luque levantó la tarde en una faena de convencimiento que terminó convenciendo al público y al toro. Sin opciones para Sebastián Castella y David de Miranda.

Video:


Ficha del Festejo:

Hierro de Vellosino - España

Plaza de toros de Las Ventas (Madrid). Sexto festejo de la Feria de San Isidro 2026. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Vellosino, desiguales de presentación, de hechuras y de remate. Corrida de mucho hueso, alzada y largura. Justos de poder y de raza. Muy deslucidos.

SEBASTIÁN CASTELLA, de grana y oro: silencio y silencio tras dos avisos.

DANIEL LUQUE, de lila y plata: palmas tras aviso y ovación tras aviso.

DAVID DE MIRANDA, de tabaco y oro: silencio y silencio.

Habrá quien piense esta noche que el problema fue la corrida. Que el desastre lleva el hierro de Vellosino marcado a fuego en el costillar. Que la tarde murió de aburrimiento por culpa de una mansedumbre anestesiada, de una falta de transmisión desesperante y de una condición impropia para una plaza que venía lanzada cuesta abajo desde hace demasiados días. Y claro que la corrida tuvo mucho de eso. Pero antes de cargar las tintas sobre el ganadero convendría mirar hacia el despacho donde alguien decidió que una corrida prevista para el 6 de agosto debía acabar apareciendo en pleno San Isidro. Porque hay decisiones que no solo condicionan una tarde: coronan a quien las toma. Y el autor de semejante ocurrencia vive, sin duda, en un universo para lelos.

Porque lo extraordinario del asunto es que aquí no terminó contento absolutamente nadie. Ni el ganadero, convertido desde ya en muñeco del pim-pam-pum colectivo. Ni los toreros, que han consumido una bala sin posibilidad alguna de rentabilizarla. Especialmente un Daniel Luque que se despedía hoy de Madrid y que habrá sentido que le cambiaron la pólvora por arena mojada. Ni el público, condenado durante dos horas a ese bostezo espeso que producen las corridas que ni rompen ni se derrumban del todo: simplemente se arrastran. Como esos invitados pesados que no saben cuándo marcharse.

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