
“Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno (...) No es aconsejable para todos leer las páginas que seguirán...” Así, con esta advertencia, Isidore Duccase (Conde de Lautréamont, como prefirió darse a conocer), comienza la obra que se convertiría en una de las bases de la literatura moderna. Los Cantos de Maldoror, es básicamente una gran protesta contra la condición humana, un relato entre Maldoror y el ser supremo y una batalla entre el hombre y el medio que lo limita. Ducase, cuando explica el propósito que lo llevó a escribirla, dice: “Mi poesía consistirá en atacar al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador, que no hubiese debido engendrar esa carroña”, de lo que se desprende su oposición a la barbarie y la clara conciencio que lo habilita para jugar con el mal, el bien y la relación que los unifica.
Humor negro en donde el horror y la crueldad alcanzan lo grotesco, sin duda la obra de Lautréamont está destinada a sacudir, a impactar al lector, a invocar lo maligno y dejar que se descalifique por sí solo en una especie de hipótesis absurda. Así, según Duccase: “La risa, el mal, el orgullo, la locura, aparecerán por turno, entremezclados con la sensibilidad y el amor por la justicia, y servirán de ejemplo a la estupefacción humana.
Dicho y hecho. Te dedico, querido Valladares, esta entrada. Cuánto daría por convertir este blog en Los Cantos de Mundodolor, donde la mayoría somos esclavos, personas humilladas, hombres y mujeres manejados por los intereses de unos pocos, sometidos a leyes para todo que solo cumplimos los desheredados.
Por favor, criticad esta postura, argumentad contra ella, que si alguien se da por aludido, me meta caña, en mis opniniones, por ejemplo, contra la hipocresía asquerosa de la derecha, la vendida actitud de la izquierda, las gilipolleces de los que se empeñan en culpabilizar solo a los políticos, como si solo ellos mandaran; en que el trabajo es una mierda, ni te respetan, ni lo valoran... Bueno ¡que tengo ganas de un poco de marcha!