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domingo, 5 de enero de 2025

Filosofía de las corridas de toros. Francis Wolff

 


Las corridas de toros han inspirado a los mayores artistas y a muchos teóricos, pero hasta ahora nadie se había aventurado a filosofar sobre ellas. Ése es el desafío que ha aceptado Francis Wolff. Al leerlo, se entiende que las corridas de toros, por tener relación con los valores éticos e inspirar una nueva definición del arte, son un magnífico objeto del pensamiento. Las corridas de toros son una lucha a muerte entre un hombre y un toro, pero su moral no es la que se cree, pues ninguna especie animal vinculada con el hombre tiene una suerte más envidiable que la del toro, que vive con total libertad y muere luchando. Las corridas de toros son también una escuela de sabiduría: ser torero es una forma de estilizar la vida propia, exhibir el desapego respecto de los azares de la existencia y prometer una victoria sobre lo imprevisible. Además, las corridas de toros son un arte. Dan forma a una materia bruta, la embestida del toro; crean belleza con su contrario, el miedo a morir; y exhiben una realidad que las demás artes sólo pueden soñar.

martes, 19 de noviembre de 2024

Wittgenstein y la estética

 


En un lacónico aforismo en su "Tractatus", escribió Wittgenstein que "ética y estética son lo mismo". El imperativo moral consiste en hacer de la vida una obra de arte. Éste es el sentido moral de la idea orteguiana de la vida noble, de la vida ascendente, en forma. En Ortega la estética trasciende el ámbito del arte hasta alcanzar el de la moral y la política.

viernes, 3 de marzo de 2023

El dilema de "El bebé o el perro". Lectura obligada para los animalistas.

 

El dilema de 'El bebé o el perro'

Vozpópuli publica en exclusiva un capítulo de ‘Filosofía andante’, de David Cerdá



Hay un clásico dilema moral que suele exponerse en estos términos:

Un edificio arde en llamas y tu perro está dentro. Entras para salvarlo y descubres al bebé de tus nuevos vecinos, a quien aún no conoces. El inminente derrumbe del edificio hace que solo puedas salvar a uno. ¿Salvas al bebé o al perro, y bajo qué premisas morales?

Tal vez le sorprenda saber, querido lector, que en las últimas ocasiones en que el dilema se ha planteado en las redes sociales la elección ha terminado muy reñida, rozando el empate. Sabemos que responder en la frialdad de una pantalla a una cuestión como esta no es igual que decidir en una situación viva, y que Twitter y las demás plataformas no son un espejo perfecto de la sociedad, pues además hay mucho guasón que se pronuncia sin otro fin que meter el palo en candela. Pero ciertamente se leen cientos de justificaciones de la elección del perro, y lo mismo se escucha en el "mundo real", ya que estamos. De modo que esas elecciones y justificaciones no son para tomarlas a broma, e importa aclarar por qué es objetivamente inmoral decantarse por el perro. Especialmente en un país, el nuestro, donde ya hay unos 30 millones de mascotas, unas cinco veces más que niños menores de catorce años.

Lo primero que hay que explicar —porque hay que explicarlo todo— es qué es la moral o la ética: la reflexión y las propuestas en torno a la vida buena. La calidad, en términos morales, de una decisión, se mide contra ese fondo, la cuestión de qué es justo y bueno. Así pues, cuando se tratan cuestiones morales, se está ya en un terreno exclusivamente humano, porque solo nosotros nos preguntamos qué está bien y qué está mal, y si la vida merece la pena. Los animales no se hacen esa clase de preguntas: viven y se reproducen (saben del sexo, pero no de la sexualidad, para entendernos), y en su mundo no hay "razones" ni "principios" (eso se pedía en el dilema), sino solo "causas" y "consecuencias". Por supuesto, los perros tienen deseos, afectos y preferencias, pero el cerebro no les alcanza para casi ninguna de nuestras sofisticadas sutilezas, como la libertad o la responsabilidad, la democracia o el arte.

Lo segundo que hay que entender es que la base de la ética es triple: la dignidad, el altruismo y la conciencia. La piedra basal de toda reflexión moral es que el ser humano tiene una conciencia que le hace preguntarse qué es justo y bueno, que todos los seres humanos compartimos una dignidad inviolable y que solo somos plenamente humanos cuando salimos de nosotros mismos. La dignidad es el lujo que se concede la especie humana de elevar un ideal humanitario a ley moral, un principio que se impone a la natural ley del más fuerte. Los perros ya no conviven con los suyos: los hemos domesticado hasta convertirlos en seres casi asociales respecto a los de su misma especie. Pero si viésemos a unos perros de nuevo salvajes —es decir, no sometidos a nosotros, perros que ya no estuviesen bajo nuestra responsabilidad— veríamos cómo abandonan al individuo de su especie que no puede valerse por sí mismo. Solo nosotros salvamos a los seres "evolutivamente inviables". Los perros no tienen dignidad, y tampoco más derechos que los que nosotros les otorgamos, porque los derechos, la dignidad y la moral son inventos humanos. En cuanto al altruismo, quien elige a su perro en vez de a un bebé escoge en función de lo que le conviene, y no de la pérdida objetiva que se produce, mucho mayor en sus vecinos y padres de la criatura que en el perro. Para un ser humano en sus cabales, perder un hijo jamás será como perder una mascota (del francés mascotte, "amuleto"); basta preguntar a quien haya tenido que pasar por ambos trances.

Los perros sienten afecto por sus amos, pero no los aman, porque el amor es un acto que implica libertad

Se entiende que a un perro la dignidad le queda grande cuando se analizan estas cuatro experiencias: pensar, sentir, sufrir y amar. Claro que los perros —y más los delfines— piensan, sienten, sufren y aman. Pero lo hacen a un nivel tan dispar respecto a nosotros que necesitaríamos cuatro verbos distintos para reflejar lo que ocurre en el cerebro de un perro o un delfín cuando piensa, siente, sufre o ama. Como sabe cualquiera que conozca lo esencial sobre zoología, cognición y cerebro, "mi perro piensa" es una frase ridícula al lado de "Manolo piensa", incluso si resulta que Manolo es un memo. Y lo mismo cabe decir del sentimiento, que en nosotros tiene una complejidad y alcance muy diferentes a los de un perro, que se queda más bien en el ámbito más básico de las emociones. Los perros sienten afecto por sus amos (y además mucho; pueden llegar a ser admirables), pero no los aman, porque el amor es un acto que implica libertad y no se puede amar a quien es tu dueño. Es bien extraño que haya quienes defiendan la ausencia de cualquier dominación en la pareja y hasta el «amor libre» al tiempo que afirman que las mascotas «aman».

 

Perros y 'familismo amoral'

Casi todos los perros que pierden a sus crías, tras una tristeza transitoria, siguen sin más adelante; para muchas personas es una quiebra descomunal en sus vidas. Sentimos más, sentimos diferente. Y es que sufrir y amar son experiencias que cambian diametralmente cuando eres responsable y mortal, esto es, cuando decides y tienes conciencia de la muerte, y por lo tanto del futuro que pierdes cuando desapareces. Los animales no deciden, aplican programas instintivos, ni escogen fines para sus vidas. El ser humano sí los escoge, sí decide, y es por ello el único ser que se suicida. Los animales solo llegan a sacrificarse, que es muy distinto; no se preguntan si vivir trae a cuenta, y así pues no existen, sino que sencillamente viven. El perro que da la vida por su amo realiza un acto encomiable, pero incomparable con el de un ser humano que da la vida por otro. Y por eso los animales no son responsables ni culpables de nada, no se les pueden imputar delitos, y, en fin, son amorales.

Naturalmente, hay personas que merecen vivir menos que los animales. Pero ese debate es otro, diferente al que afecta al inocente bebé y nuestro perro. Tampoco es esa la cuestión que se le plantea a quien tiene un deber de socorro a un desconocido; ¿o acaso no habría que lanzarse a un río a salvar a quien se ahoga hasta tener su currículo y saber si se lo ha ganado? También importa saber, porque por ahí se perdieron muchos, que la decisión moral no es "racional" en vez de afectiva, sino justamente sentimental: en esencia, las personas con buen juicio moral han desarrollado determinados sentimientos morales, como la compasión o la vergüenza, y actúan en consecuencia. No es que quien elija salvar a su perro "se guíe por el corazón frente a la cabeza", sino que es alguien con el corazón ineducado en términos morales. Salvar al perro o al bebé se decide en segundos; precisamente por eso en situaciones críticas la moral es un resorte, y depende de haber desarrollado los automatismos adecuados. Tiene el corazón más grande, precisamente, quien con dolor renuncia a su perro y hace lo que debe.

Es muy difícil convivir con gente que no reconoce otra guía que la de sus propiedades y afectos

Hay una ley que penaliza la omisión de socorro; pero la cuestión legal difiere de la ética. Con todo, si hemos legislado aproximadamente el supuesto, tal vez se deba a que nos pareció buena idea poner a los seres humanos por delante de los perros porque contribuye a la convivencia, es decir, a la vida buena en la polis. Esa prelación humano-animal que inspira a la ley sería así pues ética respecto a la polis (un principio político). Lo cual hace un poco más confuso que haya quien considere a su perro, sin el "como" inicial metafórico, "un miembro de la familia". El politólogo Edward C. Banfield lo ha llamado "familismo amoral". ¿Familiares que se compran y se venden y se castran y se amarran con una correa? Eso parece: muchos justificaron elegir al perro en esos términos —"elijo al miembro de mi familia por delante de un extraño"—, sin saber, aparentemente, que al soslayar ese salto de dignidad que existe entre el humano y el animal se estarían comportando inmoralmente, vulnerando un principio de conciencia y otro de convivencia —uno ético y otro político—, principios que en casos así nos obligan por encima de nuestros afectos.

Esa forma de inmoralidad llamada emotivismo moral está más fuerte que nunca. Junto al relativismo, es una de las larvas que están royendo moralmente por dentro nuestras sociedades, comprometiendo la convivencia. Max Stirner, ideólogo del egoísmo, cierra la introducción a El único y su propiedad con esta sentencia: "No admito nada por encima de mí". Es muy difícil convivir con gente que no reconoce otra guía que la de sus propiedades y afectos. Tanto en Grecia como en Roma —y después en Virginia y París—, la democracia nació sobre bases enteramente distintas y específicamente morales: el reconocimiento de que hay principios universales que nos obligan por encima de nuestras inclinaciones e intereses personales. Si el criterio único de actuación fuese el afecto, ¿por qué iba nadie a hacer nada por un desconocido, asumiendo inconvenientes o riesgos, puesto que no hay afecto más fuerte que el que se siente por uno mismo?

Toda sociedad tiene el deber de educar a sus miembros, además de para realizar un oficio de provecho, para que puedan tomar buenas decisiones. Uno de los aspectos cruciales de nuestro ámbito de decisión es el ético, actuar con justicia. Algo tenemos que estar haciendo mal para que hoy haya tantos relativistas y emotivistas (in)morales. En este campo, dar por sabidas las cosas tiene el mismo efecto que en otros: retrocedemos. El conocimiento ético, como el de cualquier otra clase, avanza; y aunque muchos crean que es "sentido común", ya hemos dicho hasta qué punto este es un sentido grosero. Hasta hace un cuarto de hora, como quien dice, nos pareció "de sentido común" que la gente con la tez oscura pudiese ser esclavizada, que la religión se impusiese y que fuera inmoral que cada cual decidiese con quién podía acostarse. Y he oído que aún hoy hay muchos sitios donde la lapidación por adulterio o la ablación se consideran actos de justicia. A la vista está que para desarrollar un robusto juicio moral hay que estudiar, pensar y debatir en un marco juicioso previo al guirigay de las redes. O devolvemos la ética a las aulas o la proliferación de emotivistas y relativistas arruinará nuestra convivencia.

lunes, 22 de marzo de 2021

Historias de mi abuelo. Damnatio memoriae.


 

"Damnatio memoriae", me odenaba mi abuelo.

"Bórralo de tu memoria".

Olvida al enemigo del pasado. No pienses en él, no hables de él, no escribas de él, no vuelvas al lugar donde fuiste herido.

domingo, 21 de marzo de 2021

La vanidad

 


“The last infirmity of a noble mind”: la última flaqueza de una mente noble. Es lo que dice Milton de la vanidad.
 Hasta los mejores hombres tienen su granito de vanidad. Lo cual quiere decir que, cuanto peor es un hombre, más vanidad tiene, y que los peores son solo vanidad.

martes, 16 de marzo de 2021

Bienaventurados los que ven



Bienaventurados los que ven más allá y nos lo transmiten sin vanagloria. Y bienaventurados quienes esquivan el cenagal de la autocomplacencia y alcanzan a decir, como Claudio Magris que "saber ser y seguir siendo alumnos no es poca cosa, es como ser ya casi maestros".

viernes, 19 de febrero de 2021

La igualdad

 


Procusto era según la mitología griega un posadero que vivía en las colinas del Ática. Los desgraciados a los que ofrecía alojamiento eran invitados a tumbarse en su lecho de hierro. Una vez allí, Procusto los amordazaba y ataba a la cama y, a continuación, los estiraba a martillazos si medían menos que él, o les aserraba las piernas si medían más. Ignoramos cuantas víctimas perecieron a manos de Procusto hasta que Teseo, con buen criterio, acabó con él.

Sin embargo, ni Teseo ni nadie ha podido acabar con nuestra propensión igualitaria.

Pero, como es un tema muy largo, solo quiero hacer esta reflexión: tomemos nota del narcisismo de Procusto, no solo quería que todos los humanos fuésemos iguales, sino que debíamos ser iguales a él.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Otras maneras


6+3=9 pero 5+4=9. La manera en que hacemos las cosas no es la única manera de hacerlas. Respeta la manera de pensar y de hacer de las otras personas.

viernes, 30 de octubre de 2020

La pobreza



 Una canción española dice que cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana. La pobreza es algo terrible porque priva de bienes materiales que hacen la vida más fácil, menos dura, incluso más divertida y, a la vez, priva también de medios para preservar una intimidad. Incluso podríamos decir que éste sería un indicador todavía mejor que el de la renta: cuanto más pobre se es de menos intimidad se dispone. Cuando se es muy pobre se está sobre la acera expuesto a las miradas de todo el mundo, cuando se es menos pobre se vive con otras nueve personas en una misma habitación. Cuanto más se sube en la escala social más se dispone de un espacio íntimo. La pobreza también priva del acceso a los bienes culturales y a todo lo que eso puede representar, como los intercambios que se tejen alrededor de esos bienes. Un bien cultural no sólo es algo que puede hacer bien a cada uno de diferentes maneras, tanto en el ámbito del saber como en el de la construcción de sí, sino que es también un objeto en torno al cual permite intercambiar. La pobreza priva de todo esto y seguro que también de otras cosas que en este momento olvido. La pobreza expulsa al amor por la ventana y quien sabe qué más.

sábado, 17 de octubre de 2020

Todo azul


Tras el fin del mundo todo volverá a ser azul.

El azul es un color especial. Género blue en evocación a la música doliente y la melancolía del desvanecimiento o la desaparición.
En realidad todo el espacio es azul. El cielo es azul, el mar es azul, el planeta es azul. Pero es azul, precisamente, durante el bienestar o la paz por acumulación del vacío sereno. Desaparecidos los hombres todo volverá a ser azul.

jueves, 8 de octubre de 2020

Oh, Fortuna



El viejo lema de los humanistas cívicos florentinos, 'Virtú vince Fortuna', indica solamente que la virtud incrementa las posibilidades de conseguir aquellos bienes que requieren esfuerzo, trabajo y sacrificio, pero desgraciadamente no garantiza nada.

Sólo un necio redomado ignoraría el protagonismo que la Fortuna tiene en todas las cosas humanas y a medida que uno avanza por el camino de la vida la certeza del imperio de esa diosa sobre nuestros destinos se confirma aún más. Conocerse es reconocer que los éxitos parciales obtenidos en el curso del tiempo han dependido en gran medida de un encadenamiento de circunstancias que escapaban al control propio y son por tanto indiferentes al mérito personal. Pero cuidado con ofuscarse y creerse predestinado al triunfo. Las Moiras preparan para cada uno de nosostros un lote personalizado en el que la buena suerte tiene una tasa máxima irrebasable mientras que la proporción de la mala es potencialmente sin tasa.

Corolario de lo anterior es que el mundo es injusto, no retribuye la virtud, se complace en desbaratar los planes humanos y está gobernado por una arbitrariedad ciega y estúpida.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Dolor


 

Seguro de fascinar al alumnado, el profesor nos contaba la historia del escorpión que, atrapado en un círculo de fuego, se clavaba el aguijón a sí mismo porque prefería la muerte al dolor. 

Cualquier cementerio convencional confirma que el ser humano tampoco está por la tarea de sufrir: allí todo el mundo descansa por fin en paz. Yace uno confortablemente muerto, disgregado de su conciencia y sus sentidos, imposibilitado de tocar el arpa y saborear el vino, pero por lo menos libre de dolor. El dolor es mala manera de contemplar amaneceres y no hay peor dolor que el que perfora a uno mismo. Un dolor pasajero te rompe una tarde. Un dolor crónico es la medusa que, nadando dentro de tí, consiste en tu vida enteramente.

El dolor no sirve para nada, más que para sufrir, pero a partir de ahí puedes plantear las cosas con mucha conciencia, te puede dar conciencia de todo, percibimos a partir del dolor.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Olvidar

 

En su "Memorias del subsuelo", Fiàdor Dostoievski escribió: "Todas las personas decentes mantenemos ocultas ciertas cosas en alguna parte recóndita de nuestra mente porque tenemos miedo de revelarlas incluso a nosotros mismos".

Olvidar tiene mala fama. Cuando no recordamos algo lo achacamos a nuestra mala memoria, sin embargo algunas investigaciones recientes afirman que olvidar es una actividad esencial que complementa a la de recordar, borrando lo superfluo y lo específico, nuestro sistema nervioso nos abre a lo imprevisible. En una sociedad que casi nos obliga a recordar personas y vivencias, la ciencia y la filosofía defienden el aspecto creativo y liberador del olvido.

La verdad es que el olvido, además, cura muchas heridas de la vida. Es fácil entender que olvidar alivia la tristeza de la pérdida de un ser querido. También nos ayuda a perdonar los agravios y a recuperar el entusiasmo después de sufrir alguna calamidad. Distanciarse de un ayer penoso facilita el restablecimiento de la paz interior, y anima a "pasar página" y abrirse de nuevo al mundo. Para las personas marcadas por fracasos o infortunios inolvidables, el desafío es explicarlos y entenderlos desde una perspectiva más lejana, menos personal, más amplia. Por ejemplo, aceptar que el sufrimiento y la humillación son elementos inevitables de la vida.

martes, 8 de septiembre de 2020

Debate: 'cerrando el círculo' o '...como queríamos demostrar'

 


En muchas de las entradas que se refieren a cuestiones que llamo filosóficas o de las ideas siempre se suscita una lógica discusión en los comentarios aportando cada uno su punto de vista lo cual es sumamente enriquecedor... que si no todos los youtubers son idiotas o mala gente, que si es mejor tener todo tipo de experiencias y no solo serían deseables las más lisonjeras de esa tierra de nadie, que si la ansiedad para arriba o la ansiedad para abajo, que si la mierda esa del pensamiento positivo es muy buena... por eso quiero cerrar ese pequeño círculo con una reflexión, porque de ninguna manera es mi deseo tener razón con lo que se dice en el blog -soy un bloguero no un predicador- exceptuando lo de los influencers, ah, y lo del pensamiento positivo impuesto.

Esto es probablemente todo lo que uno puede pedir a la historia y, particularmente, a la historia de las ideas: no que resuelva asuntos, sino que eleve el nivel del debate.

Queda dicho.


domingo, 6 de septiembre de 2020

Pensamiento positivo, esa mierda


 

¿Ha perdido su trabajo? Qué gran oportunidad de cambiar su trayectoria. ¿Tiene una grave enfermedad? Quizá a partir de hoy disfrute de su vida como nunca antes. ¿No le gusta su casa? Recorte de una revista el hogar soñado, mírelo a menudo y… pronto estará viviendo allí. O pida un préstamo y cómprese todo lo que desee.

Y sobre todo, no deje de sonreír, agradecer a la vida sus regalos y sentirse lleno de optimismo.

Alguien tenía que decir ¡basta! Y ha sido, Barbara Ehrenreich aguda e incisiva, protestona y escéptica, quien diga que el pensamiento positivo, la psicología positiva y hasta la economía positiva son una dictadura. Y una broma de mal gusto. Y un peligro.

En este libro desmitificador y realista, Ehrenreich pasa revista a la influencia que esta corriente de pensamiento ha tenido en la sociedad, la economía y la vida privada: la “moda positiva”.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Ansiedad

 

 La capacidad de hacer planes y de imaginar el futuro lleva consigo la capacidad de preocuparse y temer el porvenir, a veces sin límite, cada día, en cada ocasión en la que observamos lo que tenemos: sea un trabajo, una relación afectiva, unos pocos bienes, un cierto reconocimiento social... Todo lo que podemos perder nos angustia.
Hace sólo 50 o 60 años la ansiedad no existía como categoría clínica; era más bien un fenómeno entre poético y filosófico. A medida que ha crecido el bienestar social resulta evidente que se ha desmesurado la sensibilidad ante la posible pérdida de los vínculos con la sociedad.

domingo, 30 de agosto de 2020

Egoísmo

 

 Actualmente el término egoísmo es despectivo, peyorativo. El egoísta es malo porque piensa primero en sí mismo y después -si es que lo hace- en los demás. La moral tradicional y la mayoría de las religiones estiman que hay mayor bondad en poner por delante los intereses de los demás, cuidando unos de los otros.
No obstante, ¿es el egoísmo malo? Mirémoslo un poco más de cerca, por si acaso no sea tal. Ayn Rand, filósofa que pasó a la fama principalmente por dos de sus novelas El Manantial (1943) y La rebelión de Atlas (1957), y su filosofía en ellas explicada (el objetivismo), hizo del egoísmo el centro de la vida virtuosa. Contra viento y marea, el objetivismo estima que solo el egoísmo es verdaderamente moral, natural y capaz de brindar al ser humano la felicidad en vida. Para empezar, la moral tradicional que antepone a terceros a uno mismo es digna de un esclavo: no puede ser moral el hecho de cargar a los demás con el peso y la responsabilidad de nuestra vida. Del mismo modo que es inaceptable que estos carguen en nuestras espaldas la suya. Podemos ayudar, por supuesto, pero no por obligación, sino por que así lo deseamos. Nuestra responsabilidad, nuestra tarea, debe ser cuidar y sacar lo mejor de nuestra existencia por nosotros mismos. Debemos ser responsables de nuestra vida, de nuestros errores y, por supuesto, debemos estar orgullosos de nuestros aciertos. 
Egoísmo no significa que debamos pisar al de al lado para triunfar. Significa no dar por hecho su ayuda para hacerlo. Tampoco abandonar a su suerte al otro, sino prestarnos porque queremos hacerlo, no porque es lo que dicta la norma sociocultural. 
En esencia, significa admitir que la vida es nuestro equipaje y nadie tiene por qué llevárnoslo. Que es bueno tener la autoestima alta por ser buenos amigos, buenos profesionales, buenas personas. Que no tienes derecho a solicitarle a nadie que te haga feliz, porque eres tú, exclusivamente, quien debe alcanzar esa meta. Y eso, ciertamente, no parece algo malo. Le pese a quien le pese.

domingo, 23 de agosto de 2020

La razón poética

 

María Zambrano nos enseña que la pasión sola, ahuyenta la verdad; y la razón sola no acierta a encontrarla. Pasión y razón unidas pueden conseguirlo. De esta idea nace su más valiosa contribución a la filosofía, la llamada "razón poética".

Porque sólo una visión poética puede captar la esencia inasible de lo humano, dando respuesta a las preguntas que la filosofía plantea.

sábado, 22 de agosto de 2020

P.I.B.

 


Nuestro PIB tiene en cuenta, en sus cálculos, la contaminación atmosférica, la publicidad y las ambulancias que van a recoger a los heridos de nuestras autopistas. Registra los costes de los sistemas de seguridad que instalamos para proteger nuestros hogares y negocios y las cárceles en las que encerramos a los que logran irrumpir en ellos. Conlleva la destrucción de nuestros paisajes y su sustitución por urbanizaciones caóticas y descontroladas. Incluye la producción de armas y dotaciones que utiliza nuestra policía antidisturbios. Recoge los programas de televisión que ensalzan la violencia y la vulgaridad. En cambio, el PIB no refleja nuestra salud y la de nuestros hijos, la calidad de nuestra educación ni el grado de diversión de nuestros juegos y nuestro ocio. No mide la belleza de nuestra poesía ni la solidez de nuestras familias. No toma en consideración nuestro valor, sabiduría o cultura. Nada dice de nuestra compasión ni de la dedicación a nuestro país. En una palabra: el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida.

P.S. Para los tiquismiquis y amantes de la cruda realidad pueden buscar en Google cómo se calcula el PIB de una manerea más precisa ya que este texto se acerca más a una apreciación filosófica y literaria del asunto.

domingo, 16 de agosto de 2020

La transmigración de las almas

 




Personalmente, yo solía creer en la reencarnación, pero eso era en una vida anterior. 

Paul Geraldy.


Una frase del Timeo de Platón nos da la clave: “Los seres vivos, antes y ahora, van mudando de unos a otros y se transforman, por pérdida o adquisición, en función de su inteligencia o de su insensatez”. Platón le condujo a Pitágoras, que al parecer fue el primer filósofo griego que habló de la transmigración de las almas, junto con la idea de la inmortalidad. Al ser el alma inmortal, el filósofo de Samos llegó a la conclusión de que era preexistente al cuerpo. La idea era que las almas no se reencarnaban directamente después de la muerte, sino que pasaban por un mundo subterráneo, por llamarlo así, donde aguardaban hasta un nuevo renacer. Según aseguró Pitágoras, llegó a reconocer la voz de un amigo fallecido en el aullido de un perro que estaba siendo golpeado por un hombre. Exageraciones al margen, si pasamos de la filosofía griega al hinduismo, volvemos a encontrar citas clarificadoras sobre lo que andamos buscando: “El alma no nace ni muere. Siempre existió, existe y existirá. No nace, es eterna, siempre existente y primordial”, o, “Así como una persona se pone ropa nueva y desecha la vieja, el alma acepta nuevos cuerpos materiales, desechando los viejos e inservibles”. Claro que también hay otros autores más actuales, como el propio Goethe, que han escrito algunas frases esclarecedoras sobre el particular: “El alma del hombre es como el agua. Viene del cielo, se eleva al cielo y vuelve después a la tierra, en un eterno ciclo”.

A pesar de esta perorata soy más de la opinión de Geraldy, pero resulta una curiosa hipótesis.